Viven el espíritu navideño

CHIRIQUÍ. Están conscientes de que le fallaron a la sociedad y que una mala decisión los llevó al lugar en el que hoy se encuentran. Pes...

CHIRIQUÍ. Están conscientes de que le fallaron a la sociedad y que una mala decisión los llevó al lugar en el que hoy se encuentran. Pese a ello, no pierden las esperanzas de reinsertarse en la sociedad y enmendar sus errores.

Esta es la historia de muchos de los reclusos que pagan sus condenas en la Cárcel Pública de David, quienes a pesar de estar en medio de condiciones infrahumanas y un hacinamiento asfixiante, no dejan de soñar con días mejores y manifiestan sus deseos en un momento en el que el mundo cristiano se prepara para celebrar el nacimiento de Jesús.

Allí, en ese lugar, se encuentra William Del Cid, atleta de la provincia de Chiriquí.

Tiene cerca de 30 meses de estar privado de su libertad; pero se resiste a pensar que sus oportunidades se acabaron. ‘Dios es el que tiene la última palabra’, manifiesta.

Siendo atleta, recuerda haber representado a la provincia y al país a nivel nacional e internacional, respectivamente. La pasión que siente por el deporte lo motiva a seguir entrenando aún detrás de los barrotes de una celda.

En este centro penitenciario también está Juan Vega, quien admite haber cometido un error y no deja pasar la oportunidad para pedirle disculpas a todas las fanáticas que un día desde una grada, le aplaudieron por sus actuaciones como receptor en la selección provincial de Chiriquí. ‘Si a mí se me da la oportunidad, estaré con el equipo de Chiriquí’, dijo.

‘ACORDAOS DE LOS PRESOS’

Eliseo Mojica es pastor evangélico y uno de los organizadores de la fiesta de Navidad que en los últimos 20 años se ha realizado en esta cárcel.

Se siente identificado con los reclusos y comprende su situación, ya que un día también estuvo detenido en este lugar; sin embargo, sostiene que Dios le dio una nueva oportunidad, la cual aprovechó para prepararse académicamente en la Universidad Autónoma de Chiriquí, donde se graduó de sicólogo.

La felicidad de los privados de libertad fue evidente y además de los alimentos y frutas propias de la época, se les da la oportunidad de compartir con sus esposas e hijos, a quienes también se les permitió participar.

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