PRD, un partido de tumbo en tumbo que no levanta cabeza

  • 11/08/2014 02:01
El colectivo se ha enfrentado a diversas crisis. Una de las peores, después de la invasión de Estados Unidos, el 20 de diciembre de 1989.

El Partido Revolucionario Democrático (PRD), el más longevo y más grande de los colectivos políticos vigentes en Panamá, se encuentra hoy en uno de los peores momentos desde su nacimiento.

Hay quienes pronostican que les será difícil levantarse de esta. Otros confían en que, tal y como sucedió después de la invasión, el partido logrará levantarse y convertirse en una opción que en el año 2019 presente un candidato presidencial que les permita volver a hacer realidad el sueño de cualquier partido político: llegar a la Presidencia de la República y gobernar.

El PRD está acostumbrado a las crisis, esta no es la primera y sabrá cómo salir de ella, dijo a La Estrella de Panamá Mario Rognoni, quien además de analista político es militante desde la época de los militares.

MANEJO DE TRAPOS SUCIOS

En efecto, han sido varias crisis internas las que le ha tocado vivir al PRD, desde su creación en 1979. La diferencia ahora es que no hay una estrategia común definida para remontar. Antes, estaba ‘La Línea’. Era la estrategia trazada desde los cuarteles; la cúpula militar tomaba las decisiones que luego eran ejecutadas sin mucha discusión por los civiles, hasta el punto de que era común identificar al PRD como ‘el brazo político de los militares’.

La gestión del partido se fundamentaba en un principio que nadie ocultaba y no era un secreto para nadie: los trapos sucios se lavan en casa, siempre han repetido los perredistas.

A nadie se le ocurría salir a los medios de comunicación a retar la ordenanza de los militares; aunque existieran diferencias, todo quedaba dentro del colectivo que tomó a Omar Torrijos Herrera como su ideólogo e inspiración.

En la segunda época de la democracia que se vive en el país después de la invasión de Estados Unidos a Panamá —20 de diciembre de 1989—, la situación en el PRD cambia con Ernesto Pérez Balladares y otros copartidarios, que levantan el partido en un proceso que se inició en el año 1991 hasta lograr sacarlo del hoyo en que había quedado tras el derrocamiento de la dictadura militar.

Se hicieron modificaciones a los estatutos del colectivo y cambió la mentalidad de muchos de sus miembros. El partido probó las mieles de la democracia y, paradójicamente, se convirtió en el grupo de formas y procedimientos internos más demócrata.

Pero la democracia trajo sus contratiempos, las situaciones internas empezaron a trascender y diversas voces se atrevieron a discutir a la dirigencia, que a pesar de todo se mantuvo con mandato fuerte y vertical.

ALTAS Y BAJAS DEL PRD

Con un PRD refundado fue entonces que Pérez Balladares se sometió a consideración del electorado nacional y con el 33% de los votos válidos logró convertirse en el presidente de la República en 1994, después de derrotar a Mireya Moscoso, la viuda de Arnulfo Arias Madrid, que pretendía dar seguimiento al mandato de Guillermo Endara.

Después de los cinco años de gobierno, la propuesta del PRD: Martín Torrijos —el hijo del general— fue derrotado por Moscoso, quien se volvió a presentar a la presidencia.

En ese entonces, el partido se mantuvo compacto y en las elecciones del 2004 llevó de nuevo a Martín Torrijos a la candidatura para la Presidencia de la República, que ganó con el 47% del apoyo del electorado nacional.

LA ÚLTIMA CRISIS

En medio del gobierno de Martín Torrijos, se consolidó la candidatura de Juan Carlos Navarro. Además, empezó a reforzar su liderazgo en el partido y se perfilaba como el único candidato presidencial. Es entonces que se registra una histórica reunión. Balbina Herrera, se recuperaba en la sala de un hospital y recibe la visita de Torrijos, quien se hizo acompañar por Samuel Lewis Navarro.

Le ofrecieron el apoyo a Herrera para que fuera la candidata presidencial, antes debía enfrentar a Navarro en las primarias. Le dijeron que era ella la candidata con mayor opción para enfrentar a Cambio Democrático, un partido emergente que surgió de las propias entrañas y con el apoyo de algunos perredistas, entre otros Pérez Balladares.

En ese año, el PRD vivió una de las más cerradas elecciones internas de su historia. Navarro desempolvó el ‘oscuro pasado’ de Herrera, recelo que después usó Martinelli para atacarla.

Tras ganar las primarias con un estrecho margen y en un intento por parar la división interna que crecía cada día, Herrera eligió a Navarro como su candidato a vicepresidente.

La estrategia, al final, no rindió frutos. Herrera fue derrotada en el 2009. Logró el 39% de los votos, frente un 60% que alcanzó Ricardo Martinelli. Era la peor derrota del colectivo en las urnas.

Desde antes de la fecha de las elecciones, el partido estaba divido y le correspondió a Herrera ser una candidata que no contó con el apoyo de la cúpula del PRD. Después de la derrota, el entonces Comité Ejecutivo (CEN) renunció en pleno y se eligió un CEN provisional que se mantuvo por dos años.

En medio de las pugnas internas, se elige a Navarro como secretario general y a Benicio Robinson como el presidente del partido. Robinson no era parte de la ‘Ola Azul’ que lideraba Navarro, pero obtuvo casi 200 votos más que Navarro.

Robinson se sintió con tanto o más poder que Navarro. Algunas voces adelantaron que pretendía ser el candidato a la vicepresidencia de la República.

La pugnas se acrecentaron. Tras varios intentos, Navarro logra sumar a su causa a toda la vieja guardia , salvo el grupo de los ‘dinosaurios’ que lideraban Mitchell Doens y Francisco Sánchez Cárdenas, sus más severos críticos, que lo acusaban de vender el partido a Martinelli.

Al final, todos los grupos se sumaron a la propuesta de Navarro para imponerse en los comicios presidenciales. Las encuestas colocaron al candidato del PRD a la par de José Domingo Arias, el puntero candidato de Cambio Democrático.

El 4 de mayo, día de las elecciones, ni uno ni otro superó a Juan Carlos Varela, candidato del panameñismo.

La derrota electoral, en lugar de propiciar la calma, ha generado más conflicto y cada día aparece un nuevo grupo que se identifica como heredero de Omar Torrijos para rescatar una causa olvidada.

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