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- 02/03/2009 01:00
PANAMÁ. El camino para pasar de Retiro Matías Hernández a Instituto Nacional de Salud Mental fue un proceso complejo y difícil, en donde se tuvo que superar la discriminación y los estigmas de la sociedad.
Es decir, que se reemplazó el término de asistencia manicomial por el de humanismo y calidad de vida de niños, jóvenes y adultos que padecen problemas de salud mental.
Todo esto se logró gracias al Plan Nacional de Salud Mental, elaborado a finales de los años 70, el cual rompió la tradición de internamiento del individuo y se amplió el concepto por el de soporte familiar y social.
En otras palabras, como el modelo tradicional desvinculaba al discapacitado mental, hoy día la familia es partícipe en el proceso de recuperación de los enfermos.
Antes del siglo XX, según el libro “Desarrollo de la salud mental en Panamá: historia y actualidad”, elaborado por un grupo de especialistas en la materia y que fue coordinado por Juana Herrera, Jaime Armijo y Jadira Boyd, no existe datos sobre la atención de los enfermos mentales.
Se sabe que cuando Panamá logró separarse de Colombia y se constituyó como República, las atenciones a estas personas la daban las autoridades de la Zona del Canal y era en el Hospital Ancón, en un pabellón separado de quienes tenían lepra, pero en 1905, tras la construcción del Hospital Psiquiátrico en Corozal, los enfermos fueron trasladados.
Pero debido a que el gobierno panameño tenía que pagar un costo elevado a Estados Unidos por esta atención, en 1924 se sancionó la primera ley que ordenaba la construcción de un centro hospitalario psiquiátrico, lo cual se hizo realidad el 26 de junio de 1933, bajo responsabilidad de profesionales panameños.
El nombre que se le puso en ese entonces fue Retiro Matías Hernández, en homenaje a quien donó las 22 hectáreas que comprende este centro.
Entre 1940 y 1950 se construyen nuevas estructuras para pacientes: morgue, costura, terapia ocupacional y se cambia el nombre a Hospital Psiquiátrico Nacional.
En 1970 se eliminó el término de manicomio. Diez años después se adoptó los principios para la protección de los enfermos mentales y se eliminó el modelo manicomial por un modelo que lo humanice y lo dignifique.
En 2003 se inaugura el Centro de Atención Integral (CAI), el cual tiene capacidad para atender a 45 usuarios en el área de Breve Estancia y 10 en el área de Intervención en Crisis. La obra tuvo un costo de 700,000 dólares.
En 2004 se reorganiza el Centro de Estudios y Tratamientos en Adicciones y el 22 de abril de 2004, mediante Decreto Ejecutivo No. 128, se reorganiza y denomina el Instituto Nacional de Salud Mental, que pertenece al Ministerio de Salud.
Dayra De León, enfermera jefa de la sala del CAI, explicó que este edificio es especializado en atender a los pacientes que llegan en estado crítico y se le brinda una atención integral junto a sus familiares.
La atención, dijo, es tratarla con humanización y con los procedimientos actuales que requiere esta enfermedad.
Lo primero que se hace es ingresarlo a las estadísticas. Luego la atención del médico y de la enfermera. Tras ser ingresado se le hace un examen mental para ver si necesita quedarse o no hospitalizado.
Dependiendo de los resultados el paciente puede ir a la Unidad de Intervención en Crisis, donde estará restringido y vigilado durante 24 horas, y puede permanecer hasta 72 horas.
En muchos casos el paciente egresa, sino se le establece un programa de rehabilitación. Cuando tiene mejoría va al área de Breve Estancia, en donde se le da otro cuidado. Aquí puede permanecer 30 días en hospitalización.
En Breve Estancia, detalló la enfermera De León, se le explica al paciente sobre su enfermedad mental, los tratamientos que va a necesitar y se llama a reunión a sus familiares, para que tomen conciencia y participen en el tratamiento.
“La familia juega un papel importante y el paciente egresa de aquí con sus medicamentos y su refencia para que le den controles ambulatorios en el Complejo Hospitalario, en el Hospital Santo Tomás o en los diferentes centros de salud que tiene el país, donde exiten atenciones para los enfermos mentales”, informó De León.
En el CAI a los familiares de los pacientes les queda muy claro, que al salir de aquí el enfermo puede incorporarse a la vida familiar y hacer oficios caseros.
Por estas atenciones se cobra 10 dólares por día en el área de Breve Estancia y a las personas sin recursos se les permite que paguen con lo que tienen. Los medicamentos son gratuitos.
La población de discapacitados mentales es variable. En Breve Estancia, hasta el 27 de febrero habían siete hombres y cuatro mujeres; en la Unidad de Intervención en Crisis había seis hombres y cuatro mujeres.
También están los pacientes institucionalizados, es decir, aquellos que sus familiares los dejaron abandonados o no tienen familiares. De estos, en el Departamento de Medicina hay 19, en Geriatría, 44 y en Recuperación, 19. Esto suma una población de 82 personas, que antes pasaban de 500.
Esta población disminuyó al cambiar la filosofía de la institución, toda vez que antes, según De León, cuando era manicomio los pacientes más peligrosos y agresivos eran encarcelados, pero ahora la política es de puertas abiertas.
Al CAI no solo llegan las personas con discapacidad mental. También ha habido, destacó De León, un incremento de pacientes que consumen múltiples drogas como cocaína, alcohol y marihuana.
Otros han llegado con problemas de intento de suicidio, depresiones graves, trastornos afectivos, bipolares y esquizofrenia.
“Me llama la atención que hay pacientes con doble diagnóstico: son enfermos mentales y a la vez consumen droga”, señaló De León.
En otras palabras, el tratamiento es complicado porque además de los medicamentos tienen que rehabilitarse. “La comunidad debe entender que es una enfermedad y hay que aceptarla” , agregó De León.