Damnificados de San Felipe: sobrevivieron al fuego y ahora esperan no ser olvidados

  • 29/06/2026 20:46
Las familias afectadas por el incendio de la barraca 346 permanecen en el gimnasio ‘Beto’ Remón mientras esperan una reubicación. Entre el temor de quedarse sin respuestas y la esperanza de volver a empezar, relatan cómo escaparon de las llamas con apenas lo puesto

Después de perderlo todo en el incendio que consumió la Barraca 346 en San Felipe, las 22 familias afectadas se aferran a lo único que el fuego no pudo llevarse: la esperanza. Mientras los niños juegan fútbol, sus madres clasifican las bolsas de ropa que llegan como donaciones en el gimnasio José Alberto ‘Beto’ Remón.

Sin zapatos, sentados en sillas plásticas o recostados sobre los colchones que hoy sustituyen sus apartamentos, los damnificados conversan entre sí, horas después de recibir atención médica por parte del Ministerio de Salud (Minsa) y la Caja de Seguro Social (CSS).

En una esquina del gimnasio, Damaris Asprilla conversa con quienes hasta hace unos días eran sus vecinas en la barraca. Después de 12 años viviendo en el inmueble, volvió a quedarse sin nada en cuestión de minutos durante la madrugada del pasado domingo.

La tragedia, sin embargo, no era nueva para ella. “Yo llegué a la barraca saliendo de otro fuego. En 2014, bajé de donde vivía mientras la candela me estaba correteando. Eso nunca se me va a quitar de la cabeza”, contó a La Estrella de Panamá.

Los damnificados permanecen por el momento en el gimnasio ‘Beto’ Remón, pero serán reubicados a hoteles.

Damaris recordó que despertó al sentir un calor insoportable mientras dormía. Al abrir los ojos, las llamas ya consumían el techo de su habitación. Lo único que alcanzó a hacer fue despertar a su pareja y salir corriendo del edificio antes de que el fuego avanzara aún más.

“No se lo deseo a nadie. Es difícil perder todo, quedar solo con una bata y un panty. Mire como quedé yo, esto (su ropa) me lo dieron aquí... así mismo fue cuando salí del otro edificio”, expresó, recordando ambas experiencias.

Al otro extremo del gimnasio, Gregorio Alvarado almorzaba junto a su esposa, una de las dos personas con discapacidad entre los 81 damnificados por el incendio. La pareja había vivido durante 25 años en la barraca de madera de San Felipe, al que llegaron con apoyo de la junta comunal del corregimiento.

Gregorio, de 70 años, recuerda haberse despertado alrededor de las 2:00 de la madrugada del domingo al percatarse de que las llamas descendían rápidamente por las escaleras del inmueble. Sin tiempo para reaccionar, él y su esposa emprendieron la huida mientras el fuego avanzaba detrás de ellos.

“La candela casi nos agarra”, recordó. Tras escapar del edificio, ambos caminaron hasta el parque de Plaza Catedral, desde donde observaron cómo el lugar que había sido su hogar durante un cuarto de siglo era consumido por las llamas.

Unas 81 personas fueron afectadas por el incendio, entre esas, dos sufren de discapacidades.

“Perdimos todo, pero ahora estamos bregando para ver si nos dan una vivienda digna, porque no podemos estar en la manga rota”, dijo a este medio.

Entre las pertenencias que el incendio redujo a cenizas también estaban las herramientas con las que Gregorio seguía ganándose la vida a pesar de su avanzada edad: siete taladros, dos cortadoras de madera, extensiones eléctricas y otros utensilios de trabajo que ahora deberá volver a adquirir para empezar de nuevo.

Un futuro incierto

Hasta antes del incendio, la Barraca 346 era objeto de trabajos de mejora impulsados por la Junta Comunal del corregimiento. Las reparaciones avanzaban habitación por habitación con el objetivo de mejorar la calidad de vida de sus residentes, pero las llamas terminaron por borrar meses de esfuerzo en apenas unas horas.

“Estábamos yendo cuarto por cuarto para remodelar. Es un inmueble propiedad de la junta comunal y ahora tenemos que investigar cuál fue la causa del incendio y ver qué podemos hacer para darle una nueva vivienda a las familias”, explicó Sugey Pinto, coordinadora de la Junta Comunal de San Felipe, quien se mantenía en el gimnasio brindando apoyo a los damnificados.

La Barraca 346 tras el incendio.

Según la funcionaria, será el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (Miviot) el encargado de definir la reubicación de las 22 familias afectadas. Mientras tanto, los damnificados serán trasladados temporalmente a hoteles, debido a que el gimnasio José Alberto ‘Beto’ Remón no podrá funcionar como albergue de manera prolongada por las actividades que regularmente se desarrollan en sus instalaciones.

“Ya se coordinó con el ministerio y ellos harán el trabajo con las familias, pero nosotros estamos haciendo todo lo humanamente posible para brindarles comodidad, aunque sabemos que no es lo mismo”, señaló Pinto.

La posibilidad de ser trasladados a hoteles, sin embargo, divide opiniones entre los afectados.

Mientras algunos, como Damaris Asprilla, ven la medida como un paso necesario mientras encuentran una solución definitiva, otros observan el futuro con incertidumbre y desconfianza.

“Yo pienso que se van a olvidar de nosotros. Si nos llevan a un hotel nos van a dejar abandonados, no nos van a conseguir nada bueno y después de ahí no nos van a dar más nada”, expresó Ariel Tejada.

Las 22 familias esperan una solución habitacional tras haber quedado sin hogar.

Según el residente, representantes del Ministerio de Vivienda ya se reunieron con las familias y les prometieron alternativas habitacionales, aunque él prefiere esperar resultados antes que compromisos.

“Prometen y prometen, pero nunca cumplen. Vamos a ver hasta dónde extienden la mano”, sostuvo.

No todos comparten ese escepticismo. Jessibel Cajar, otra de las damnificadas, asegura mantener la esperanza. Aunque ella no se encontraba en casa cuando comenzó el incendio, su esposo y sus hijos estuvieron entre los últimos en abandonar el edificio antes de que las llamas terminaran por derribarlo.

“Yo dejo todo en manos de Dios. Sé que él no abandona a sus hijos y vamos a salir adelante como familia”, concluyó.

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