El turismo de los Guna y sus obstáculos

Es Guna Yala y no San Blas, así prefieren llamar a este territorio sus pobladores, los Gunas, quienes llevan más de 200 años habitando ...

Es Guna Yala y no San Blas, así prefieren llamar a este territorio sus pobladores, los Gunas, quienes llevan más de 200 años habitando este lugar conformado por 365 islas. Un grupo indígena que habita la comarca del mismo nombre y en el que habitan 32 mil, 446 personas según el Censo de Población y Vivienda de 2010.

Esta comarca ubicada en el lado atlántico es un paraíso desconocido por muchos panameños, sin embargo son los extranjeros los que más la visitan y lo hacen vía área, acuática o por tierra en 4 x4.

La Comarca Guna Yala tiene la segunda posición en los niveles de pobreza del país con un índice del 64,6%, una situación social que contradice el nivel de desarrollo humano de Panamá y el crecimiento económico del cual mucho se habla.

Pero en esta comarca, los indígenas viven felices, a su manera y pese a la pobreza salen adelante con el negocio del turismo, aunque ellos admiten que hace falta mucho por hacer.

A diferencia de las comarcas Ngäbe-Buglé o la Emberá Wounaan, en Guna Yala se desarrolla más el turismo, sin embargo la pobreza es la barrera que obstaculiza gran parte de sus progreso.

Una tierra conocida por sus molas, playas cristalinas, arena blanca, Guna Yala cuenta su propia leyenda. Tiene su propia revolución que data de 1925, su bandera, sus costumbres, danzas y una forma de ver la vida con meditación y amor por la naturaleza.

Una naturaleza que se contraste entre el turquesa de sus playas, sus chozas y palmeras y el lujo de yates y veleros de foráneos que pagan por permanecer en las aguas Gunas.

Para ingresar a la comarca se paga $10, a veces menos, se trata de un impuesto que cobra el Congreso General Guna para el mantenimiento del lugar. ¿Pero a dónde van estos ingresos, cuál es el potencial turístico de los Gunas, por qué hay algunas restricciones, cuáles son las carencias u obstáculos de los indígenas? Los Gunas hablan que la droga, la intromisión de los políticos, el juego vivo de algunas personas y la poca ayuda del gobierno van en contra de su desarrollo como comunidad con autonomía y por ende no contribuye a potenciar el turismo como ellos quisieran.

Cuando llegas a una de las islas como la de Nalunega podrás ver una que otra bandera política colocada en la cumbre de los árboles y en las casas. Pero no dejas de percibir algunas zonas descuidadas, problemas con el agua potable, escuelas en mal estado.

Esa es una realidad en este paraíso que se contrapone al turismo que se hace en veleros, yates y que según los indígenas es la fuente de ingreso que los ayuda a ofrecer turismo.

La comarca, según datos del congreso fue visitada el año pasado por más de 12 mil personas.

Sus pobladores se han percatado del rápido crecimiento del turismo, sin embargo reconocen que tienen que mejorar en varios aspectos. Sólo en isla Gardí Sugdubbu, la más importante del corregimiento de Narganá más del 80% de sus moradores se dedican a este negocio.

Los indígenas dicen que necesitan apoyo y algunos de ellos se han unido a agrupaciones y empresas de turismo para hacer la sinergia del negocio.

El relator de las naciones Unidas para el derecho de los pueblos indígenas estuvo a finales de junio en el país y visitó varias comarcas y observó muchos aspectos frágiles y precarios en estos lugares.

El relator percibió que existen varias amenazas sobre los derechos de los pueblos indígenas que ponen en riesgo los avances logrados en años precedentes. Subrayó que una de las mayores inquietudes de los siete pueblos indígenas del país es el reconocimiento y la protección de sus territorios y bienes naturales.

Si bien, los Guna mantienen su autonomía para preservar sus áreas y su identidad la cual les da ese valor, pero el turismo aún no ha sido la salida a sus necesidades.

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