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‘Trabajemos, luchemos por la familia’, el drama de un buhonero en Tonosí
- 12/10/2026 15:03
Los primeros rayos del sol apenas iluminaban las calles de El Valle de Tonosí cuando Patrocinio Mudarra empujó su carretilla. Era domingo. La segunda noche después del terremoto llegaba a su fin, pero para muchos vecinos el descanso todavía parecía lejano. El miedo persistía y regresar a sus viviendas no les ofrecía la tranquilidad de otros días.
En la plaza, algunos residentes intentaban recuperar las fuerzas después de pasar la noche a la intemperie. Unos durmieron dentro de sus automóviles; otros improvisaron lugares para descansar con colchones, catres y taburetes. La preocupación por las condiciones de sus viviendas mantenía a varias familias fuera de sus casas, mientras la mañana comenzaba a devolver movimiento a las calles.
La escena mostraba a una comunidad que intentaba retomar sus actividades sin dejar atrás lo ocurrido. Algunos vecinos buscaban dónde pasar las siguientes horas, otros conversaban sobre los daños y los comerciantes procuraban reanudar sus labores. El terremoto alteró la rutina, pero las necesidades de cada hogar seguían presentes.
En medio de esa incertidumbre, Mudarra avanzaba con su pequeño negocio. Su carretilla, construida artesanalmente y sostenida por dos ruedas de bicicleta, recorría la plaza como parte de una rutina que el sismo interrumpió, pero no consiguió borrar.
El vendedor empujaba la carretilla para transportar la mercancía hasta su puesto. Este vehículo representaba la herramienta con la que cada día buscaba conseguir ingresos para su hogar. Sobre la estructura llevaba dos tanques plásticos azules y los productos que ofrecía a sus clientes. Cada artículo formaba parte de un pequeño negocio que dependía del trabajo diario y de las ventas que lograra concretar.
A diferencia de quienes podían esperar a que la situación mejorara antes de retomar sus actividades, Mudarra debía atender las necesidades inmediatas de su familia. Su jornada dependía de salir a la calle, trasladar la mercancía y encontrar compradores. Aunque la emergencia alteraba el movimiento comercial, dejar de trabajar tampoco resolvía las obligaciones del hogar.
El terremoto de magnitud 7,5, con epicentro en La Pitaloza de Los Santos, sacudió la región y causó daños en edificaciones de Tonosí. En distintos puntos, las estructuras afectadas recordaban la fuerza del movimiento. La comunidad comenzaba a despertar, pero los escombros y el temor de los residentes mostraban que la recuperación no sería inmediata.
El alivio de sobrevivir y el temor que persiste
Mudarra saludaba a las personas que encontraba en el camino. Su recorrido transcurría entre vecinos que intentaban retomar sus actividades y familias que todavía buscaban condiciones para descansar. El movimiento de la carretilla contrastaba con la incertidumbre de quienes no sabían cuándo podrían regresar tranquilamente a sus viviendas.
Él también tenía motivos para preocuparse. En su casa, varios objetos de la cocina sufrieron daños durante el terremoto. Las pérdidas materiales alteraron la vida del hogar, aunque el desenlace pudo ser mucho peor: él, su esposa y sus dos hijos lograron salir a salvo.
En su hogar son cuatro personas. Después del susto, saber que todos estaban vivos representaba el principal motivo de alivio. Los objetos rotos podían reemplazarse con el tiempo, pero el temor que dejó el movimiento de tierra permanecía en la memoria de quienes lo vivieron.
—Son cosas materiales y, gracias a Dios, pude salir. Estoy bien —contó Mudarra al recordar los daños en su vivienda.
La frase resumía una mezcla de agradecimiento y preocupación. Por una parte, reconocía que su familia logró ponerse a salvo; por otra, sabía que todavía debía afrontar las consecuencias del terremoto y buscar la manera de mantener el hogar.
La tranquilidad, sin embargo, no regresó con la misma rapidez con la que comenzaba a salir el sol.
“Esa sensación no se nos ha ido”, explicó al recordar lo ocurrido durante el sismo.
El miedo también se reflejaba en la manera en que algunos residentes pasaban las noches. Dormir fuera de sus viviendas o buscar acomodo dentro de los automóviles respondía a la preocupación por la seguridad de las estructuras. El descanso se interrumpía y la incertidumbre acompañaba a las familias incluso después de que cesaron los movimientos de tierra.
Falta de servicios y preocupación por la ayuda
A esas dificultades se sumaban las necesidades básicas. Mudarra explicó que la falta de electricidad y agua impedía descansar con normalidad. También manifestó su preocupación por la escasez de alimentos y por la asistencia que, según su percepción, todavía necesitaban los residentes de la comunidad.
—No hemos podido dormir porque no hay luz, no hay agua. No nos llega comida ni ayuda al Valle de Tonosí —dijo.
Su testimonio reflejaba la preocupación de un residente que, además de afrontar daños en su hogar, observaba las dificultades de otras familias. La emergencia no se limitaba a las edificaciones afectadas: también repercutía en las condiciones en que los vecinos intentaban pasar las noches, conseguir alimentos y recuperar una rutina que les permitiera atender sus obligaciones.
Para Mudarra, la ayuda era necesaria no solo para su familia, sino también para quienes atravesaban momentos difíciles después del terremoto. Por eso pidió apoyo para la comunidad y recordó que muchas personas necesitaban condiciones adecuadas para afrontar los días posteriores al sismo.
La recuperación, desde su perspectiva, exigía atender tanto los daños materiales como las necesidades cotidianas. Tener una vivienda afectada o pasar la noche fuera de ella suponía dificultades que no terminaban con la llegada de la mañana. Había que encontrar dónde descansar, conseguir alimentos y resolver los problemas que surgían después de la emergencia.
Volver a trabajar para sostener a la familia
Aun así, Mudarra salió a trabajar.
La carretilla volvió a recorrer las calles y los productos quedaron a disposición de los posibles compradores. Su decisión no significaba que el temor hubiera desaparecido ni que las dificultades estuvieran resueltas. Era una respuesta a una necesidad inmediata: continuar buscando ingresos para sostener a su esposa y a sus dos hijos.
En un negocio ambulante, las ventas dependen del movimiento de las personas y de su capacidad para comprar. El comerciante debe trasladar los productos, permanecer atento a quienes pasan y aprovechar las oportunidades que aparecen durante la jornada. No tiene la certeza de cuánto dinero conseguirá al final del día.
Después de un terremoto, esas condiciones pueden resultar todavía más inciertas. Las familias concentran su atención en las necesidades urgentes y en los daños que deben atender. En ese escenario, los pequeños negocios también enfrentan el reto de mantener su actividad mientras la comunidad intenta recuperar el ritmo habitual.
Mudarra conoce esa realidad. Su carretilla constituye su herramienta de trabajo y el medio con el que procura responder a las necesidades de su hogar. Cada jornada le ofrece la posibilidad de conseguir ingresos, aunque no pueda anticipar cuánto venderá ni cuándo mejorarán las condiciones de la comunidad.
Por eso, volver a recorrer las calles tiene un significado que va más allá de la actividad comercial. Es una manera de mantener sus responsabilidades familiares en medio de la incertidumbre. La emergencia no suspende los gastos de la casa ni elimina la necesidad de conseguir alimentos y cubrir otras obligaciones.
Mientras empujaba su carretilla, Mudarra también pensaba en lo que vendría después. No sabía cuánto tardaría Tonosí en recuperar los servicios básicos ni cuándo el comercio local volvería a funcionar con normalidad. Tampoco podía resolver por sí solo las necesidades que describía entre los vecinos.
Lo que estaba a su alcance era continuar trabajando y confiar en que la situación mejorara.
—Con fe en Dios, que esto se vaya acomodando —expresó.
Sus palabras reflejaban la esperanza de que los días siguientes trajeran mejores condiciones para su familia y para el resto de la comunidad.
No hablaba de una recuperación inmediata ni de una solución que pudiera llegar de un momento a otro. Su expectativa era que las dificultades comenzaran a resolverse y que los residentes pudieran retomar sus actividades con mayor tranquilidad.
Después insistió en la importancia de trabajar y luchar por los suyos.