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28 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Cuando se cae en lo bajo y ruin

En tiempos de política y más aun en campaña electoral, las redes sociales parecen estar programadas para hacer daño. El buen uso de este...

En tiempos de política y más aun en campaña electoral, las redes sociales parecen estar programadas para hacer daño. El buen uso de este tipo de herramienta comprende cierto grado de comunicación, colaboración, conocimientos, comportamientos, entretenimiento y aprendizaje entre dos o más individuos. Y, si esto es así, entonces las redes sociales, pueden calificarse como sinónimo de cultura. Entendiéndose como cultura: Los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales o tecnologías que usan sus asociados para comunicarse entre sí y resolver sus necesidades de todo tipo.

El que empieza atacando en las redes sociales, lo hace con la idea de manipular la conciencia o el razonamiento crítico de sus seguidores, y para impresionar a sus ciberamigos en su desesperada búsqueda de notoriedad y aprobación, para mostrar que son líderes en el ‘grupo’, tal como sucede en los ‘animales’, entre los cuales el más fuerte es quien manda en la manada. Las redes sociales la utilizan como un método para dirimir frustraciones, decepciones y odios. La pregunta que debemos plantearnos es: ¿Cómo hacer para erradicar esta ‘basura emocional’, producto de conflictos personales? Regular este tipo de actitudes no es un tema sencillo y las medidas que se sugiere adoptar pueden afectar a conceptos como: la libertad de expresión, la transparencia, la accesibilidad y el derecho al anonimato. Y, ellos lo saben y, por eso el abuso. Hay quienes por cobardía no insultarían a un desconocido en la calle, les es más fácil encubrirse en las redes sociales.

Cuando se usa este tipo de herramienta para el insulto, la difamación y la injuria, así como, para hacer acusaciones a diestro y siniestro, con palabras hirientes y destructivas, cae en lo más bajo y ruin. Esto es aterrador y un riesgo a la integridad emocional y mental del que recibe las críticas y de manera violenta, más aún si el honor de la persona agraviada está en juego y peor aún, cuando no se sabe si un desequilibrado se pueda disparar haciendo daño a la integridad física del perjudicado. Y, si hay riesgos, pensemos que la culpa no es de las redes sociales, sino del que las utiliza para ensuciarlas y hacer que otros usuarios se sientan incómodos.

Según las estadísticas, los comentarios violentos, bochinches, intimidaciones y mentiras que allí se esgrimen, no suponen ni el uno por ciento de los millones de usuarios en las redes sociales. No obstante, ese uno por ciento hace daño.

El que ofende a otro es porque se siente débil por dentro. Una persona que se valora y se quiere, no anda por la vida enfadado, ni recriminando, ni odiando, ni maldiciendo, ni poniendo apodos, ni siendo cizañero. Y, el que se enoja y ofende tiene como características tres elementos: 1.— Un marcado complejo de inferioridad, con una capacidad medianamente intelectual y se defiende pretendiendo causar simpatía entre sus seguidores con defectos similares del que ofende. 2.— Cae en la torpeza, debido a su arrogancia y falta de agudeza en sus argumentos. 3.— Son personas que se creen superiores, al sacarle defectos a los demás, se divierten con eso y tienen una necesidad de atención muy grande.

Es muy difícil que la persona enojada y que ofende abiertamente, despierte simpatía, identificación, o confianza. Solo que sea tan ofensivo e iracundo como esa persona. Y, una persona enojada y ofensiva despierta tres reacciones emocionales: exasperación, resentimiento o miedo. Aun cuando tenga razones válidas para estar enojado, no tiene por qué ser ofensivo. Muchos creen que con esa actitud, van a despertar ecos favorables en el público. Pero no. Estas reacciones lo que despiertan son ecos negativos. Y levantan una barrera psicológica entre él y la gente. Porque lo que queda en el cerebro de quien lo escucha y ve o lee ‘no son sus razones’. Lo que va a quedar grabado son sus gritos, enojo y ofensas.

Lo que no entienden las personas con un perfil psicológico violento es que el ser humano percibe la verdad de forma diferente; y, no siempre habrá afinidad con las ideas que se transmiten. Estas diferencias con frecuencia, y en un país donde la cultura no es nada prodigiosa, más bien inexistente, causan la pérdida de un amigo o conflictos aterradores entre profesionales, políticos, compañeros de trabajo, y amigos en las redes sociales. No es la confusión de ideas el problema, es la intolerancia de algunos cuántos. El intolerante jamás tolera en los demás lo que él no aguanta.

Las redes sociales son una gran fuerza comunicacional que lo que sale de allí, le llega a millones de personas. Puede perjudicar como puede favorecer. Todo depende de cómo se utilice. De las palabras que se usen, en lo que se dice, cómo se dice y, ante quién o quiénes se dicen. Hay que aprender a convivir con el mundo de las palabras. Hay que cuidarlas, medirlas, reflexionarlas. Es productivo y comunica. Hay que descubrir el valor del silencio. Ese silencio que te hace pensar, sentir y actuar antes de hablar y escribir.

En estos tiempos en los que las actitudes violentas parecen llevar la delantera, lo que falta es un modelo educativo con preeminencia moral y valores humanos desde el hogar y la escuela, donde se enseñe que la vida humana es un don único y que hay que respetar y valorar.

ESPECIALISTA DE LA CONDUCTA HUMANA.