¿Existe o no el infierno?

PANAMÁ. Infernus, Hades, Sheol son nombres que históricamente han sido utilizados para denominar al Infierno. Ese espacio oscuro y ocult...

PANAMÁ. Infernus, Hades, Sheol son nombres que históricamente han sido utilizados para denominar al Infierno. Ese espacio oscuro y oculto que quienes crecieron en la fe cristiana imaginan debajo de sus pies, justo al centro de la tierra, como un caldero que reverbera fuego y donde miles de demonios atormentan las almas de los muertos que en vida no quisieron redimirse de sus pecados y vivir conforme a los designios divinos, ha ocupado desde siempre un lugar importante en el mundo occidental.

¿DÓNDE ESTÁN LOS LUGARES?

En las audiencias del 28 de julio de 1999, el papa Juan Pablo II resignificó la existencia y naturaleza del infierno diciendo: ‘Dios es Padre infinitamente bueno y misericordioso. Por desgracia el hombre, llamado a responderle en la libertad, puede elegir rechazar definitivamente su amor y su perdón, renunciando así para siempre a la comunión gozosa con él. Precisamente esta trágica situación es lo que señala la doctrina cristiana cuando habla de condenación o infierno. No se trata de un castigo de Dios infligido desde el exterior, sino del desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida. La misma dimensión de infelicidad que conlleva esta oscura condición puede intuirse, en cierto modo, a la luz de algunas experiencias terribles, que convierten la vida, como se suele decir, en «un infierno»’.

Sin embargo en el 2008 el papa Benedicto XVI reafirmó la existencia del infierno como un lugar: ‘el infierno existe y es eterno’. Esas palabras reabrieron un debate, que para la Iglesia católica no existe: ‘si nos quedamos sólo en lugares nos perdemos. ¿Dónde están los lugares, más allá del ozono o más acá? No hay oposición entre las dos explicaciones. Son complementarias. Una es para la gente más sencilla, metafórica, otra es más teológica’. El Padre David Cosca, de la Iglesia Nuestra Divina Misericordia, afirma: ‘el tema se refiere al infierno que está viviendo cada persona en el mundo. En el evangelio dice que hay un cielo y un infierno y no podemos ir contra eso’.

Según la Enciclopedia Católica: ‘en cuanto a su ubicación, se han hecho toda clase de conjeturas; se ha sugerido que el infierno está situado en alguna isla lejana o en los dos polos de la tierra; Swinden, un inglés del siglo XVIII imaginaba que estaba en el sol; algunos se la asignaron a la Luna, otros, a Marte; otros lo colocaron en los confines del universo. La Biblia parece indicar que está dentro de la tierra, en tanto lo describe como un abismo a donde descienden los malvados. Incluso hemos leído de la tierra abriéndose y los malvados hundiéndose en el infierno ¿Es ésta una metáfora para ilustrar el estado de separación de Dios? ¿Aunque Dios es omnipresente (...), los condenados están absolutamente alejados de Él, por tanto su sufrimiento está lo más remoto posible de su morada, lejos del cielo y de su luz y, consecuentemente, escondido del oscuro abismo de la tierra?’.

Para Marcos Scott, obispo de Hosanna: ‘el infierno es totalmente real. En la escritura Jesús mismo hizo referencia de su existencia cuando cuenta la muerte del rico y de Lázaro. Al morir Lázaro va al seno de Abraham y el rico va al infierno. Desde allí mide la condición de privilegio de Lázaro y pide que su lengua toque una gota de agua para calmar el tormento del fuego. Lázaro le pide a Abraham que le permita ir a hablar con la familia del rico para advertirles, pero hay un abismo, un lugar donde Dios hace justicia, un lugar de privilegio y reposo y otro para el transgresor que pasará una condena eterna, un fuego que nunca termina. La mayoría de la gente ve este tema como ciencia ficción. Dios es tan justo que dio la opción al hombre de escoger entre el bien y el mal. Sobre este tema hay muchos pasajes bíblicos’.

TRAVESÍA POR EL INFRAMUNDO

El 6 de noviembre de 2009, Angélica Zambrano, una joven ecuatoriana de 18 años, perteneciente a la iglesia Casa de Oración del Ministerio Pentecostal Shadon Adonay, estuvo muerta clínicamente durante 23 horas. Al revivir narró su experiencia en un testimonio difundido en la web, en el que afirmó visitar el cielo y el infierno: ‘para revelar un mensaje a toda la humanidad’. Agrega que Jesucristo le dijo: ‘te voy a mostrar el infierno para que vayas y le digas a la humanidad que es real, que existe. Para que le digas a mi pueblo que se prepare porque saben que hay infierno pero no temen, piensan que es un juego. Por eso muchas almas se pierden. De repente estábamos a una gran altura y vi un hoyo muy oscuro abrirse bajo mis pies’.

Además, según su versión, Angélica vio a Selena, quien le suplicó: ‘ve y diles que no escuchen y canten mis canciones porque cada vez que lo hacen me atormentan aún más’. Y continúa su relato diciendo: ‘De pronto vi a un hombre que estaba siendo atormentado en aquellas llamas y el señor me mostró su rostro y era el papa Juan Pablo II y yo dije ¡señor! ¿por qué él está aquí si predicaba a multitud de gente?’. Así como Dante Alighieri en su travesía por el infierno, guiada por el poeta Virgilio y narrada en su obra literaria La Divina Comedia, Angélica Zambrano descubre en su propia travesía lo que pasa si no se cumple con las leyes de Dios.

En el Diccionario Filosófico Voltaire explica esta necesidad de regulación que ha acompañado a la humanidad desde sus inicios, abriendo un espectro que ubica a unos y otros entre los posibles condenados, de acuerdo al credo predicado, de esta forma: ‘tan pronto como los hombres vivieron en sociedad debieron apercibirse de que muchos culpables burlaban la severidad de las leyes: castigaron los crímenes públicos y necesitaron establecer un freno que impidiera perpetuar crímenes secretos (...). Los persas, caldeos, egipcios y griegos imaginaron que debía haber castigos después de la vida, y de los pueblos antiguos que conocemos sólo los hebreos admitieron que hubiera castigos temporales’.

Desde la antigua mitología escandinava en donde Hel, la diosa del bajo mundo, recibía a los muertos, hasta la primitiva metafísica relatada en El Libro de los muertos de los egipcios, donde el alma quedaba enterrada en el Inferum. Desde el judaísmo, que describe el Sheol como una existencia sombría, hasta el vasto mundo subterráneo de Plutón y su esposa Proserpina en la mitología griega, pasando por la descripción islámica del infierno, relatada en la noche 493 de Las mil y una noches, hasta los textos bíblicos del Nuevo Testamento donde Jesús dice: ‘no os conozco. ¿De dónde sois, obreros de iniquidades? Lloraréis y rechinaréis los dientes cuando veáis dentro de la casa a Abrahám, Isaac, Jacob y a todos los profetas y vosotros seáis expulsados de ella’, hasta las metáforas papales de ese espacio cuya ubicación es desconocida por la mayoría de los humanos, el inframundo continúa siendo una incógnita.

En palabras de Voltaire: ‘Lo cierto es que unos se reían del infierno y a otros les hacía temblar; unos tildaban de fábulas ridículas y otros ofrecían continuamente ofrendas a los dioses. Ocurría entonces lo mismo que ahora’.

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