Los integrantes del Grupo USAR Panamá relatan a ‘La Decana’ sobre las jornadas de búsqueda junto a sus canes en la zona cero del terremoto, las historias...
- 08/09/2009 02:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️BOCAS DEL TORO. Lin Gillingham es inglesa. Su marido, David, neozelandés. Han viajado por todo el mundo. Al llegar a Bocas del Toro en 1998, decidieron que era el lugar apropiado donde construir su hogar.
Compraron 9 hectáreas en la Isla Colón, segregadas de las fincas madre 1880 y 733, debidamente inscritas y tituladas. Hicieron una casa amplia en una colina y alrededor un jardín botánico. Tienen 40 variedades de heliconia, más de 30 clases de jengibre, bamboas y palmas y árboles en flor. Atrae tanto a hombres de ciencia como a veraneantes.
Sin embargo, ni científicos ni turistas formaban parte del grupo de 18 personas que llegaron en una flotilla de taxis el 8 de enero de este año. Al frente Danis Castillo, suplente del juez de Circuito, Manuel García. Lo secundaba su secretario y guardaespaldas. Más atrás, oficiales y agrimensores, y por supuesto, abogados. Su misión, la culminación de un hostigamiento legal que había comenzado en septiembre del 2008. Llegaron para ejecutar un "deslinde y amojonamiento no contencioso" ordenado por el juez García a petición de Compañía Faustina, S.A.
Los Gillingham pidieron ver una orden escrita. García no había emitido ninguna, pero Castillo escribió una a mano y la banda entró. Querían ubicar una finca propiedad de Faustina, y buscaron un punto para medir. ¿Dónde? preguntaba Lin Gillingham. Nadie sabía. Entonces, dijo ella con firmeza, deberían buscar afuera. El grupo se retiró.
Javier Valdez, maestro de obras, estaba presente cuando el grupo salió. "Caminaron de aquí a allá," dijo el señor Valdez a La Estrella, "buscando un punto de apoyo. 'Será este, será aquello.' Realmente estaban confundidos. Nadie sabía dónde estaba la propiedad."
Luego, el juez García, quien declinó comentar sobre sus casos con La Estrella , ordenó un allanamiento y deslinde para una fecha en mayo.
En 1995 la compañía Faustina había adquirido una finca de 2 hectáreas en la Isla Colón segregada de la finca madre 901 y numerada 3499. No marcó ni cercó ni tomó posesión de ella, por lo cual no supo su ubicación. Sin embargo, según su abogado, socio de un augusto bufete capitalino, anotaciones en el plano indicaron que la finca 3499 se encontró fuera de los límites de su finca madre, encima del terreno de los Gillingham.
El deslinde solicitado ni los mencionó a ellos. El colindante citado por Faustina era la dueña de la finca 901. Los Gillingham ni tuvieron derecho de estar representados, a pesar de que el propósito de la acción —supuestamente "no contencioso"—, era de ubicar legalmente la finca de Faustina en el terreno de ellos y así despojarlos de la tierra que compraron en buena fe, de la labor y el dinero que invirtieron en ella, y de la vida que construyeron en Panamá.
¿De dónde vino el enredo? De una perversión judicial que ocurre en las islas de Bocas. El licenciado Dimitri Troetsch la explicó para La Estrella.
"El propósito de una acción de Deslinde y Amojonamiento No Contencioso es fijar y amojonar los linderos de la finca del solicitante con las fincas de sus colindantes" aclara. "El proceso requiere que quien lo solicita se encuentre ocupando la finca que pretende deslindar.
"En el presente caso el solicitante no conoce la ubicación de su finca ni quienes son sus colindantes. No la ocupa físicamente y se encuentran otros ocupantes o poseedores del terreno, los cuales no han sido integrados al proceso a pesar de que viven allí. El propósito del solicitante no es deslindar límites, sino acreditar el dominio o propiedad de la finca y consecuentemente reivindicarla, un propósito obviamente contencioso. Esta acción de deslinde no debe ser admitida."
¿Y si Faustina tiene razón? ¿Qué puede hacer si, como dice su abogado, es dueña del terreno por un error de topografía? Explica el licenciado Troetsch.
"El solicitante debe acudir a la vía ordinaria, correspondiéndole a él la carga de probar la propiedad y ubicación de su finca y de exigir su reivindicación si está poseída por otra persona. Dichas pretensiones se encuadran dentro de la Acción Reivindicatoria, la cual es eminentemente contenciosa, y debe ser sustanciada de acuerdo a las reglas del proceso ordinario."
Tal acción, por supuesto, tiene costos y riesgos y grandes dificultades por un demandante que nunca tomó posesión del terreno que reclama. Como se trató de Bocas del Toro donde hay un juez complaciente, Faustina S.A. buscó una ruta más fácil, menos costosa y enteramente libre de riesgo: la ruta del deslinde pervertido.
Los Gillingham, por su parte, pelearon. Dados los defectos del sistema judicial, presentaron su caso a la corte de la opinión pública.
"¡Fueron a los medios!" dijo el abogado de Faustina S.A., cuando La Estrella le preguntó sobre el caso. La Estrella le recordó el dicho francés del animal tan malo que, si uno le ataca, se defiende.
Además de contar a los medios la historia de la finca que se extravió de su finca madre y que buscaron en el jardín de ellos, los Gillingham movilizaron sus muchos amigos para dar una bienvenida espectacular al juez García durante el allanamiento que había programado para mayo. El juez se asustó y canceló a último momento, programando otro para julio.
Mientras tanto, los dueños de la compañía Faustina S.A., se pusieron nerviosos con la publicidad. Al comienzo de julio pidieron una suspensión de tres meses de la acción de deslinde para ver si podían arreglar el problema a la buena.
“Nunca tuvimos la intención de desalojar a los Gillingham”, dijo uno de ellos. Lo cierto es que en Bocas se ejecutan los deslindes, y el juez García es famoso por sus desalojos.
¿Por qué hay tanta confusión en Panamá en cuanto a los títulos de tierras? ¿Por qué es tan débil y corrupto el sistema judicial? ¿Por qué carece Panamá de seguridad jurídica?
Los que manejan el país saben aprovecharse de estos defectos. ¿Puede nombrarse a Ricardo Martinelli como parte de este grupo? Sabremos pronto.