Niños sin hogar tras el terremoto: dormir en una camioneta para sobrevivir

  • 12/10/2026 15:14
Unicef reporta 844 familias afectadas y 419 centros educativos con daños, mientras advierte sobre los riesgos que enfrentan miles de niños tras el terremoto.

En la parte trasera de una camioneta para el transporte de ganado, entre colchonetas y lejos de la seguridad de sus hogares, varios niños tuvieron que conciliar el sueño noches después del terremoto que sacudió Panamá el viernes 9 de octubre.

Sus padres, que perdieron sus viviendas por el sismo, improvisaron allí un refugio para protegerlos, mientras el miedo y la incertidumbre siguen presentes en las comunidades afectadas.

La escena, observada por el equipo de La Estrella de Panamá durante su recorrido por las zonas golpeadas por el movimiento telúrico, expone el rostro más vulnerable de la emergencia: el de los niños que, además de enfrentar el impacto emocional del desastre, deben adaptarse a una vida sin techo y con sus rutinas interrumpidas.

De acuerdo con cifras divulgadas por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), 844 familias resultaron afectadas en todo el país, mientras que el Ministerio de Educación (Meduca) reportó daños en 419 centros educativos.

La organización estima que miles de niños, niñas y adolescentes sufrieron las consecuencias del sismo. Advirtió que, durante las horas y los días posteriores a un desastre, esta población enfrenta mayores riesgos de lesiones, separación familiar, desplazamiento y angustia emocional, además de interrupciones en servicios esenciales como la atención médica, el acceso al agua potable, la educación y la protección.

Las afectaciones en las escuelas constituyen uno de los principales impactos identificados. Los reportes incluyen instalaciones de Chiriquí, Los Santos, Herrera, Veraguas y las comarcas indígenas, entre otras zonas.

A esto se suman los daños parciales registrados en hospitales y centros de atención, algunos de los cuales requirieron evacuaciones, espacios temporales y hospitales de campaña.

Escuela en Chupá, Macaracas que ha quedado destruida por el terremoto del pasado viernes.

Aunque el Gobierno ha desplegado ayuda para atender la emergencia, numerosas familias continúan sin un techo seguro. Para estos niños, las consecuencias del terremoto van más allá de los daños materiales: también implican perder la seguridad de su hogar y enfrentar días de incertidumbre en medio de una situación que altera su vida cotidiana.

¿Qué han hecho las autoridades?

La Secretaría de la Niñez y Adolescencia (Senniaf) y el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) trasladaron a menores de albergues afectados hacia otras provincias y activaron recorridos en Veraguas, Coclé, Herrera y Los Santos para verificar las condiciones de seguridad y atención.

De los cinco albergues inspeccionados por el Mides, tres no presentaron daños estructurales: San Vicente de Paúl, en Bocas del Toro; María Auxiliadora, en Herrera; y Beatriz Jaén de Arosemena, en Coclé. El Hogar de Niñas de Soná registró daños que requieren una inspección técnica, mientras que el de Penonomé presentó afectaciones leves en el cielo raso y el revestimiento.

Como parte de la respuesta, el Hogar María Auxiliadora recibió temporalmente a niños y niñas de Nutre Hogar, cuya sede resultó afectada por el sismo.

Además de atender los daños materiales, la respuesta al terremoto busca proteger a los niños y restablecer sus espacios de cuidado y aprendizaje.

Por su parte, Unicef desplegó personal de emergencia para realizar una primera visita de campo en Coclé, Veraguas, Herrera y Los Santos.

Su respuesta contempla cuatro áreas prioritarias: garantizar agua segura, saneamiento e higiene en comunidades, escuelas, centros de salud y albergues; reforzar la protección infantil para prevenir separaciones familiares y atender a menores desplazados; ofrecer apoyo psicosocial a niños, niñas y cuidadores; y habilitar espacios seguros donde la niñez pueda jugar, aprender y recuperar sus rutinas mientras se evalúan y rehabilitan las escuelas.

Con las evaluaciones todavía en marcha, la seguridad de los albergues, la continuidad de la atención y la recuperación de los espacios educativos se mantienen entre las necesidades de la población infantil tras el terremoto.

La pérdida de sus hogares y la interrupción de sus rutinas agravan la vulnerabilidad de los niños afectados por el terremoto.
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