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04 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Fantaseo con el suicidio

Esta carta me llegó a mi correo electrónico por un intermediario y la copio tal como la recibí: ‘Desde hace tres meses aproximadamente h...

Esta carta me llegó a mi correo electrónico por un intermediario y la copio tal como la recibí: ‘Desde hace tres meses aproximadamente he tenido muchas confusiones emocionales, ya no sé lo que es sentimientos y emociones, tengo problemas para asociarme con la realidad, el entorno, mi labor, la forma de pensar y expresar lo que digo, las relaciones sociales, en fin todo lo de la vida. Me siento como si fuera una demente. Al principio desde que me empezaron estos problemas no le di mucha importancia, pues pensaba que era algo temporal, que solamente era una forma de relajamiento, ya nada me preocupaba, ni siquiera ponerme linda que era lo que más me gustaba. Soy una adolescente de 16 años, este problema me está haciendo mucho daño, antes tenía metas y sueños, ahora es como si ya eso no tuviera sentido, pues solo tener la idea de que no puedo percibir la satisfacción que esto me puede proporcionar, me desanima a luchar por ello. Ya eso se me ha convertido en un problema terrible, solo me queda este año para terminar la secundaria, tengo miedo de reprobar porque sé que por mis condiciones no podré dar un buen rendimiento intelectual. La verdad estoy perdida hasta he pensado en el suicidio, pero sé que esa no es la solución. Esto me deprime mucho. Hoy sentí miedo y fantaseo con el suicidio. Bueno para no cansarle más en conclusión me siento desprogramada, despersonalizada, fuera de lo real, y lo peor de todo no consigo encontrarme a mí misma, no consigo ubicarme ni sentir lo que hago ni lo que pienso. Agradecería mucho una respuesta’.

Lo que impresiona de la carta, entre otras cosas, es cuando dice: ‘Fantaseo con el suicidio’. Es como jugarse la vida a la ruleta rusa. Idealiza, evoca, alucina, piensa en el suicidio. Hay un peligro inminente. Cuando un adolescente piensa y escribe de esta manera, hay que prestarle atención, aunque sea solo un pensamiento. Pueda que no suceda, pueda que tan solo sea una sensación del momento, pero el quitarse la vida ronda en su mente y es conveniente no correrse el riesgo. Fantasear con el suicidio no es nada divertido, hablarlo y escribirlo, menos. Y, esto no solo le sucede al adolescente, también al joven y al adulto. El suicidio no tiene edad, no es perteneciente a cultura alguna, no tiene nivel social, económico ni educativo. Solo vive de momentos desagradables, duros y desconsoladores. La persona se siente sola y se aisla. Nada le parece bien ni mal. El suicidio viene a representar la solución definitiva a uno o, a muchos problemas que tienen solución. El miedo se apodera de la persona. Se siente aprisionada, encerrada, y trata de escapar, de huir sin que nadie la vea. Es un miedo a la vida, a la gente, al mañana.

Hay quienes y aunque no piensen en el suicidio, el despertarse cada día, es un sufrimiento. Un desánimo. Se entiende que los problemas del día a día están allí. Solo hay que enfrentarlos y ganarles la batalla. Pero, eso de esperar que pasen las horas y que llegue la noche y no mantienes tu mente ocupada en entornos productivos, te lleva a la nada.

¿Hay alguna manera de evitar que los adolescentes se quiten la vida? En algunos casos, sí. Los datos indican que muchos suicidios van precedidos de indirectas y avisos verbales. Cuando una criatura deja entrever ideas suicidas, debe prestársele atención y buscar ayuda profesional de inmediato.

El hecho de que la depresión en un adolescente esté tan extendida recalca la necesidad de que los padres y otros adultos tomen en serio toda señal que manifieste el joven de querer atentar contra su vida. En casi todos los casos de suicidio que he analizado, se habían pasado por alto los indicios de lo que el adolescente planeaba hacer, o no se les había dado la debida importancia. La familia y los amigos no captan la gravedad de los cambios que observan. A veces la atención se centra en los trastornos de conducta como la ira, la confusión y la irritabilidad, pero no en la depresión. El mal subyacente sigue atormentando y torturando al joven. Por tanto, que quede claro que toda sospecha de tendencia suicida debe tomarse en serio, aunque a las finales solo sea un llamado de atención de parte del afectado.

A veces, la conducta rebelde es señal de una depresión de fondo. Debe tenerse en cuenta que no basta la presencia de un solo síntoma para calificarla. Normalmente, lo que conduce al diagnóstico es un cúmulo de síntomas manifestados a lo largo de un período de tiempo.

Muchos jóvenes afrontan pérdidas sin quedar totalmente desconsolados como para llegar a quitarse la vida. Están tristes, lloran, se afligen, se lamentan, pero con el tiempo se adaptan y encaran las dificultades de la vida con fortaleza mientras otros sucumben en franca agonía. Lo que sí es cierto es que algunos adolescentes tal vez sean más vulnerables que otros. Por tanto, si usted observa en su hijo cualquier indicativo de atentar contra su vida, pida ayuda inmediatamente.

La vida no hay que llorarla, hay que vivirla. La vida no espera, la vida tan solo, sucede. La vida no está en el mañana, está aquí y ahora. Está en tu respiración, en el latir de tu corazón. No la desperdicies. ¡Aprovéchala!

ESPECIALISTA DE LA CONDUCTA HUMANA.