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- 22/12/2011 01:00
Pasó de ser legislador a magistrado. Su ratificación se dio en medio del mayor escándalo de corrupción que involucró a los tres Órganos del Estado: el CEMIS. Para Alberto Cigarruista, este fue un estigma que lo persiguió durante ocho años, hasta que la Asamblea dividió los expedientes y archivó su caso. Hoy en las postrimerías de su periodo como magistrado de la Corte, Cigarruista cuenta lo bueno, lo malo y lo feo de ser magistrado. Confiesa que hay presiones políticas y de amistad, por eso recomienda a su sucesor tener carácter para decir que no. Sobre su futuro, Cigarruista aún analiza si volverá al ruedo político una vez salga del Palacio de Justicia: ‘De política hablamos después del 30 de diciembre’.
¿CÓMO LE AFECTÓ EL ESCÁNDALO DEL CEMIS, AUNADO A SU RATIFICACIÓN?
Se cometió una gran injusticia conmigo, con mi familia. Mi nombramiento no tenía nada que ver con el CEMIS; mi nombramiento se hizo el 9 de enero, y el problema del CEMIS surge en diciembre, y este no tenía nada que ver con Alberto Cigarruista, pero presumo que por un ardid político, se acumularon los expedientes del CEMIS con mi ratificación y por eso mi nombre prácticamente ocho años estuvo en un expediente, donde se investigaba mi nombramiento con un hecho delictivo. Y ahora que me voy le reitero al país lo que dije en ese entonces: nunca pedí ser magistrado, eso no estaba dentro de mis planes en ese momento. Este cargo se me solicitó por parte de la presidenta Mireya Moscoso. Le pedí a la presidenta que me diera dos semanas para pensarlo, ella me dijo ‘lo va a pensar, cuando más de 200 abogados me han pedido ese puesto’. Y reitero con vehemencia al país hoy, jamás estuve en ninguna reunión con algún diputado o miembro del Ejecutivo del país donde se ofreció dinero o dádivas por mi ratificación.
¿POR QUÉ NO ASPIRAR A UN SEGUNDO PERIODO EN LA CORTE?
Porque Ricardo Martinelli es el que designa. Él decide quiénes serán los magistrados de la Corte.
CUANDO DICE QUE MARTINELLI ES EL QUE DESIGNA, ¿QUIERE DECIR QUE USTED ESTABA SEGURO QUE NO ESTABA ENTRE LAS OPCIONES DEL PRESIDENTE?
No la busqué. Es un derecho del señor presidente y se lo respeto. Yo espero que los que nos sustituyan lo hagan con esmero, con prontitud. A los nuevos magistrados les puedo decir que más que saberse al dedillo las leyes de la República, lo que necesitan es tener el carácter suficiente para saber decir no.
LA SOCIEDAD CIVIL ESTÁ PIDIENDO CAMBIOS EN EL MÉTODO DE SELECCIÓN DE LOS MAGISTRADOS Y QUE NO SEA EL PRESIDENTE EL QUE DESIGNE, ¿ESTÁ DE ACUERDO CON ESTO?
Pero mire usted, hubo un momento en que la sociedad civil se acercó mucho a un presidente que ya terminó su mandato y llevaron su lista de amigos, los que ellos querían que vinieran a la Corte. La pregunta es ¿van a venir los amigos del presidente o los amigos de los dirigentes de la sociedad civil? ¿Por quién los cambiamos? No existe un sistema ideal para la elección de magistrados. Me parece que debe existir un pacto social. Esas críticas por golpear políticamente, no al designado, sino al que designó, me lleva a concluir eso. Pero el que sea buen magistrado dependerá de que el elegido tenga carácter para decir no.
SE ESTÁN DANDO REVISIONES A LA CARTA MAGNA PARA UNA REFORMA. ¿QUÉ LE CAMBIARÍA USTED A LA CONSTITUCIÓN?
Nuestra Constitución no es mala. Es de corte liberal y muchos de los cambios que se han planteado pueden hacerse por ley especial. En el Legislativo creo que todo marcha bien. En el Judicial más que reformas necesitamos que el Ejecutivo y el Legislativo miren más adentro en materia de presupuesto. Hay jueces con dos mil expedientes, ganando muy poco y abogados que apenas ganas 400 dólares. Hay carencia de Tribunales, se han creado por ley más de 60 tribunales y no han sido instalados. Caer en la Sala Tercera de lo Contencioso es nunca salir, y no es porque no trabajen, lo que pasa es que no se dan abasto.
¿CUÁNTO CAMBIARÁ LA CORTE CON LA SALA QUINTA?
La Sala Quinta viene a llenar, a mi juicio, un gran vacío en el país. No podemos tener hábeas corpus que se demoran meses en salir y la persona privada de su libertad; amparo de garantías constitucionales que se resuelven en dos años. Esto no es mora judicial, es un rezago judicial. Usted saca de su despacho cinco expedientes y entran 15 más. Y si algo me llevo de bueno de aquí es haber entendido que en la Corte se trabaja todos los días, no se descansa. Panamá es un país que avanza y cada días se atiborra de más asuntos legales.
¿CREE QUE ACTUALMENTE HAY SEPARACIÓN DE PODERES?
Hay quienes quieren que esa separación de poderes no se dé, que pretenden inmiscuirse en los problemas internos del Órgano Judicial, pero no se lo permitimos. Yo me atrevo a decir que trabajamos con independencia, pero lo hacemos porque hay magistrados que nos atrevemos a decir que no a los amigos, a los empresarios. A la administración pública también hay que decirle que no. Esta Corte que tenemos trabaja con muy buen pie, y esperamos que los que llegan sepan entenderse con los que quedan. Aquí no se hace lo que Ricardo Martinelli quiere. Aquí el presidente no manda, puede llamar preocupado por algunos temas del Estado, pero se le dice que no.
¿ALGUNA VEZ SINTIÓ PRESIÓN AL DICTAR UN FALLO?
No porque no las acepto. A mí las presiones no me gustan. Quienes han sido presidentes, que algún grado de amistad han tenido conmigo, nunca me llamaron para pedirme cosas de esta naturaleza.
HAN HABIDO MUCHAS CRÍTICAS POR LA FORMA QUE SE DAN ALGUNOS NOMBRAMIENTOS EN EL ÓRGANO JUDICIAL, ¿AFECTA ESTO EL BUEN DESEMPEÑO?
En el Judicial hay mucha mística; si no existiese no funcionaría. Que se cometen errores en algunos nombramientos, claro que sí; que no todos son buenos, también es cierto, pero comparas lo bueno con lo malo, yo diría que la mayoría son gente buena. El Órgano Judicial hay que fortalecerlo, revestirlo de una coraza de hierro para que los jueces sean independientes en sus fallos. Este es un país pequeño y todo el mundo quiere un fallo a favor manejado con influencia. Bien sea influencia como amigo o política. Hay que protegerlo para que los magistrados y los jueces fallen con independencia.
ESTE AÑO SE DIO LA RENUNCIA DE UN MAGISTRADO DE LA CORTE. ¿CÓMO MANEJÓ EL PLENO ESTE CASO?
No se manejó. No lo tratamos. Esos son asuntos muy personales y la costumbre es que los asuntos personales los trata el magistrado. El magistrado Almengor salió a dar sus explicaciones al país y terminó renunciando. Cuando se agrede al Órgano Judicial en su totalidad y que creemos que es un ataque injusto, nos reunimos para determinar si debemos dirigirnos al país o simplemente dejarlo pasar.
¿QUÉ FUE LO BUENO DE SER MAGISTRADO?
Fallos grandiosos. Dar al traste con los indultos que dictó la presidenta Mireya Moscoso. Ese fallo permite que los indultos solo sean otorgados por delitos políticos y no delitos comunes. También el fallo que permite que los independientes puedan postularse a candidato a diputado.
¿Y LO MALO?
La plomera que me dieron por mi ratificación.
¿QUÉ LE GUSTA MÁS, LA POLÍTICA O SER MAGISTRADO?
Todo. A mí me gusta servirle al país. Yo soy un hombre formado en Derecho, me encanta mi profesión donde quiera que me encuentre. Amo a esta nación, este país nos da a la gente nacida de la pobreza una oportunidad grande, por eso hay que preocuparse más por la educación. La delincuencia, a mi parecer, se debe a dos factores; los jóvenes que desertan de las escuelas y la mala distribución de la riqueza. Mis abuelos fueron analfabetas, mi padre llegó hasta tercer grado, mi mamá hasta sexto grado y yo he tenido la oportunidad de ser abogado, profesor universitario, tres veces legislador y ahora magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Este es un país que nos da oportunidades a los más pobres. Por eso no hago distinción dentro de mi profesión, todo me gusta, quizás porque me costó.
¿VOLVERÍA A LA ASAMBLEA?
No es el momento para hablar de eso, porque hasta el 30 de diciembre soy magistrado. Pero sí puedo invitar a los buenos panameños que entren a la política. La política tienen que desarrollarla los buenos. Cuando la política queda en manos de los malos pierde el país. Hay que estudiar política, pero no como un negocio, sino como un deber. Después del 30 de diciembre que ya sea un particular común y corriente caminando por allí, analizaremos qué papel nos puede tocar en el desarrollo del país.