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25 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Legado positivo del racismo panameño

El nombramiento del panameño Richard Buery Jr. por el alcalde de Nueva York, William de Blasio, como vicealcalde —’Deputy Mayor’— de dic...

El nombramiento del panameño Richard Buery Jr. por el alcalde de Nueva York, William de Blasio, como vicealcalde —’Deputy Mayor’— de dicha ciudad es, en mi opinión, otro ejemplo de lo que perdió nuestra nación cuando optó en los años 40 y 50 por traer a su sien la odiosa ideología alemana —un sistema de racismo—, y lo integró como parte de la médula y fibra nacional. Para no ser malinterpretado, añado algunas observaciones.

1) El racismo que vino de la Europa alemana no fue únicamente en contra del africano, sino también en contra de los judíos, indígenas y los asiáticos.

2) Existe una diferencia entre ‘racismo’ y ‘discriminación racial’. La primera se refiere a un sistema en el cual las instituciones culturales, económicas, sociales y políticas de una sociedad tienen como su brújula orientadora la superioridad y hegemonía de la raza o etnia gobernante y esto, lo basan principalmente en el color de la piel, la religión o la cultura de los que desprecian. Estas instituciones funcionan en tándem para mantener el control y el poderío económico, cultural y político en sus manos —a cualquier precio.

3) El prejuicio racial, es parecido, pero no igual. No constituye un ‘sistema’, es más bien a nivel personal e individual, carece de la fuerza legal para implementar e imponer sus deseos, dependiendo de las instituciones del ‘sistema’ para obtenerlos.

4) Desde los tiempos coloniales el ‘prejuicio racial’ ha existido en Panamá. Carlos A. Mendoza, insigne jurista de ascendencia africana, según la historia patria nos cuenta, fue víctima de ello. Añado para aclarar que en Panamá el prejuicio racial no fue posesión privada del criollo nacional, esta ignominiosa enfermedad también fue parte del pensamiento de muchos panameños socialmente prominentes de piel negra. La literatura de aquel periodo está repleta de su desdén hacia su etnia de la clase baja y pobre. Entre estos, aparece la figura del general José Domingo Espinar. Muchos de ellos, a mi juicio, se autodepreciaban —¿¡me escuchas Sra. Ministra!?

¡Seamos diáfanos! La existencia del ‘prejuicio racial’ en Panamá no fue introducido por Arnulfo Arias ni los gringos, ellos sencillamente lo convirtieron en un ‘arte’ —un sistema que intentaron perfeccionar. Ag. ‘raza de inmigración prohibida’ y ‘gold and silver role’.

Nadando en aquel mar de prejuicios y racismo, la juventud de ascendencia antillana de mi generación y la anterior, no teniendo espacio social ni político, gracias a su temeridad y su espíritu indomable, más su dominio del inglés —idioma aprendido en sus casas o creciendo en la antigua Zona del Canal, para no ahogarse, se trasladaron a EE. UU., buscando escaparse de los dedos que los asfixiaba y encontrar empleo, educación y una mejor vida en EE. UU. ¿Qué contradicción? Entre los emigrados estuvieron los padres del nuevo ‘Deputy Mayor’ de Nueva York y este servidor.

Richard Buery Jr. es uno de los numerosos panameños (as) de incuestionable talento e intelecto, que han descollados en aquel país, ofreciendo sus servicios a otra sociedad —no solo en la política, sino en las ciencias, artes y humanidades.

Me sería fácil mencionar los nombres y hazañas de los muchos quienes mantuvieron en alto el nombre de Panamá mientras participaban en el desarrollo de otro país —eso lo dejaré para otro artículo de opinión específicamente sobre su participación en la lucha por los tratados Torrijos-Carter—, a quienes muchos, por razones propias, o por ignorancia tienden a ignorar o negar.

Para mí, lo triste es que en Panamá poco se conoce de la vida de los que decidieron dejar el país, e ‘hicieron patria’ desde ‘allá’ manteniendo su ‘cita con la patria’ —aquella patria que en aquel entonces no los deseaba y hoy los ‘tolera’. Tal vez fue que sintieron lo que escribió Ricardo Miro: ‘Quizás nunca supiera que te quería tanto si el hado no dispone que atravesara el mar’. Hoy, muchos son los ‘repatriados’ de ‘Brisas del Golf’.

Richard Buery Jr. es el más reciente producto directo de la emigración causada por la ideología europea que azotó a nuestro país y, a soto voce, todavía hoy nos enmaraña. ¡Que Dios lo bendiga!

ESCRITOR Y DOCENTE UNIVERSITARIO.