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28 de Mar de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

De la felicidad de Mujica a la igualdad de Francisco

Estos dos personajes, el papa Francisco y el presidente José Mujica, ambos del cono sur, lanzan a la opinión mundial severos razonamient...

Estos dos personajes, el papa Francisco y el presidente José Mujica, ambos del cono sur, lanzan a la opinión mundial severos razonamientos sobre el sistema capitalista mundial y su aguda expresión Neoliberal y la desigualdad en la distribución de las riquezas, estas expresiones que en la décadas de la guerra fría se saldarían con torturas y desapariciones, hoy provenientes de dos longevos de la Iglesia y de Uruguay, no solo nos ponen a meditar, sino a reforzar la dinámica dialéctica del pensamiento nuevo en otros escenarios y frente a nuevas perspectivas del mundo.

Hoy, cuando los 300 multimillonarios más ricos del planeta elevaron su riqueza en 524 mil millones de dólares, cuando el valor neto de sus fortunas sumó 3.7 billones de dólares, existen 1,400 millones que viven con menos de un dólar por día y 2,800 millones, cerca de la mitad de la población mundial, que vive con menos de dos dólares por día.

Hay 201.5 millones de desempleados en el mundo. Esta marcada desigualdad en la distribución de las riquezas insta a que el papa Francisco les pida a los multimillonarios, reunidos en Davos, que garanticen que la riqueza sirva a la humanidad y no que la gobierne, insiste en que debe haber decisiones, mecanismos y procesos que garanticen una mejor distribución de la riqueza, la creación de fuentes de empleo y la promoción integral del pobre.

Si este razonamiento sale de la cabeza de la fe católica, que sin ser marxista, entiende que el sistema lleva al desafuero a la humanidad, miremos ahora al marxista José Mujica, que sin ambages afirma que el hombre no gobierna hoy a las fuerzas que ha desatado èl mismo a través del neoliberalismo. No podemos seguir viviendo para trabajar y trabajar, todo por consumir más, ya que las cosas duran poco, porque hay que vender mucho; por lo tanto, trabajamos ahora más que antes, porque hay que pagar las cuotas del carro, de la casa, del estudio, del otro hogar y al final, sin darnos cuenta, se nos fue la vida.

¿Será este el objetivo de la vida?, seguro que no, hemos venido a esta vida para ser felices, este es el tesoro más importante que tenemos.

Llegó la hora de aplastar la idea de que somos más felices si nos enriquecemos como sea, tenemos que destruir el templo del dios mercado. Esta generación creó una cultura dirigida hacia la acumulación y el mercado, todo aparejado con la felicidad; es decir, mientras más rico, más feliz.

Nuestra vida se ha vuelto una vida de derroche y despilfarro, donde todo vale, la corrupción, el engaño y el dolo son simples herramientas válidas para la acumulación. Todo es negocio, todo es marketing, vivimos una época sin conducción consciente o simplemente intuitiva. Sin una organización política valedera, sin una filosofía innovadora, una época sin historia, una codicia individual que va por encima de la colectiva.

Sin embargo, esta situación implica luchar por una agenda de acuerdos mundiales que empiece a gobernar nuestra historia y superar las amenazas a la vida.

Es necesario, como lo hacen los países sureños de América, tener gobiernos humanistas que superen el individualismo y cree políticos que acudan a la ciencia y no a sus intereses inmediatos. Es necesario entender que es posible arrancar la indigencia del mundo y marchar a la estabilidad y la equidad, que todo se puede hacer hoy día desde los procesos electorales, que no solo las armas nos llevan al poder político, que los gobiernos representan el bien común, la justicia y la equidad, y que todos vinimos al mundo a ser felices.

ECONOMISTA.