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08 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La visita del vicepresidente Biden a Panamá

El vicepresidente de EE. UU., Joseph Biden, estuvo en Panamá por 48 horas. Se fue sin que se supiera a qué respondía su visita al país. ...

El vicepresidente de EE. UU., Joseph Biden, estuvo en Panamá por 48 horas. Se fue sin que se supiera a qué respondía su visita al país. Los comunicados de ambos gobiernos que explicaban la visita se contradecían. Por el lado de Washington, vino a ver el progreso en la ampliación del Canal de Panamá. En cambio, el gobierno panameño dijo que venía a firmar acuerdos con Panamá. Entre ellos el ‘Global Entry’, que le daría a los viajeros frecuentes panameños la posibilidad de no hacer las largas filas en los aeropuertos de EE. UU.

¿Qué intereses tiene EE. UU en Panamá que amerita la visita del vicepresidente de ese país? La extraña visita se combina con la creencia de Biden de que el presidente de Panamá se llama Martínez. Seguramente trasciende los tratados comerciales, los acuerdos militares vigentes, que tienen como objetivo acosar al pueblo colombiano y menos que ver con Centro América. ¿Podría ser algo que ver con la Alianza del Pacífico? ¿Quizás alguna maniobra que se relaciona con la permanente política de la Casa Blanca para desestabilizar a Venezuela? Cuando regrese a Washington le informará a su jefe inmediato, el presidente Obama.

Panamá es el único país de América latina que está negociando con el gobierno de Gran Bretaña para desarrollar relaciones con la administración colonial de las islas Malvinas. Argentina aún no ha protestado por la reciente visita de una delegación oficial de la Asamblea Nacional de Diputados a lo que los ingleses llaman las islas ‘Falkland’. La comitiva formada por cuatro diputados panameños firmó un convenio con los ingleses en las islas Malvinas, que establece relaciones ‘interparlamentarias’ entre Panamá y las islas ‘Falkland’.

En el siglo XX Argentina apoyó con vehemencia la lucha del pueblo panameño por la recuperación de su soberanía, usurpada por EE. UU. en la antigua Zona del Canal.

El vicepresidente Biden agradeció al presidente panameño Ricardo Martinelli por haber reconocido diplomáticamente a Kosovo, una provincia de Serbia, de la antigua República de Yugoslavia, desarticulada tras una sangrienta intervención de la OTAN. Kosovo no ha sido reconocido por las Naciones Unidas y sobrevive gracias a las donaciones económicas interesadas de EE. UU. y Alemania. La OTAN realizó una ‘limpieza étnica’ en Kosovo, eliminando su población de ascendencia serbia. ¿Por qué reconoció Panamá a Kosovo? La respuesta es obvia: Para servirle a algún oscuro funcionario del Departamento de Estado que puede resultar provechoso para algunos negocios.

Panamá fue más lejos y aplaudió oficialmente la intervención norteamericana en Siria, donde ha desplegado miles de mercenarios entrenados por Al-Qaeda. Más preocupante para Panamá, es la declaración de la Cancillería que pretende poner fin a las relaciones diplomáticas de nuestro país con la República árabe del Polisario en el norte de África. Polisario fue reconocido por el gobierno militar del general Omar Torrijos hace 40 años en 1973, iniciativa aplaudida por los pueblos y gobiernos árabes y por la Organización de Países No-alineados. Desde entonces el pueblo Polisario sobrevive bajo el acoso militar permanente del Reino de Marruecos que reclama ese territorio en el desierto del Sahara.

El presidente Martinelli se arrima a las peores causas internacionales. Hace el ridículo en los foros internacionales. Apoyó con entusiasmo durante una visita al Medio Oriente el holocausto israelí en Palestina. Sin que se lo pidan se pronunció a favor de las pretensiones de Japón sobre unas islas disputadas con la República Popular de China. Hace poco se lanzó contra Nicaragua después que ese país ganara un pleito contra Colombia en torno a aguas territoriales en la Corte Internacional de La Haya. Se retractó poco después pidiendo disculpas por el error que había cometido.

El ministro de Relaciones Exteriores, Núñez Fábrega, cuando visitaba Washington recientemente dijo que la construcción de un canal interoceánico en Nicaragua era un globo que reventaría a corto plazo. La nueva vía acuática centroamericana sería financiada por la República Popular de China. Mientras tanto el gobierno panameño tiene un barco de Corea del Norte retenido en el puerto de Cristóbal, en la entrada norte del Canal de Panamá, por supuesto tráfico de drogas. En las bodegas del barco le encontraron posteriormente piezas de aviones de guerra que Cuba estaba devolviendo a ese país asiático. Para crear un ambiente de espionaje internacional, la fiscalía de drogas tiene detenida la tripulación del barco sin acusaciones formales en una antigua base militar norteamericana en el Caribe.

A nivel internacional la política exterior que le puede hacer más daño a Panamá es la creciente militarización del país bajo la mirada del Comando Sur de EE.UU. Los dos países han firmado siete acuerdos militares desde 1991 que le permiten al Comando Sur operar en territorio, en aguas y en el espacio aéreo panameño. En 2008 el presidente panameño se embarcó en un crucero de guerra norteamericano en aguas panameñas cerca de la frontera con Colombia.

Con todos los antecedentes señalados, solo se puede predecir lo peor como consecuencia de la visita de Biden a Panamá. Si en este momento no se sabe a qué vino el vicepresidente de EE. UU., no cabe duda de que pronto lo sabremos. No se puede augurar algo positivo.

PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA UP E INVESTIGADOR ASOCIADO DEL CELA.