Panamá despide a Alcides Rodríguez, el hombre que contó la historia del país a través de su lente fotográfico

  • 12/06/2026 00:00

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La cámara fue su oficio, pero también su manera de mirar el mundo. A través de ella, Alcides Rodríguez no solo registró los rostros, las calles y los momentos decisivos de Panamá; también aprendió a quedarse donde otros quizá habrían dado un paso atrás. Durante más de cuatro décadas estuvo ahí: en la tensión de las protestas, en los días inciertos de la crisis política, en las redacciones que corrían contra el cierre y en esos instantes aparentemente pequeños que, bajo su lente, también podían convertirse en memoria.

Rodríguez falleció el 11 de junio de 2026. Su partida deja un profundo vacío entre quienes compartieron con él coberturas, jornadas de trabajo y amistades forjadas durante décadas de periodismo. Pero deja también una certeza: Alcides no solo fue testigo de la historia panameña; ayudó a contarla.

Nacido el 13 de abril de 1956 en la provincia de Colón, fue hijo de Santos Rodríguez y Rosenda de Rodríguez. Contrajo matrimonio con Esperanza Núñez de Rodríguez y juntos formaron una familia junto a su única hija, Esperanza, a quienes lo conocieron recuerdan como el centro de su vida.

Antes de convertirse en uno de los fotógrafos más respetados del país, se graduó como bachiller industrial con énfasis en electricidad en el Instituto Profesional y Técnico de Colón. Sin embargo, su destino terminaría encontrándose detrás de una cámara.

Estudió Fotografía Artística en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de Panamá y complementó su formación con seminarios de fotoperiodismo en Panamá y Estados Unidos. Con los años desarrolló una mirada capaz de capturar, en una sola imagen, aquello que muchas veces las palabras no alcanzaban a explicar.

Su carrera profesional comenzó a consolidarse en 1981 en Corporación La Prensa, donde trabajó como reportero gráfico y editor gráfico hasta 1993. Fueron años difíciles para Panamá. El país atravesaba una profunda crisis política y social bajo la dictadura militar, y Rodríguez estuvo allí para documentarla.

Mientras miles de panameños salían a las calles en defensa de la democracia, él permanecía en primera línea con su cámara. Muchas de las imágenes que hoy forman parte de la memoria colectiva nacional fueron tomadas en aquellos años por fotógrafos que, como él, asumieron riesgos para registrar lo que ocurría.

Posteriormente se incorporó a Editora Panamá América (Epasa), donde ejerció como jefe de fotógrafos y editor gráfico hasta su jubilación en 2018. También colaboró como fotógrafo independiente para la agencia internacional Reuters y participó en exposiciones fotográficas dentro y fuera del país.

Su trabajo recibió numerosos reconocimientos. Entre ellos destacan el IX Premio Nacional Sony en 2005, los galardones otorgados por la Universidad Católica Santa María La Antigua como Mejor Reportero Gráfico del Año en 2007 y 2008, así como un reconocimiento del entonces alcalde Juan Carlos Navarro por su aporte a la libertad de expresión.

Hace apenas unas semanas recibió otro homenaje que hoy adquiere un significado especial.

“Tuvimos el honor de otorgarle el Premio a la Excelencia, un reconocimiento que hoy cobra un significado aún más profundo”, expresó Ivette Leonardi, presidenta del Fórum de Periodistas por las Libertades de Expresión e Información.

Para Leonardi, Rodríguez dedicó su vida a dignificar el fotoperiodismo panameño y a narrar la historia del país “desde la sensibilidad, el rigor y el compromiso con la verdad”.

“Su trayectoria fue ejemplo de profesionalismo y vocación de servicio, dejando una obra que forma parte de la memoria visual de Panamá. Nos reconforta saber que el gremio pudo rendirle homenaje en vida y reconocer públicamente su invaluable aporte al periodismo nacional”, afirmó.

Pero si algo se repite en cada recuerdo de quienes trabajaron junto a él es que los premios, aunque merecidos, no alcanzan para describir quién era Alcides Rodríguez.

La periodista y docente Dorita de Reyna lo conoció durante sus años en La Prensa, cuando ambos compartieron coberturas en una época marcada por la represión política y la incertidumbre.

“Era increíble cómo iba a todas partes con nosotros, tomaba las fotos y hacía su trabajo. Era valiente”, recordó.

Para de Reyna, la grandeza de Rodríguez no estaba únicamente en su talento profesional, sino en su calidad humana.

“Era un tipo súper humilde a pesar de lo muy bueno que era y de lo muy buen fotógrafo que era. Además de un excelente profesional, era una buena persona”.

Cuando se le pidió describirlo en pocas palabras, respondió sin dudar.

“Un buen ser humano”.

Luego añadió otros rasgos que consideraba imposibles de dejar fuera.

“Era muy amoroso, muy unido con su familia, con su esposa Esperanza y con su hija Esperancita. También era muy solidario. En aquellos años tan difíciles siempre estaba dispuesto a ayudar a quien tuviera problemas. Tenía grandes valores humanos”.

Esas mismas cualidades aparecen una y otra vez en los testimonios de quienes lo conocieron.

El periodista Álvaro Sarmiento recuerda haberlo conocido en los años ochenta, cuando ambos coincidieron en La Prensa durante uno de los periodos más convulsos de la historia nacional.

“Me introdujo incluso al cuarto oscuro donde se revelaban las fotografías. Llegaba de la calle y se ponía a revelar sus imágenes. Así comenzó nuestra amistad”, contó.

Con el tiempo, esa relación se transformó también en admiración profesional.

Sarmiento considera que Panamá muchas veces ha olvidado reconocer el papel de los fotoperiodistas en la construcción de la memoria histórica del país.

“Hoy vivimos de imágenes. Muchas veces un hecho histórico es recordado más por una fotografía que por un texto”, señaló.

Y cuando habla de Alcides, insiste en que era de esos fotógrafos que entendían que algunas imágenes exigen estar en el lugar exacto donde ocurre la historia.

“Estuvo siempre en primera línea. Cuando había manifestaciones de la Cruzada Civilista, él estaba allí con su cámara, exponiéndose igual que todos”.

Entre los recuerdos que conserva de su colega destaca una fotografía exhibida actualmente en el Museo de la Democracia, donde se observa un momento de tensión entre manifestantes y fuerzas antimotines durante los años finales de la dictadura.

“Esa fotografía habla mucho de él porque para tomarla tuvo que estar precisamente en la línea de fuego”, afirmó.

Pero el fotógrafo que cubría protestas y acontecimientos históricos también encontraba belleza en los detalles cotidianos.

Cuando terminaba una asignación, aprovechaba cualquier momento libre para recorrer la ciudad con su cámara.

“Tenía una sensibilidad artística especial. Salía a fotografiar edificios, calles, paisajes. Quería dejar un banco visual para el periódico. Siempre estaba buscando la mejor imagen”, recordó Sarmiento.

Para él, el principal legado que deja Rodríguez es una lección de compromiso con el oficio.

“Lo más importante para un comunicador es estar donde ocurren los hechos, independientemente del riesgo. Y Alcides siempre estuvo allí”.

La periodista Mileika Lasso también conserva un recuerdo entrañable de quien fue su compañero en Epasa.

“Era un excelente profesional. Sus fotografías se distinguían incluso sobre el resto del equipo de fotografía”, señaló.

Sin embargo, cuando habla de él, termina recordando al hombre detrás de la cámara.

“Fuera de la redacción era un tremendo compañero. Le gustaba mucho la parranda, se reía bastante, disfrutaba mucho la vida. Era una excelente persona”.

Quizás esa combinación de talento, humildad y calidez humana explica por qué su muerte ha generado tantas muestras de afecto.

A diferencia de otros profesionales que son recordados únicamente por sus logros, Alcides Rodríguez deja una huella que trasciende las fotografías que captó durante más de cuarenta años.

Deja el recuerdo del compañero que siempre estaba dispuesto a ayudar.

Del amigo que construía vínculos duraderos.

Del padre y esposo profundamente entregado a su familia.

Del hombre que nunca permitió que los reconocimientos eclipsaran su sencillez.

Y deja, sobre todo, miles de imágenes que ayudaron a contar la historia de Panamá.

Fotografías que registraron la lucha por la democracia, las transformaciones del país y los rostros de generaciones enteras.

Hoy esas imágenes adquieren un nuevo significado. Ya no solo cuentan la historia de un país. También cuentan la historia de quien estuvo detrás de la cámara.

Porque mientras Panamá observa nuevamente algunas de sus fotografías más emblemáticas, quienes lo conocieron coinciden en una certeza: se fue un gran fotoperiodista, pero el vacío más profundo lo deja el ser humano que habitaba detrás del lente.

Ese hombre humilde, solidario y valiente que convirtió la fotografía en memoria y la memoria en legado.

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