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Un día antes de los tratados: la conversación entre Torrijos y Carter
- 06/09/2026 00:00
Washington, 6 de septiembre de 1977. Faltaba apenas un día para que Panamá y Estados Unidos firmaran los acuerdos que transformarían para siempre la relación entre ambos países. En el interior de la Casa Blanca, Jimmy Carter y Omar Torrijos mantuvieron una reunión que, vista con perspectiva histórica, resulta casi tan reveladora como la ceremonia del día siguiente.
De acuerdo a registros del Relaciones Internacionales del Departamento de Estado de la nación norteamericana, el encuentro comenzó a las 11:10 de la mañana en el Cabinet Room de la Casa Blanca.
Torrijos llegó acompañado por miembros de su equipo, entre ellos el canciller Aquilino Boyd, el ministro de Planificación y Política Económica Nicolás Ardito Barletta, el embajador Gabriel Lewis Galindo y los tenientes coroneles Manuel Antonio Noriega y Roberto Díaz Herrera.
Por parte estadounidense participaron, además de Carter, el vicepresidente Walter Mondale, el secretario de Estado Cyrus Vance, el asesor de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski, el subsecretario de Estado Terence Todman, el embajador William J. Jorden y Robert Pastor, del Consejo de Seguridad Nacional.
La reunión no fue una simple formalidad protocolaria. El tratado todavía debía superar obstáculos importantes. En Panamá, Torrijos tenía por delante un plebiscito para convencer a una población que había convertido la recuperación de la soberanía sobre la Zona del Canal en una causa nacional. En Estados Unidos, Carter necesitaba persuadir a un Senado donde todavía existía una oposición considerable al acuerdo, señala el académico y diplomático Omar Jaén Suárez en ‘Las negociaciones de los Tratados Torrijos-Carter: 1970-1979’.
Carter comenzó preguntándole a Torrijos cuál consideraba que era la posibilidad de que el tratado tuviera éxito. La respuesta del jefe de Gobierno panameño mostró que, para él, la batalla aún no estaba ganada. Torrijos explicó que recorrería Panamá para defender personalmente el acuerdo.
Lo haría, según el memorando estadounidense, “en helicóptero, a caballo y a pie”. Calculaba que alrededor de 900,000 personas acudirían a votar de una población de aproximadamente 1,7 millones. Además, destacaba un elemento simbólico: muchos jóvenes de 18 años votarían por primera vez. Para Torrijos, conseguir una alta participación era fundamental.
Durante aquella conversación, Torrijos utilizó una comparación particularmente gráfica para describir la situación política que enfrentaban ambos gobiernos. Le explicó a Carter que Panamá y Estados Unidos estaban “vendiendo el mismo producto”, pero en dos mercados diferentes, también destacan los registros históricos del Departamento de Estado.
La comparación sintetizaba uno de los principales problemas de la negociación. El acuerdo podía ser presentado como una solución razonable para las dos partes, pero necesitaba ser defendido con argumentos diferentes en Panamá y Estados Unidos.
Para Torrijos, significaba terminar con un régimen que los panameños consideraban incompatible con su soberanía. Para Carter, suponía convencer a los estadounidenses de que abandonar el control que Washington había ejercido durante décadas sobre el Canal no constituía una derrota estratégica.
Uno de los momentos más reveladores de la conversación ocurrió cuando Torrijos habló con franqueza sobre sus expectativas. El general reconoció que nunca había pensado que ambos países conseguirían alcanzar un tratado definitivo. A su juicio, durante años las negociaciones habían girado alrededor del problema sin llegar realmente a los asuntos fundamentales.
Torrijos recordó que resultaba incomprensible para los ciudadanos de su país que policías estadounidenses pudieran arrestar a jóvenes panameños dentro de la Zona del Canal. Para él, ese tipo de situaciones representaba la expresión cotidiana de un problema de soberanía que había alimentado el conflicto durante décadas.
El panameño atribuyó a Carter un cambio de actitud respecto del problema canalero. Le dijo que el nuevo presidente estadounidense había introducido una filosofía diferente y calificó su decisión de enfrentar la negociación como un “acto de valor”. También reconoció que, antes de su visita, no había comprendido completamente la profundidad de las dificultades políticas que Carter enfrentaba dentro de Estados Unidos.
Jaén Suárez documenta cómo las negociaciones estuvieron condicionadas por décadas de conflicto y por el peso político que tenía en Panamá la recuperación de la soberanía sobre la Zona del Canal. El proceso atravesó diferentes gobiernos estadounidenses antes de llegar a la administración Carter.
Torrijos también hizo referencia a uno de los aspectos simbólicos más importantes del nuevo acuerdo.
Según el memorando estadounidense, sostuvo que la “perpetuidad” ahora tenía una fecha final. Aquello que durante décadas había parecido permanente pasaba a tener un término concreto.
La Convención del Canal Ístmico de 1903 había otorgado a Estados Unidos derechos sobre una franja territorial para la construcción, mantenimiento y operación del Canal. El nuevo acuerdo establecía, en cambio, un proceso de transición que culminaría con la transferencia de la administración del Canal a Panamá el 31 de diciembre de 1999.
La palabra “perpetuidad” tenía, por tanto, una carga política enorme. Durante décadas había simbolizado la permanencia de los derechos estadounidenses sobre la Zona del Canal. En 1977, Torrijos podía hablar de una fecha concreta para el final de aquel régimen.
Del otro lado de la mesa, Carter tampoco hablaba desde una posición cómoda. El presidente necesitaba que el Senado estadounidense aprobara los tratados. En la reunión del 6 de septiembre recordó que el año anterior alrededor de 40 senadores habían firmado una resolución contraria al acuerdo. Para ese momento, sin embargo, una nueva evaluación indicaba que solamente unos cuatro permanecían firmemente opuestos.
El dato demuestra hasta qué punto la administración Carter había trabajado para cambiar la percepción del tratado en Washington.
La situación, sin embargo, seguiría siendo complicada. William J. Jorden, quien había sido embajador estadounidense en Panamá y participó directamente en el proceso, describió posteriormente en Panama Odyssey las negociaciones como un proceso largo y profundamente conflictivo.
La oposición tampoco desapareció después de la firma. En octubre de 1977, Carter señaló que la correspondencia recibida en la Casa Blanca era aproximadamente diez a uno contra los tratados y que las encuestas mostraban una opinión pública mayoritariamente contraria.
Carter escribió al margen del documento que quería reducir el protagonismo de su propia intervención y mostrar a los demás mandatarios latinoamericanos presentes en la ceremonia. La intención era que la televisión estadounidense permitiera identificar a los líderes del continente.
El detalle demuestra que la ceremonia había sido concebida también como un acto de política hemisférica. Washington buscaba mostrar que el acuerdo con Panamá podía convertirse en un nuevo capítulo de sus relaciones con América Latina.
El encuentro del 6 de septiembre también terminó con detalles mucho menos solemnes. Carter entregó a Torrijos ejemplares de su libro Why Not the Best? y un volumen con fotografías tomadas desde el espacio, incluida una imagen de Panamá.
Mondale, mientras tanto, le regaló un bate de béisbol autografiado por el panameño Rod Carew, entonces jugador de los Minnesota Twins. El vicepresidente bromeó con que, al regalar un bate, Estados Unidos ya no necesitaba cargar con “un gran garrote”.
El intercambio resulta curioso porque ocurrió en medio de una de las negociaciones diplomáticas más importantes de la historia contemporánea del continente.
Pero también muestra el intento de ambos gobiernos de construir una relación personal y política diferente después de décadas de tensión.
La firma no fue el final
Al día siguiente, 7 de septiembre de 1977, Carter y Torrijos firmaron los tratados en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington.
Los acuerdos todavía debían ser sometidos al plebiscito panameño y posteriormente enfrentar el proceso de ratificación del Senado estadounidense. En Panamá, el plebiscito se celebró el 23 de octubre de 1977. En Estados Unidos, el Senado aprobó el Tratado de Neutralidad el 16 de marzo de 1978 y el Tratado del Canal el 18 de abril de ese año.
Los tratados entraron en vigor el 1 de octubre de 1979, pero la transferencia definitiva del Canal no ocurriría hasta el 31 de diciembre de 1999.
Incluso después de la firma continuaron las discusiones sobre la interpretación de los acuerdos. En noviembre de 1977, Carter escribió a Torrijos para confirmar que una declaración conjunta posterior a la firma debía considerarse la interpretación autorizada de determinadas disposiciones del Tratado de Neutralidad.
La conversación del 6 de septiembre permite, por tanto, mirar detrás de una de las fotografías más famosas de la historia panameña.