Las cifras forman parte de las proyecciones de la cartera agropecuaria del Banco Nacional de Panamá, donde existen unos 5,400 productores activos. El banco...
- 07/06/2009 02:00
PANAMÁ. El acceso seguro al agua potable es un derecho humano reconocido por el Comité de las Naciones Unidas desde el 2003. Sin embargo, en Panamá no se respeta: 200 mil personas viven como si estuvieran en el África Subsahariana, la región del mundo con menos acceso al agua.
Solo en la urbe capitalina hay 100 mil personas que abren el grifo y se desilusionan cada vez más: no sale nada.
La escasez y la falta de agua potable han cambiado la vida de muchos panameños. Es un problema que sucede en todas partes y del que, en diferentes proporciones, nadie se salva. Hacia el este y el oeste, hacia el interior del país, entre Costa Rica y Darién, y hasta en San Felipe, la falta de agua se ha convertido en un problema dramático. Los residentes de las comunidades de Paso Blanco, Las Garzas de Pacora y Tanara, ubicadas al este de la provincia de Panamá, reciben agua dos veces a la semana. No tienen acueducto ni vía fluvial. El IDAAN ha puesto solo tres carros cisternas para abastecer a estos sectores.
En Cerro Batea y Mano de Piedra, el agua llega como los murciélagos. Desde las 12:00 de la medianoche hasta las 6:00 de la mañana. Los residentes deben sacrificar horas de sueño para bañarse y poder recolectar tanques de agua para satisfacer sus necesidades diurnas. Si en estas comunidades, literalmente pasan ‘el Niágara en bicicleta’, en Belén de Las Mañanitas, viven como los gorgojos, allí el vital líquido llega “a veces sí, a veces no”, como dicen los moradores. Esperar el agua es como jugar a las adivinanzas. En otras comunidades con menos suerte como Pacora, San Juan, Felipillo, Nuevo Tocumen, la gente tenía el pasado jueves dos días de estar recibiendo solo agua de lluvia, porque la Potabilizadora de Pacora, se averió.
Por los trabajos de interconexión del proyecto de la Línea Paralela, el suministro de agua potable en varios sectores fue interrumpido por más de 13 horas. “Es inconcebible que en un país tan pequeño y con tan poca población existan tantos sectores con estos problemas”, analiza el sociólogo Raúl Leis. “Así es como se distribuye mal la riqueza. Es algo en cascada. La vida termina saliéndole más cara al más pobre. Vivimos en una sociedad que no le da prioridad a los más necesitados, sino al que puede pagar”.
La situación se ha vuelto crónica. Esta misma nota se ha escrito y vuelto a escribir centenares de veces en todos los diarios nacionales. ¿Por qué es necesario seguir contando siempre lo mismo?
Fue después de la Separación de Panamá de Colombia, que se construyeron los primeros acueductos en la ciudad de Panamá y Colón. El primero se activó el 4 de julio de 1905 en la ciudad de Panamá.
Más tarde en 1914-1920, se crearon acueductos en el interior del país como en Aguadulce, Pesé y Las Tablas. En la actualidad existen 52 potabilizadoras a nivel nacional.
Lo cierto es que pasaron treinta y siete años desde la primer planta para que existiera una red de distribución que llegara a cada casa. En 1942 se construyeron las estaciones de bombeos que inyectaban presión para que el agua llegase a lugares altos. Todo el crecimiento fluvial fue en realidad una donación que hizo Estados Unidos. Eran tiempos en que Panamá apenas emergía como Estado y la población no llegaba al millón.
Las plantas potabilizadoras de Miraflores en Panamá y Monte Esperanza en Colón quedaron bajo la administración del gobierno de los Estados Unidos. Pero en 1972 la potabilizadora de Miraflores ya no daba abasto. Eran los días de las grandes obras de infraestructura, que comenzó a desarrollar la dictadura de Torrijos. Así nació la Planta Potabilizadora Federico Guardia ubicada en Chilibre, que se inauguró en 1975.
Sin embargo, las inversiones en el campo de la distribución han sido pocas. Es por eso que el crecimiento demográfico terminó por colapsar el sistema.
En 1999, con la reversión del Canal a manos panameñas, tanto la planta de Miraflores como la de Monte Esperanza pasaron a ser administradas por la Autoridad del Canal de Panamá.
Factores como el crecimiento de la población, la falta de planificación en la construcción de las viviendas con su respectiva infraestructura de acueductos y la alta deuda que agobia a la entidad pública son determinantes en la persistencia de este problema social que cada día arrastra a más panameños.
El crecimiento urbano sin planificación es la punta de lanza para que el acceso al agua potable de miles de panameños no sea un derecho sino un lujo. La causa, dicen los especialistas, puede definirse así: el crecimiento poblacional no va de la mano con el desarrollo de la infraestructura fluvial. Es decir, hay agua para todos, pero no hay conductos que lleven el agua a todos lados. Es como tener un restaurante para 100 personas, con 20 cocineros pero solo un mozo. Hay comida para todos, pero no todos comen.
Las autoridades repiten gobierno tras gobierno que las deficiencias se dan por problemas en la red de distribución. Sin embargo, el problema no solo no se soluciona, sino que parece empeorar. La ciudad de Panamá tiene una proyección de producción de agua potable para más de dos millones de personas, que es mucho más que la población de la capital. Los encargados del tema confirman que la producción de agua potable está asegurada, por lo menos, por los próximos 25 años.
Pero el desabastecimiento de agua es un tema que cada vez se vuelve más complejo. Como advierte la Organización Consumo Ético, lleva a la especulación, debido a que se favorece el alquiler de cisternas que le cuestan al Estado panameño alrededor de 5 millones de dólares anuales.
“Para solucionar este problema es necesario que la población, de manera organizada, mediante asociaciones o juntas de vecinos, logre la ejecución de políticas de Estado en torno a mejorar el abastecimiento de agua potable en todos los sectores”.
Mientras tanto, el agua sigue sin ser una realidad para todos los panameños. Aunque estamos en el siglo XXI, en el país que más crece en Latinoamérica, aunque revirtió el Canal y continúa el boom inmobiliario, la escasez de agua se ha convertido en un nuevo tipo de tortura. La que sufren los ciudadanos, lejos de Punta Pacífica y la Cinta Costera: el karma de vivir la vida gota a gota.