‘Watergate: made in Panama’

PANAMÁ. La Navidad de 2010 trajo consigo algo más que regalos y buenos propósitos para el Ejecutivo. Sin duda que amanecer el 25 de dici...

PANAMÁ. La Navidad de 2010 trajo consigo algo más que regalos y buenos propósitos para el Ejecutivo. Sin duda que amanecer el 25 de diciembre con la noticia de que el diario español El País develaba información filtrada por WikiLeaks, con referencia a la crisis entre el presidente Ricardo Martinelli y la ex embajadora de Estados Unidos en Panamá, Barbara Stephenson fue el mejor analgésico para combatir la resaca de Noche Buena. Según cables filtrados por WikiLeaks, la entonces embajadora se habría indignado con Martinelli debido a la solicitud de apoyo a la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos para, supuestamente, realizar ‘pinchazos’ a adversarios políticos. De allí el origen de todos los males, incluidos los dimes y diretes.

Al margen de lo sucedido, incluido el hecho de que este tipo de información muy pocas veces ha sido filtrada en detalle, deja en evidencia algunas actuaciones del Ejecutivo y de su equipo de Relaciones Exteriores. Ejemplo de ello es cómo se comienza a hilar en algunas declaraciones, poco apropiadas, por parte del mandatario panameño y su equipo diplomático, específicamente durante la gira a Medio Oriente a principios de marzo pasado, donde se tomó partido a favor de Israel, en medio del conflicto histórico con Palestina. Según los informes de WikiLeaks, publicados por The New York Times, el gobierno panameño habría ejercido presión a través de Stephenson, argumentando que en caso de no recibir el apoyo solicitado recurriría a Israel para implementar el programa de escuchas.

BUSCANDO ASESORÍA

Algunos días después del ‘traspié’ de Martinelli en Medio Oriente, en Panamá se conoció que el Gobierno Nacional contrató los servicios del estratega político Terry Holt, personaje norteamericano vinculado al Partido Republicano y que, al igual que al ministro Demetrio Papadimitriu, se le recuerda por haber trabajado con Karl Rove, consejero político de George W. Bush. A Rove, a quien se le conoce como ‘El Arquitecto’, se le atribuye el éxito de la campaña de reelección de Bush de 2004, una tarea que parecía imposible debido a la atmósfera generada por los desaciertos en los conflictos en Irak y Afganistán. A todas luces, una contratación con este tipo de implicaciones debía, de algún modo, ser objeto de atención por parte de las filas del Partido Demócrata, del cual forma parte el presidente norteamericano, Barack Obama.

En este caso la diplomacia cobra especial relevancia, sobre todo al momento de hacer que el contenido del manual diplomático produzca resultados que beneficien a un país frente a las aspiraciones de otra nación, tal vez más grande y poderosa, como lo es Estados Unidos. Son muchos los sectores Demócratas que le atribuyen a Rove ser ‘El Arquitecto’ de las recientes derrotas legislativas del Partido Demócrata. Para Obama, este personaje debe representar una imagen poco agradable, sobre todo por su capacidad para activar y movilizar, a favor de su causa, a grupos de derecha y a cristianos fundamentalistas, como lo hizo en 2004. Muchos de los flancos débiles de Obama han sido evidenciados por el efecto de las estrategias implementadas por Rove.

TLC SE ESTANCA

Frente al hecho de que Panamá procura desde hace años la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, resulta irónico que a estas alturas, aún el equipo diplomático panameño no haya podido concretar una reunión entre Martinelli y Obama. Hace apenas un par de días, sorpresivamente, el entonces embajador de Panamá en Estados Unidos, Jaime Alemán, renunció al cargo aduciendo el deseo de emprender compromisos profesionales. Paralelamente, este hecho se daba en medio de una visita relámpago del mandatario panameño a la capital norteamericana con empresarios estadounidenses para impulsar el Tratado de Libre Comercio y donde los funcionarios gringos brillaron por su ausencia.

Luego de la salida del embajador Alemán del cargo, se especuló sobre la intromisión del ministro Papadimitriu y de algunos ‘asesores’ en temas concernientes a la administración de las relaciones diplomáticas entre Panamá y Estados Unidos, hecho que habría ocasionado una grave molestia del diplomático panameño. Lo cierto es que, de haber tenido conocimiento Jaime Alemán de lo que venía, sobrarían las justificaciones para su decisión.

OPOSICIÓN ‘EN EL BAILE’

Los cuatro voceros para el tema por parte del Gobierno tampoco hacen del mensaje oficial algo fácil para digerir: el canciller Juan Carlos Varela, Demetrio ‘Jimmy’ Papadimitriu y el ministro de Turismo, Salomón Shamah, cada uno por su cuenta y con argumentos propios, procuran desinflar el contenido aduciendo descontextualización y percepción de la funcionaria. Pero en lo que sí atinó la estrategia del Ejecutivo fue en lanzar un tiro al aire para dejar mal parado a su oposición, advirtiendo que ellos también están en el ‘baile’ por causas del manejo dado a los casos de envenenamientos masivos con dietilenglycol y en la caída del SAN-100 en Calidonia, entre otros cientos de cables. Todo por cortesía de la indiscreción de Wikileaks.

En medio de tanta información brotando de todos lados del mundo, toma mayor validez la premisa de que la ‘percepción es realidad’. Aun sin importar si es cierta o no, esta afirmación cobra mayor sentido con ejemplos como este. Con tan solo introducir en el buscador de Google las palabras Ricardo Martinelli WikiLeaks, aparecerán más de 214,000 informaciones relacionadas al tema.

EL HOMBRE FUERTE

En un plano más amplio, toma sentido todo aquello que venía abonando el terreno y que tanto se omitió. En octubre pasado, la edición electrónica de la revista Time publicó un artículo en el que se compara a Martinelli con el ex general Manuel Antonio Noriega, titulado ‘Panama’s President: Trying on a Strongman Role?’ (Presidente de Panamá: ¿interpretando un papel de Hombre Fuerte?). Mientras que el Wall Street Journal publicó una columna de opinión titulada Panama’s Presidential Temptation (La tentación presidencial de Panamá), en la que se cuestiona las intenciones de Martinelli de aumentar su poder con sus acciones. Ambas publicaciones dejan entrever el malestar en algunas esferas de poder en Washington acerca del estilo de gobernar del presidente Martinelli.

Por su parte, el Ejecutivo panameño atribuye lo ocurrido a la percepción de la embajadora estadounidense Barbara Stephenson y a la descontextualización de algunos medios de comunicación.

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