Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
- 12/07/2015 02:00
‘Llamados a juicio Rubén Miró y otros 6 sindicados', publicaba la primera plana de La Estrella de Panamá, el día 12 de julio de 1955, seis meses y diez días después del brutal asesinato del presidente panameño José Antonio Remón Cantera.
El día anterior, 11 de julio, hoy hace 60años, el Segundo Tribunal Superior del Primer Distrito Judicial (Sala de lo Penal) había dictado auto de enjuiciamiento contra Rubén Miró, Rodolfo Saint Malo, Luis Carlos Hernández, Edgardo Tejada, Camilo González, Alfonso Hyams y Teresa Castro, imputados por el asesinato del mandatario, ocurrido el 2 de enero de ese año en el Hipódromo "Juan Franco".
Se trataba, según el documento, que no se constreñía al lenguaje legal, ‘del crimen más monstruoso que registra la historia de la República'. ‘Para consumarlo —continuaba —, se habían consultado todos los detalles, tomado todas las precauciones imaginables a fin de correr el mínimo de riesgos y obtener el máximo rendimiento de la empresa macabra'.
Pero, ‘de las sombras surgió la luz, cumpliéndose el aforismo popular de que entre el cielo y la tierra no hay nada oculto', continuaba el auto, dando la impresión de que se contaba con las pruebas ‘definitivas' para hacer justicia.
La Corte tenía ya a su disposición un expediente de cuatro volúmenes con testimonios de centenares de testigos, entre ellos el del propio asesino confeso, Rubén Miró.
Además, se había hallado el arma asesina, una ametralladora marca Schmeisser, en la casa de los padres de este.
La versión fue corroborada por uno de los testigos, una joven de buena familia que había acudido llorando a la fiscalía, acompañada de su padre, para acusar a su novio de habérsela vendido a Miró.
De acuerdo con los hallazgos de la fiscalía, en el lugar del crimen (unos matorrales ubicados frente al palco de Remón), se había encontrado ‘gran cantidad de plomos y de casquillos y balas que fueron recogidas para su examen', que coincidían con los de la ametralladora, calibre 9 mm (.38), serie no 5483 y con las encontradas en los cuerpos de todas las víctimas.
La condena de Miró y de los otros implicados parecía, a todas luces, segura.
ASÍ FUE EL MAGNICIDIO
La tarde del 2 de enero de 1955 había empezado de forma apacible para el presidente José Remón Cantera, conocido por sus amistades como ‘Chichi'.
Refrescado por la rica brisa del incipiente verano, el presidente celebraba con sus amigos, en el palco de honor del hipódromo "Juan Franco", el triunfo de su yegua "Vellay Star", en la penúltima carrera.
A sus 46 años, Remón estaba en la cima de su vida, el equivalente tropical del sueño americano: un muchacho de pocos recursos, educado por su madre, que, a través de la milicia, lograba escalar hasta las más altas cumbres del poder y el reconocimiento.
El presidente tenía una participación económica en buenos negocios, era respetado y temido por los ricos y poderosos y, además, mantenía la lealtad del cuerpo armado, al que sus enemigos calificaban como ‘el ejército privado de Remón'.
Mucho se hablaba por entonces de la posibilidad de que aspirara nuevamente a la Presidencia, o de que se quedase en el poder definitivamente, al estilo de Somoza, en Nicaragua.
Aquella tarde, conversaba en su palco tomando, como era su costumbre, champaña con hielo picado en vaso de whisky, cuando, entre las 7:30 y 8:00 pm, se escuchó un estruendo ensordecedor que echó por tierra todo lo que había sobre las mesas del palco.
En un principio se pensó que eran cohetes, pero al escucharse una segunda descarga, los presentes vieron caer el cuerpo del presidente Remón y los de Antonio Anguizola y José María Peralta, sus acompañantes.
Después de los primeros minutos de pánico, el presidente fue llevado al hospital, en su propio auto. Pero no había nada que hacer.
SORPRESA
Los días siguientes estuvieron repletos de eventos impensables y confusos para una ciudad provinciana, en la que solía pasar muy poco.
A las 3 de la madrugada del 3 de enero, tomaba posesión en la Asamblea Nacional el primer vicepresidente, José Ramón Guizado: el imprevisto nuevo presidente de la República.
A las 5 de la madrugada llegaba en vuelo especial desde Florida la viuda, Cecilia Pinel, acompañada del segundo vicepresidente, Ricardo Arias Espinosa.
Se acordó inmediatamente que el sepelio fuera ese mismo día, a las 5 de la tarde.
Al día siguiente, ya 4 de enero, se suspendían las garantías constitucionales.
Policía e investigación
La Policía Secreta y la Policía Nacional iniciaron de inmediato una orgía de detenciones, en las que cayeron más de cien ciudadanos de todos los sectores sociales del país: desde el enemigo Arnulfo Arias (preso en la cárcel de David), hasta impensables victimarios como Diógenes de la Rosa, Jorge Luis Lamela, Aristides Vernaza, Thelma King, Olga Yanis, Luis Restrepo Rosas, Roberto Anguizola, y muchos ciudadanos más.
Hasta un borrachito de Chitré, apodado Chingo, que en su ‘juma' declaró haber sido el autor del crimen de Remón, fue conducido a la cárcel e interrogado, de acuerdo con el sargento Julio Santamaría, versión citada, a su vez, en la pagina web ricordhistoriografia.webnode.es.
Entre los detenidos
Como muchos otros, el abogado Rubén Miró Guardia fue llamado a declarar el 6 de enero y puesto luego en libertad.
Pero, ‘la luz' de la cual hablaba el auto judicial, que iluminaría la ‘verdad' sobre el crimen, no llegaría hasta el 8 de enero, cuando el arquiteto Eladio Perez Venero testificó que desde hacía meses conocía la intentona de golpe de Estado que fraguaba Miró.
La declaración del arquitecto, respaldada por otras versiones más, motivó a la Policía a detener nuevamente a Miró, el 11 de enero.
Al día siguiente, el 12, en declaración indagatoria, el abogado confesó ser autor único del delito, detallando a la Policía que, faltando 25 minutos para las 8 de la noche, disparó dos ráfagas de ametralladora contra el presidente, en 30 segundos. Su intención era salvar a Panamá, que ‘indudablemente no es terreno abonado para una dictadura al estilo de Somoza', se justificó.
El día 14 volvió a rendir indagatoria. Ese día dijo que no había actuado solo y señaló al presidente José Ramón Guizado como supuesto autor intelectual y principal beneficiado del crimen. También vinculó a Rodolfo de Saint Malo (otro supuesto autor intelectual), Federico Alfonso Hyams (conductor), Teresa Castro de Suárez (encubridora y su supuesta amante), los militares de carrera José Edgardo Tejada (cadete dueño del arma homicida), Luis Carlos Hernandez (cadete colaborador) y a Camilo Humberto Gonzales (cadete, colaborador).
Detención de Guizado
A raiz de los testimonios de Miró, el día 15 de enero de 1955, a las tres de la tarde, al presidente Guizado se le comunicó orden de arresto formal (por el Mayor Carrión) y se le condujo a la Cárcel Modelo. Inmediatamente tomó posesión el segundo vicepresidente, Ricardo Arias Espinosa.
Guizado fue juzgado y condenado por la Asamblea Nacional el día 29 de marzo de 1955, en lo que algunos calificaron como una ‘monstruosidad jurídica'.
El expresidente siempre negó haber participado en el hecho, lo que fue apoyado reiteradas veces por el mismo Miró, quien durante el juicio del primero se retractó de las acusaciones y dijo que había sido coaccionado y amenazado por el coronel Bolívar Vallarino para que involucrase a Guizado.
Pese a no haber pruebas si no las iniciales acusaciones de Miró, Guizado fue hallado culpable.
Según la sentencia de la Asamblea, ‘se le comprobó autoría intelectual, en grado de cooperación especial' y se le condenó a una pena de seis años de cárcel.
En octubre de ese mismo año, le tocaría el turno a Miró y a los otros implicados, quienes fueron juzgados por un Jurado de Conciencia en la Sala de Audiencias de la Corte Suprema de Justicia, ubicada entonces en la Plaza de Francia.
Durante las audiencias, salieron a relucir versiones completamente distintas de los hechos hasta entonces conocidos.
Los tesmonios de Miró se contradecían una y otra vez, hasta ganarse el calificativo generalizado de "engañador consumado'.
Los exámenes de balística realizados por el experto Shelley Braverman determinaron que no había sido una, sino ‘dos ametralladoras las usadas en este asunto', además de la pistola automática que dio muerte a Donaldo Souza.
El juicio terminó con un fallo absolutorio para todos, el 6 de diciembre de 1957
(casi tres años después del crimen), tras lo cual se sucedieron manifestaciones de júbilo de la población, en las calles aledañas al tribunal, con gritos de ‘Viva Miró'.
Este fallo obligó a la Corte Suprema de Justicia a declarar nula la sentencia dictada contra Guizado.
Los eventos que rodearon el asesinato y juicio del caso Remón han pasado a la historia como un ejemplo de trágica y patética conspiración, planificada magistralmente por individuos cuya verdadera identidad permanece aun entre las sombras. Quien fuera, tal vez, el único dueño de la verdad, Rubén Miró, se la llevó a la tumba, asesinado él mismo de forma misteriosa en 1970...pero esa, es otra historia.
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‘Si el crimen (del presidente José Antonio Remón Cantera) ha sido abominable, mucho más abominable es lo que ha seguido: la mentira, de unas investigaciones... el engaño en los interrogatorios... el plan diabólico para culpar a inocentes'...,
ALEGATO DEL ABOGADO GUILLERMO MÁRQUEZ BRICEÑO,
DEFENSOR DE RODOLFO SAINT MALO SINDICADO EN EL CRIMEN DE REMÓN