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- 01/02/2021 14:36
A pesar de las constantes promesas de los gobiernos sobre la lucha anticorrupción, de acuerdo con la medición de Transparencia Internacional (TI) Panamá tuvo la peor calificación en materia de percepción de corrupción desde 2013. Se ubicó en la lista de 180 países en el escalafón 35, siendo 100 la mejor calificación. Es decir, de los 180 países del mundo que fueron evaluados por TI, Panamá se colocó en el número 111, en la cola de los países que más transparencia reflejan en el sector público. En 2019 ocupó el escaño 36, lo que implica una desmejora de un escalón hacia la línea menos transparente.
Este jueves, la organización efectuó una presentación virtual en la que participó Sergio García, del Centro de Estudios Internacionales de Estudios Políticos, quien explicó la dimensión sobre lo que implica la percepción de la corrupción en una sociedad, entendiendo el concepto como la idea de algo que se percibe en el entorno. Es decir, si en un país, la mayoría de la gente se comporta en un sistema paralelo de coimas, de 'juega vivo', sin ser sancionados por la autoridad, una persona puede sentir más facilidad para hacerlo porque entiende que se trata de un comportamiento de la mayoría.
“En los últimos seis años, Panamá ha descendido 39 posiciones”, señaló Carlos Barsallo, presidente del capítulo panameño de la organización TI. Está entre los 10 países del mundo que han desmejorado 10 posiciones más, junto con Argentina que descendió 12 renglones, y Honduras, 11.
La corrupción se asemeja a una polilla que carcome de a poco a las instituciones del Estado, a la sociedad en su conjunto y evidencia en ciertos comportamientos.
“No se trata de un gobierno de turno en especial”, aclara Barsallo, “estos son actores temporales, va mucho más allá”. Otros países han logrado sanar el problema y escalar a mejores posiciones. Maldivas lo hizo, pasó de 29 puntos en 2019 a 43 en 2020 y saltó de la posición 130, casi al final de la cola de los países transparentes, a la 75.
Los resultados son un reflejo de cómo se percibe desde afuera a Panamá después de haber realizado siete encuestas de expertos, de las 13 fuentes de datos que sirven para construir el índice de Percepción de Corrupción tabulada por Transparencia Internacional. Esta medición se centra en soborno, desviación de fondos públicos y usos de fondos públicos para ganancia personal.
Las quejas locales son múltiples, captura del Estado por elementos de impunidad, así como el control de las leyes y su contenido para que no les aplique. Entre otras cosas que fomentan la corrupción, no se observa de forma clara la manera en que el gobierno hace cumplir los mecanismos de integridad. En materia judicial, por ejemplo, en otros países se reportan sanciones; en Panamá, prescripciones.
El sistema judicial flaquea en investigaciones emblemáticas y pesquisas a funcionarios corruptos, que por lo general son investigados al final del gobierno, motivo que les sirve para alegar persecución política.
Las leyes en revelación de información financiera, prevención de conflicto de interés no son adecuadas.
El índice, no obstante, no mide la percepción directa de los ciudadanos o sus experiencias con la corrupción o servicios del Estado. Es decir, la coima del policía o el tramitador, tampoco el fraude o evasión fiscal, ni los facilitadores de corrupción, abogados, contadores, entre otros.
Tampoco se centra en la corrupción del sector privado o temas de soborno, que, a pesar de estar penalizado, es de escaso o nulo uso en la legislación panameña.
En pandemia, por ejemplo, las prácticas corruptas resultan aún más agravantes en materia de salud pública. Los científicos, como la doctora Arelene Calvo, se quejan de la falta de información y de datos abiertos proporcionados por el gobierno en compras.
A los países más corruptos les va peor en pandemia, afirmó Calvo. Añadió que “uno de los primeros actos de corrupción de un funcionario es ocupar un cargo para el cual no está preparado”. La situación actual es resultado del cúmulo de problemas en el sistema de salud que se evidencia en casos de sobrepeso, diabetes. Los países con peores índices, son los de mayor corrupción. La médica indicó que la comunicación del Estado en tiempos de pandemia se “ha convertido en una campaña de relaciones públicas, en lugar de una de salud pública en la que debe primar la participación, inclusión, nivel educativo y de comportamiento, según un diagnóstico social realizado por el equipo de la doctora durante el mes de diciembre”. En este sentido, considera que las autoridades no siguen la nueva evidencia científica para el control de la enfermedad, una clara muestra de ello es la prohibición de asistir a las playas.