Con un consumo per cápita de hasta 400 litros diarios —el más alto de la región—, Panamá enfrenta una crisis de eficiencia donde la mitad del agua procesada...
- 30/03/2009 02:00
PANAMÁ. En el piso superior del edificio de la sociedad Yang Wo, ubicado dentro de los límites del denominado “Primer Barrio Chino”, el vigilante del templo dedicado a la figura del santo guerrero Kwan Tai Kung aprovecha la escasez de devotos durante las horas de la tarde para relajarse fumándose un cigarrillo en las escaleras. Frente al altar sólo encontramos a una china de pelo rojizo y corto, quien asume una actitud recelosa al percatarse de nuestra presencia.
En un español mascullado, contesta escuetamente a nuestras preguntas, mientras va encendiendo varias varillas de incienso, las cuales deposita en diferentes sitios del templo. Después de colocar cada una, se inclina devotamente, repitiendo un rito cuyos orígenes se pierden en el tiempo. En un pedazo de papel escribe sus más apremiantes deseos y solicitudes de intervención divina, para después colgarlos en una especie de tablero de plegarias.
El culto a esta deidad asiática en pleno Casco Viejo pone de manifiesto el hecho de que, a pesar que la mayoría de los chinos que ha llegado a Panamá a lo largo de los últimos 155 años (se cree que los primeros integrantes de esta raza arribaron al Istmo entre los años de 1852 y 1854) han acogido el cristianismo católico, algunos optaron por mantener creencias originadas en el Lejano Oriente.
Lejos de Santa Ana, en una mesa de la biblioteca Fermín Chan, en el Centro Cultural Chino-Panameño, fundado en 1980 en las cercanías del Centro Comercial El Dorado, donde en los últimos años ha surgido un “Segundo Barrio Chino” en la capital, el profesor de historia Jorge Kam Ríos conversa con su amigo Jorge Federico Lee, quien, entre otros cargos públicos, se ha desempeñado como ministro de Estado y magistrado de la Corte Suprema de Justicia.
Ambos recuerdan su juventud en la ciudad de Colón, época en la que podían caminar con tranquilidad por las calles y almorzar con tan sólo 10 centavos. De acuerdo con Lee, los comerciantes chinos, entre los que se encontraban sus padres, dueños de la abarrotería “Josefina”, fueron los que introdujeron el concepto de “menudeo” en la economía local. “En aquellos tiempos, el paisano solía cortar la barra de mantequilla en cuatro pedazos, porque nadie la compraba entera. También te envolvía cuatro cigarrillos en un papel y te los vendía a real”, rememora el abogado, perteneciente a una tercera generación de chinos nacidos en el territorio nacional.
Kam Ríos, que está a cargo de un programa de la Universidad Santa María La Antigüa (USMA) que tiene como finalidad acercar a las nuevas generaciones al legado cultural de las diferente etnias que conforman la nación panameña, va un poco más lejos al asegurar que con los comerciantes chinos se inició el concepto del crédito en el país, ya que éstos apuntaban los nombres de los clientes a quienes les fiaban en pequeñas libretas.
A pesar de que no existen cifras oficiales, Kam Ríos calcula que aproximadamente un “10% de la población es china o posee ascendencia china”. Tanto el docente universitario como Fermín Chan, presidente del Centro Cultural Chino-Panameño, estiman que actualmente 150,000 personas en Panamá tienen “sangre china en sus venas”.
El impacto a nivel económico de este grupo humano es innegable. Según cifras suministradas por Esteban Cheung, director de la empresa Mercadeo Étnico, que se especializa en la elaboración de campañas publicitarias destinadas a este sector demográfico, hoy en día existen entre 13,500 y 15 mil comercios “cuyos propietarios son chinos”. Esto incluye negocios como minisupermercados, abarroterías, quioscos, lavanderías, fondas, electrónicas, ferreterías, sederías, panaderías, videoclubes, internet-cafés, tiendas de regalos, etc.
De acuerdo con Cheung, quien también participa en el programa “China TV”, transmitido por FETV , existen muchas diferencias entre este grupo étnico y los panameños en general, las cuales han derivado en un sinnúmero de estereotipos. Según este jovial y espigado empresario, se tiene la percepción de que los chinos son poco expresivos emocionalmente, reservados, laboriosos, desconfiados y no muy dados a los cambios. “Aunque tradicionalmente tenemos la tendencia a ser etnocéntricos, hemos demostrado que somos capaces de adaptarnos rápidamente”, expresa.
Por su parte, gran parte de la comunidad china suele categorizar al panameño como un “juega vivo, impuntual, perezoso, irresponsable, fiestero, confianzudo, un ser que vive sólo en el presente”. “Cuando compramos algo, lo intentamos cancelar lo más pronto posible, mientras que al panameño le resulta fabuloso si puede pagarlo en 10 ó 15 años”, subraya.
A pesar de las idiosincrasias propias de cada cultura, Cheung, quien también es miembro de la Asociación de Profesionales Chino-Panameña, cree que la comunidad a la que pertenece comparte plenamente sus costumbres con el resto de la sociedad nacional, especialmente durante festividades como el “Año nuevo chino” y el “Día de la etnia china”, que desde hace cinco años se celebra el 30 de marzo.
Para el sociólogo Marcos Gandásegui, a pesar de formar parte de una cultura reservada por naturaleza, los chinos se “han integrado satisfactoriamente a la sociedad” istmeña. “Una muestra de ello es que participan en la vida política. Algunos son candidatos a diputados y representantes”, añade.
A través de los años, varios miembros de esta etnia han ocupado altos cargos dentro de la administración pública, como es el caso de Zia Elena Lee, ex ministra de Vivienda; José Chen, ex contralor de la República, y Gloria Young, ex legisladora, entre otros.
Asimismo, se han destacado en otros campos, como el de la música, con figuras como Brenda Lao, David Choy y Tony Chen; la literatura, con autores como Carlos Francisco Chang Marín y Lucy Chau, y el deporte, con los atletas Bruce Chen e Idelfonso Lee, etc.
Para el comerciante Cristóbal Siu, cuya familia arribó al país durante la década de los 50, las generaciones que precedieron a la actual, que constituye la séptima desde que se dio inicio a la presencia china en suelo panameño, sentaron las bases de este proceso de integración. “Nuestros antepasados saltaron del barco hacia una realidad que desconocían. Básicamente, la primera generación se sacrificó, buscando comida y techo. Cuando vino la segunda, ya podían aspirar a convertirse en profesionales. ¿Tú crees que un doctor de ésos va a la tienda de vuelta? Ya su familia pasó por el sacrificio de tener que trabajar 24 horas seguidas”, revela.
Siu, quien por más de 30 años ha administrado un almacén en el “Primer Barrio Chino”, subraya que el principal reto de las generaciones actuales, a quienes se les puede observar por las tardes caminando en grupos bulliciosos por los alrededores de "El Dorado", algunos atraídos por los restaurantes del “food court”, otros por las mesas de billar y las máquinas tragamonedas, consiste en no olvidar de dónde provienen. Aspira a que los jóvenes de hoy no desdeñen las “valiosas enseñanzas” extraídas de una civilización milenaria.