• 16/10/2025 00:00

Y sí, la chispa de nuestra ciencia está iluminando a todos

En el avión que me lleva de regreso a Panamá, mientras Tegucigalpa queda atrás y las nubes se mezclan con los recuerdos, lo que siento no es solamente la emoción de haber vivido un congreso, sino la certeza de haber llegado a un punto de inflexión.

Nuestro trabajo, nacido en los laboratorios del Centro de Biotecnología, Energías Verdes y Cambio Climático (BEVCC) y de la Facultad de Biociencias y Salud Pública (FBSP) de la UDELAS, fue reconocido con el Most Inspirational Paper Award en Conescapan Honduras 2025.

Este no es un premio simbólico, es la confirmación de que la ciencia panameña, la ciencia Udelista, puede medirse con lo mejor de la región. Comprendí en ese momento que lo que comenzó como un ejercicio académico tiene implicaciones mayores. Es la evidencia irrefutable que en nuestras aulas y laboratorios se está cultivando un talento capaz de trascender fronteras y marcar rumbo.

El proyecto nació como un reto que parecía demasiado grande. La idea era construir un equipo sencillo y accesible para analizar el funcionamiento de los ventiladores mecánicos; una tarea normalmente reservada a dispositivos costosos y de difícil acceso. Lo que empezó como un simple experimento terminó convertido en una herramienta precisa y confiable, validada con resultados que sorprendieron por su cercanía a los equipos de referencia profesional. Esa certeza nos llenó de orgullo, porque mostraba que con creatividad y rigor también se puede innovar desde un laboratorio universitario.

Al presentar el trabajo en el congreso me pregunté si lograría transmitir la magnitud de lo que habíamos alcanzado. La sala estaba llena de investigaciones brillantes, de estudiantes y expertos de toda Centroamérica. Allí estaba, como parte de un grupo de jóvenes panameños demostrando que el conocimiento no depende únicamente de grandes presupuestos, sino de la convicción de atreverse. A esa convicción se sumó el apoyo de instituciones como Senacyt, cuyo respaldo nos permitió soñar más alto y llevar este proyecto a un nivel que de otro modo no habría sido posible.

Tras un proceso riguroso que incluyó un prefiltro de los diez mejores artículos del congreso y la revisión independiente de un jurado internacional diverso, nuestro trabajo fue elegido como el más inspirador, una confirmación poderosa de su calidad.
Este reconocimiento tiene implicaciones profundas. No es un simple logro estudiantil, es una señal de que en Panamá se puede producir ciencia de calidad internacional. Cada prototipo que construimos en nuestros laboratorios es una semilla de independencia tecnológica, una apuesta a no depender siempre de importar soluciones, sino de desarrollar las nuestras, adaptadas a nuestra realidad y capaces de dialogar con la ciencia mundial. Por eso este premio no es un simple logro personal, es la manera en que nuestra ciencia afirma su soberanía y reclama su lugar en el concierto de las naciones.

En este vuelo de regreso lo que me acompaña es la gratitud. Gratitud hacia mis profesores, que nos guiaron con rigor y visión. Gratitud hacia mis compañeros de equipo, con quienes compartí largas horas de ensayo y error. Gratitud hacia mi universidad, que con un currículo científico sólido y laboratorios de especialidad nos forma con estándares de primer mundo. Pero esa gratitud no se confunde con complacencia, porque este premio no es un punto de llegada, sino de partida.

Al mirar por la ventana del avión y ver cómo el cielo panameño se acerca, entiendo que lo verdaderamente inspirador no es solo el prototipo ni el premio en sí, sino la claridad que deja la experiencia: la Udelas, con visión clara y sueños compartidos, demuestra que puede estar a la altura de los mejores y que nuestra ciencia, hecha en casa, tiene ya un lugar legítimo en el futuro que estamos construyendo. ¡Esto es por ti Panamá y por mi familia!.

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