Irene Orillac de Simone, presidenta de la Cámara Panameña de la Construcción (CAPAC), analiza el impacto de las tasas de interés en el acceso a la vivienda,...
- 20/11/2020 00:00
Pienso que vivimos una situación de país extraordinaria y bastante delicada en diferentes aspectos; los diálogos no están de más, siempre y cuando se tengan objetivos claros, exista un plan de ejecución, sean realistas, se incluya a todos los sectores y se comunique de forma rápida y transparente al país sobre todo el proceso.
En efecto, no es la primera vez que un gobierno convoca a diálogos. Pienso que el problema está en la falta de seguimiento, medición y aplicación de indicadores luego de concluidos los diálogos. De nada nos sirve dialogar y crear documentos bonitos, si luego no somos capaces de avanzar con las acciones necesarias y su medición. Si no damos seguimiento, no sabremos si lo que estamos haciendo está funcionando, y así nos veremos en el siguiente diálogo en otro gobierno, con los mismos problemas.
Me parece que 12 meses es más que suficiente. Si se aplica una buena metodología, y los participantes se comprometen, se deberían tener resultados inclusive antes de esa fecha.
Sería un grave error no incluir este tema. Es la oportunidad perfecta para aprovechar un espacio que debe ser diverso, para someter a análisis de los diferentes sectores este tema tan importante. Lo responsable sería incluirlo en el diálogo.
Prioridades en este y cualquier diálogo nacional: educación, salud, medio ambiente, sistema de justicia, lucha contra la corrupción e iniciativas por la transparencia; pienso que el tema reforma/constituyente también debe ser incluido.
Todo lo que sea diálogo entre el Ejecutivo, agrupaciones de la sociedad civil, partidos políticos, organizaciones con diversidad de ideologías, sociedad en general, es un bien para el país. Todo lo que sea productivo para el ser humano, bienvenido sea. El asunto es sentarnos y escucharnos sin abuso de poder o fuerza alguna. Somos lo suficientemente grandecitos e inteligentes como para llegar a acuerdos que sean de beneficio por el bien común.
Así es. Esos grandes problemas estructurales como la pobreza extrema con poca igualdad de oportunidades para todos. Una educación deficiente que además no llega a todos. Un sistema de salud con falta de recursos suficientes. La inseguridad que cada día gana terreno malsano y nos destruye. Un funcionario no preparado para sus responsabilidades con el sistema de escogencia partidista, y no por méritos. La cultura del “juega vivo” donde sobresale el más tramposo. La superficialidad de mucha gente que es fácilmente manipulada. La falta de honestidad en la clase política (hay sus excepciones) que busca aprovecharse si sube al poder. Y ese resentimiento general de la sociedad debido al descalabro institucional. La falta de confianza en los líderes y en las instituciones, y en aquellos que se la pasan jugando a ser políticos y que de política no saben nada, enredando la esencia del ser panameño. Y la experiencia de otros diálogos cuyos resultados han sido de fracasos e improductividad. Todo esto impide que un diálogo nacional sea transparente y sincero, y que un plan de país con acuerdos clave se implemente. Pero hay que intentarlo. El diálogo es la herramienta ideal para llegar a consensos. Creemos en el diálogo sincero, respetuoso y tolerante.
Todo depende del nivel de compromiso, participación y entrega total de los integrantes a este diálogo. Todo está resumido en cuatro pilares fundamentales: trabajo, voluntad, integración y ejecución. Hay que dejar por fuera el egoísmo, el antagonismo y el pesimismo. El país debe avanzar y pensar en grande. Unificar fuerzas es importante para el desarrollo pleno de Panamá. El principal objetivo es lograr que el país alcance la excelencia como un territorio de primer mundo en salud, educación, seguridad jurídica, social y alimentaria, servicios básicos y equidad.
Debe ser incluido en este diálogo y en todos los diálogos posibles. El director de la Caja de Seguro Social, el Dr. Enrique Lau, se ha referido al tema financiero de los fondos de pensiones de los asegurados de urgencia notoria.
La constituyente. Necesitamos una respuesta a esta inquietud ciudadana. Amplios sectores de la sociedad panameña claman por una refundación del Estado panameño. Por ejemplo, hay que transformar el régimen político actual por cambios sustanciales en las relaciones entre el poder legislativo y el poder ejecutivo. Lo actual es enfermizo y nos hace daño. La corrupción fácilmente se alimenta y disfruta de ese sistema y no podemos seguir con esa carga sobre nuestros hombros. Sobre el particular, quiero referirme a lo que señala el sociólogo y catedrático Enoch Adames: “El pacto en cuanto a producto de un gran diálogo será vinculante moral y éticamente, dado el contenido político de fundar un nuevo país. La constituyente es la clave para fundar una nueva República. El Pacto del Bicentenario es el medio”.