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Cuando trabajar no alcanza: panameñas atrapadas en la informalidad y el desempleo
- 01/05/2026 00:00
En las calles de la ciudad, bajo el sol inclemente o la lluvia repentina, Yuliana Prado se abre paso cada día con la esperanza de vender lo suficiente para llevar comida a su hogar. “Hay veces que salgo desde las seis de la mañana y regreso con apenas $5”, relata con voz firme, aunque cargada de cansancio. Madre y esposa, pero sobre todo trabajadora, su historia refleja la de miles de mujeres panameñas que sostienen a sus familias desde la informalidad, sin seguridad social, sin estabilidad y con un futuro incierto.
La informalidad y el desempleo en Panamá tienen rostro de mujer. Según cifras oficiales, más de 341 mil mujeres dependen de trabajos informales, y cerca de 209 mil están desempleadas. Además, de que las mujeres representaron el 66.9%, con mayor peso en responsabilidades familiares.
En total, casi una de cada dos mujeres ocupadas carece de protección legal o seguridad social. Este panorama, que se agudiza en sectores como el comercio minorista, el servicio doméstico y la buhonería, se convierte en una radiografía de precariedad que golpea con más fuerza a las madres solteras y a las jóvenes que buscan su primer empleo.
Nelva Reyes, dirigente sindical, advierte que las condiciones de las mujeres en la informalidad son “muy precarias”. “No tienen horario, no tienen salario fijo, no tienen seguro social ni vacaciones”, denuncia. Para ella, la ausencia de políticas públicas claras ha perpetuado esta situación durante varias administraciones.
Reyes subraya que la informalidad no solo limita el acceso a derechos básicos, sino que también impide la organización sindical. “Una mujer que trabaja en la calle no puede organizarse, porque su tiempo está marcado por la incertidumbre. Sin sindicatos, cada una lucha sola por sus necesidades”, explica. La dirigente recuerda que incluso en empresas formalmente constituidas se evade el pago de la seguridad social, dejando a las trabajadoras sin protección.
Además, señala la falta de infraestructura de cuidados como un obstáculo adicional. “En centros comerciales como Albrook, con cientos de locales, no existe un solo centro infantil para las trabajadoras. Antes había guarderías en instituciones públicas, pero muchas han cerrado. Eso es un retroceso que golpea directamente a las mujeres”, afirma.
Luis Eduardo Valle, abogado especialista en derecho laboral, aporta una visión técnica sobre las barreras que enfrentan las mujeres en el mercado laboral. Explica que la tasa de desempleo supera el 10% y la informalidad alcanza el 47%, con las mujeres concentrando la mayor parte de esas cifras.
Valle identifica factores culturales y legales que perpetúan la desigualdad. “El simple hecho de que una mujer pueda quedar embarazada genera una brecha de contratación. Muchos empleadores prefieren contratar hombres para evitar asumir licencias de maternidad o fueros laborales”, señala.
El abogado advierte que esta discriminación se traduce en una brecha salarial cercana al 20% y en una menor reinserción laboral después de la maternidad. Propone medidas como igualar las licencias de paternidad y maternidad para equilibrar responsabilidades familiares y reducir los incentivos perversos que marginan a las mujeres.
También destaca la necesidad de guarderías estatales gratuitas y accesibles, así como de mecanismos tecnológicos que faciliten la formalización del trabajo doméstico. “Si logramos paridad en ingresos y empleabilidad, el PIB del país aumentaría significativamente. El talento femenino está, pero falta voluntad para integrarlo plenamente”, concluye.
La economista Yariela Zeballos aporta datos contundentes: la tasa de informalidad femenina se sitúa en 46.6%, lo que equivale a casi 391 mil mujeres en condiciones informales. Para ella, este fenómeno no es solo un problema estadístico, sino un obstáculo estructural para el desarrollo humano y económico de Panamá.
“La informalidad femenina provoca una fuga de cerebros interna, al subutilizar a una población altamente educada en actividades de bajo valor agregado”, explica. Según Zeballos, la falta de integración de las mujeres en sectores estratégicos como tecnología, logística y STEM limita la competitividad del país y compromete la sostenibilidad del sistema de seguridad social.
La economista insiste en que la formalización del empleo femenino debe ser vista como un motor indispensable para el crecimiento económico sostenible. Propone políticas de infraestructura productiva, un Sistema Nacional de Cuidados, incentivos fiscales en sectores no tradicionales y programas de reconversión laboral digital.
“Los hogares con ingresos femeninos estables actúan como un seguro contra la pobreza. Incluir a las mujeres en la economía formal es una inversión estratégica para la resiliencia nacional”, afirma Zeballos.
Mientras los expertos analizan cifras y proponen reformas, Yuliana vive la realidad en carne propia. Cada día sale a la calle con la esperanza de vender lo suficiente para cubrir la luz, el agua y la comida de sus hijas. “No es fácil vivir con $5 al día. Pero somos mujeres trabajadoras, valientes, con deseo de salir adelante”, dice con determinación.
Su testimonio revela las consecuencias sociales de la informalidad: jóvenes que abandonan la escuela por falta de recursos, madres que dejan a sus hijos solos en casa, familias que se ven empujadas hacia la pobreza y la violencia. “Si yo no tengo para darle a mi hijo, él me ve preocupada y puede salir a delinquir. Eso es lo que ninguna madre quiere”, advierte.
Yuliana sueña con estudiar y terminar la universidad, pero por ahora prioriza la educación de sus hijas. “Quiero que ellas salgan adelante. Si la formalización llegara, todo cambiaría. Una madre bien preparada levanta a su familia y al país”, asegura.
El problema de la informalidad femenina no es exclusivo de Panamá. Experiencias en países como Uruguay, Chile y Costa Rica muestran que la clave está en transformar el cuidado en una responsabilidad compartida mediante sistemas nacionales integrados. La economista Zeballos recuerda que la atracción de inversión extranjera también puede actuar como catalizador de la formalidad, al importar estándares globales de diversidad e inclusión.
Sin embargo, en Panamá las políticas siguen siendo insuficientes. La dirigente sindical Reyes denuncia retrocesos en el Ministerio de la Mujer y advierte sobre intentos de modificar el Código de Trabajo en detrimento de las conquistas laborales. Mientras que el abogado especialista en derecho laboral Valle coincide en que las leyes actuales tienen vacíos y que la discusión política se centra en temas secundarios, mientras se ignoran reformas urgentes para garantizar igualdad de oportunidades.
Los datos de Valle y Zeballos, junto con las denuncias de Reyes, dibujan un panorama complejo donde la precariedad laboral femenina se convierte en un problema social, económico y político de primer orden.
“El mayor reto de las mujeres trabajadoras en Panamá es que haya justicia social”, resume Nelva Reyes. Esa justicia implica empleo digno, igualdad salarial, seguridad social y políticas de cuidado que permitan a las mujeres participar plenamente en la vida económica y social del país.
Mientras tanto, Yohana seguirá caminando las calles con la esperanza de que su esfuerzo no sea invisible y que algún día la formalidad toque a su puerta.