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- 24/10/2019 00:00
Hablar mal, sin ton ni son ni fundamento presentable, de las normales relaciones de amistad y cooperación entre China y otros países del mundo, parece haberse convertido en una regla rutinaria de cada viaje oficial al exterior de cualquier alto cargo del gobierno norteamericano, una de las pocas notas de previsibilidad de un gobierno muy frecuentemente caracterizado por la opinión pública internacional como, además del más poderoso del mundo, casi el más imprevisible.
Así ocurrió, puntualmente y ya para la sorpresa de nadie, con una reciente visita oficial a Panamá de quien tengo entendido es el funcionario diplomático norteamericano del más alto rango para el hemisferio occidental. En sus declaraciones a la prensa local, se puso, previsiblemente, a criticar y cuestionar o, mejor dicho, denigrar las actividades de cooperación económica, comercial y de inversión de China en el exterior, calificándolas de imperialistas —del siglo XIX, para más señas—, insidiosas y peligrosas para los países que ingenuamente se han dejado o se podrían dejar inducir a caer en la trampa de las mismas y así correr el riesgo de verse privados, en el momento menos pensado, de sus territorios o activos nacionales y ver comprometidas su seguridad e independencia económica.
Aunque, dicho sea de paso, si bien el actuar de atacante a China, en cualquier escenario posible, por parte de altos cargos del país más poderoso del mundo ya no sorprende, lo que sí a uno le ha sorprendido un poco es la total incoherencia de los argumentos usados por los protagonistas de diferentes actos de este drama anti-chino. Recordemos que no hace mucho tiempo otro alto funcionario del mismo poderoso gobierno a cargo del hemisferio occidental, en visita oficial a Panamá, declaró a la prensa panameña que el rol que jugaba China como inversora en Panamá era más bien de “mucha espuma pero poco chocolate”, o sea poco menos que insignificante. Y ahora, en contraste, ¡es de mucho cuidado!
Da la impresión de que, en su afán por denigrar o desacreditar a China y a lo mejor por falta de evidencias testimoniales contundentes, improvisan o inventan cualquier falacia o pretexto y los andan enarbolando y propagando sin la mínima decencia y seriedad. Una cátedra de “el fin justifica los medios”.
No hay cosa más absurda que asociar prácticas imperialistas —y para remate, del siglo XIX— con China. Quienquiera que se haya molestado en educarse siquiera un poco en la historia china ha de saber que el XIX —y parte del XX —fue un siglo lleno de depredadoras y ultrajantes prácticas imperialistas, de las cuales, sin embargo, lejos de victimante, China fue víctima. Y precisamente a raíz de haber sufrido en carne propia todo tipo de atropellos del imperialismo decimonónico, desde el primer día de su vida la República Popular China ha hecho del respeto a la independencia y la soberanía nacionales uno de los principios inamovibles de su política exterior y jamás se ha desviado ni un ápice de él en el manejo de sus relaciones con todos los países del mundo, sean éstos grandes o pequeños, poderosos o débiles, ricos o pobres.
El mismo principio sagrado informa, con igual persistencia y fidelidad, la Iniciativa Franja y Ruta, propuesta china encaminada a convertirse en una plataforma de cooperación entre los países en pie de igualdad y de ganancias compartidas, abierta, inclusiva, transparente y libre de corrupción, a fin de alcanzar entre todos y por medio del esfuerzo mancomunado de todos un desarrollo común, construyendo un mundo mejor conectado, tanto económica como humanamente.
El mismo principio rige en todo momento y circunstancia, como no puede ser de ningún otro modo, las relaciones chino-panameñas, al igual que las chino-latinoamericano-caribeñas en general. Es sobre la base del más estricto respeto recíproco, especialmente a la independencia y la soberanía de una y la otra parte, como China y Panamá vieron establecidas sus relaciones diplomáticas y se comprometieron a fomentarlas en pie de igualdad y de beneficio mutuo, en función de los intereses fundamentales y a largo plazo de ambos pueblos. Dichas relaciones, intachables en cuanto a la transparencia y su inocuidad a los lazos de Panamá con sus otros socios tradicionales, son perfectamente susceptibles de ir respetuosamente paralelas, cuando no complementarias, a éstos y, honestamente, no merecen tan abrumadoras y tan suspicaces elucubraciones y garrotazos.