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04 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Visita a Auschwitz

Hoy, 27 de enero, aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, conmemoramos el Día Internacional de Conmemoraci...

Hoy, 27 de enero, aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, conmemoramos el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, y en esta ocasión son muchas las circunstancias que nos recuerdan lo peligroso que es el olvido. Este año se cumplen 20 años del genocidio de Rwanda. Los conflictos de la República Árabe Siria, Sudán del Sur y la República Centroafricana han adquirido una peligrosa dimensión comunitaria. La intolerancia sigue viva en nuestras sociedades y en nuestra política. El mundo puede y debe poner más empeño en eliminar el veneno que dio lugar a los campos de exterminio.

En noviembre del año pasado visité Auschwitz-Birkenau. Aquel día soplaba un viento frío; el terreno era pedregoso, pero llevaba puesto un abrigo y calzado resistente. Pensé en quienes no habían tenido ninguna de esas dos cosas: los judíos y los demás prisioneros que vivieron en el campo de concentración.

Los barracones de Birkenau parecían extenderse hacia el horizonte en todas direcciones como una inmensa fábrica de muerte. El ‘Libro de los nombres’, en el que se identifica a millones de víctimas judías, ocupaba una habitación entera, y aún así solo contiene una fracción del total de víctimas, entre las que también hubo polacos, romaníes, sintis, prisioneros de guerra soviéticos, disidentes, homosexuales y personas con discapacidad, entre otros. Me conmovió en particular un vídeo sobre la vida cotidiana de los judíos europeos en la década de 1930, con escenas de almuerzos familiares y visitas a la playa, representaciones teatrales y musicales, bodas y otras ceremonias, todo ello suprimido salvajemente en una matanza sistemática sin parangón en la historia de la humanidad.

Marian Turski, judía polaca superviviente de Auschwitz y actual vicepresidenta de la Comisión Internacional de Auschwitz, caminó conmigo bajo la famosa inscripción ‘Arbeit Macht Frei’, en esta ocasión en libertad. El rabino Yisrael Meir Lau, superviviente de Buchenwald y actual gran rabino de Tel Aviv, me acompañó en la rampa en la que los trenes descargaban su mercancía humana y relató los traumáticos momentos en los que el breve gesto de un comandante de las SS marcaba la diferencia entre la vida y la muerte. Lloro por los que perdieron la vida en los campos de concentración y me conmuevo ante los que sobrevivieron con esos terribles recuerdos y aún así han demostrado la fortaleza del espíritu humano.

Me acompañaron también los estudiantes del Centro Internacional de Reunión de la Juventud de Oswiecim (Polonia), que trabajan para tender puentes entre pueblos y naciones. Marian Turski me dijo l’dor v’dor, que en hebreo significa ‘de generación en generación’, la transmisión del saber. Por ese motivo, Auschwitz-Birkenau está en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. No podemos construir el futuro sin recordar el pasado; lo que ocurrió una vez puede volver a ocurrir.

La lucha contra el odio es una de las misiones fundamentales de las Naciones Unidas. Nuestros mecanismos de derechos humanos trabajan para proteger a la gente. Nuestros tribunales especiales se esfuerzan por combatir la impunidad, administrar justicia e impedir las violaciones. El Asesor Especial sobre la Prevención del Genocidio y el Asesor Especial sobre la Responsabilidad de Proteger buscan por todo el mundo elementos precursores de crímenes atroces. La iniciativa de la Alianza de Civilizaciones tiene por objeto contrarrestar las manifestaciones de odio, desde el antisemitismo y la islamofobia hasta el ultranacionalismo y los prejuicios contra las minorías. Nuestra nueva iniciativa ‘Rights Up Front’ tiene por objeto fortalecer la pronta adopción de medidas para prevenir los abusos graves de los derechos humanos.

Durante casi un decenio, el Programa de Divulgación sobre el Holocausto y las Naciones Unidas ha venido trabajando con profesores y estudiantes de todos los continentes para promover la tolerancia y los valores universales.

A unos pasos de distancia del crematorio de Auschwitz, me detuve un momento para reflexionar. Toqué una valla de alambre de espino, ya sin electrificar, pero todavía punzante e intimidatoria. Me sentía abrumado por la enormidad de lo que había sucedido allí, y al mismo tiempo emocionado por la valentía y el sacrificio de los soldados y los dirigentes de muchas naciones que derrotaron la amenaza nazi. Tengo la esperanza de que nuestra generación, y también las siguientes, invoquen ese mismo espíritu del objetivo común para que esos horrores no vuelvan a suceder jamás, en ninguna parte y a ningún pueblo, y para construir un mundo en el que haya igualdad para todos.

SECRETARIO GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS.