Un ajuar funerario de un gran señor enterrado en una tumba de más de mil años de antigüedad en El Caño, un sitio arqueológico situado en la zona central...
- 22/02/2026 00:00
Arquímedes Adolfo Fernández es uno de nuestros ingenieros civiles con mayor variedad de experiencia: desde la construcción de rascacielos en la avenida Balboa, pasando por el Metro de Panamá, hasta el cuarto puente sobre el Canal. El Visitante le preguntó cuál es su visión de la infraestructura para la movilidad en Panamá; es decir, el conjunto de elementos físicos, técnicos y digitales (carreteras, puentes, transporte público, vías ciclistas) diseñados para el desplazamiento seguro, sostenible y eficiente de personas y mercancías. ¿Cómo afecta esto nuestra calidad de vida? ¿Existe un proyecto como país al respecto?
Arquímedes Adolfo Fernández (AAF): Soy ingeniero civil con formación superior en ingeniería estructural y gestión de proyectos de construcción. Mi carrera ha estado ligada al desarrollo de la infraestructura estratégica del país. Esto incluye el mantenimiento vial en el Ministerio de Obras Públicas y la planificación del transporte desde juntas directivas como la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), Transporte Masivo de Panamá (MiBus), la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura (JTIA), el Colegio de Ingenieros Civiles de Panamá (CoICI), la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA) y la Secretaría Nacional de Discapacidad (Senadis), entre otras.
He participado en obras que han marcado la historia reciente de Panamá —el Metro, el tercer juego de esclusas y el cuarto puente— y he trabajado en áreas de planificación, estudios, diseño y construcción de edificios, centros comerciales, viviendas, proyectos de movilidad, accesibilidad e infraestructura vial, portuaria y ferroviaria. Mi trayectoria me ha permitido ver, desde dentro, cómo la movilidad transforma ciudades o las limita cuando no se planifica con visión social.
Sí. Panamá atraviesa un momento decisivo en su historia urbana. Las próximas décadas definirán si continuaremos creciendo de forma fragmentada y congestionada, o si apostaremos por un modelo de movilidad que integre, dignifique y transforme. El transporte masivo no es solo infraestructura; no son rieles, puentes o estaciones. Es una herramienta de cohesión social, de equidad territorial y de calidad de vida. Es, en esencia, una declaración sobre el tipo de sociedad que queremos ser. Hoy más que nunca debemos preguntarnos si estamos construyendo carreteras o construyendo ciudad. ¿Estamos solo moviendo vehículos o generando oportunidades para una mejor forma de vida?
Ferrocarril Panamá–David
El proyecto ferroviario Panamá–David —con potencial de extenderse hacia Costa Rica— debe entenderse como una estrategia nacional de integración territorial. No es solo una obra de transporte. Es una decisión estructural sobre el modelo de país que aspiramos a consolidar.
Un sistema ferroviario eléctrico, respaldado por una matriz energética mayoritariamente renovable, permitiría reducir costos operativos, atraer financiamiento sostenible y conectar polos productivos, turísticos y logísticos. Lo ideal sería que la Secretaría del Ferrocarril escoja un sistema basado en energía renovable.
Pero, más allá de la eficiencia técnica, el verdadero valor radica en su capacidad de descentralizar el crecimiento. ¿Queremos un país que concentre oportunidades en una sola ciudad o uno que distribuya desarrollo a lo largo de su territorio? Cada estación puede convertirse en un nodo económico y comunitario. Cada conexión puede abrir nuevas rutas de inversión, empleo y cohesión regional. Un tren moderno no solo transporta pasajeros: articula nación. Debemos integrar el territorio y descentralizar el desarrollo.
El teleférico de San Miguelito: movilidad que dignifica barrios
El teleférico proyectado para San Miguelito no debe verse como una solución aislada de transporte. Debe concebirse como un proyecto social de transformación urbana. Durante décadas, comunidades densamente pobladas han crecido con limitaciones de acceso, espacios públicos insuficientes y barreras físicas que profundizan desigualdades. La movilidad puede ser la herramienta que revierta esa realidad.
Cada estación debe convertirse en un punto de encuentro: bibliotecas, áreas deportivas, centros comunitarios, iluminación segura, aceras accesibles e integración con el Metro. No se trata solo de subir y bajar pasajeros; se trata de recuperar espacios públicos y fortalecer el tejido social. Mover personas es importante. Transformar comunidades es imprescindible.
El Metro de Panamá: continuidad con visión urbana
El Metro ha sido el proyecto de movilidad más transformador en la historia reciente del país. Sin embargo, su impacto depende de continuidad, planificación integral y visión a largo plazo. Extensiones estratégicas, nuevas interconexiones y un diseño que priorice al peatón deben formar parte del siguiente capítulo. Las estaciones no pueden ser simples puntos de embarque; deben convertirse en espacios urbanos con áreas verdes, acceso universal, integración vial y seguridad.
La pregunta es inevitable: ¿podemos permitirnos frenar el impulso del sistema que más ha reducido tiempos de viaje y desigualdad territorial? El Metro debe consolidarse como la columna vertebral de una red articulada y no como proyectos aislados que respondan a coyunturas.
Así es. Los BTR son carriles exclusivos para buses, con paradas de fácil acceso y diseñados para circular sin interferencias del tráfico general, lo que ofrece viajes más rápidos, puntuales y eficientes. Migrar a buses eléctricos en un país cuya matriz energética es mayoritariamente renovable y sin producción de hidrocarburos significa un transporte más barato, limpio y estable, porque reduce la dependencia del diésel importado y estabiliza y reduce los costos operativos y del pasaje.
La implementación de corredores BTR y la modernización de flotas son pasos necesarios. Carriles exclusivos, paradas dignas y ordenamiento del transporte mejoran la eficiencia y reducen la contaminación. Sin embargo, la movilidad no puede avanzar a distintas velocidades. Mientras se invierte en sistemas modernos, aún persisten unidades obsoletas que operan sin estándares homogéneos de seguridad ni integración tarifaria. La transición hacia flotas eléctricas y la incorporación plena del transporte provincial al sistema metropolitano no es opcional: es una condición para la coherencia. Un sistema es tan sólido como su componente más débil.
El cuarto puente sobre el Canal es más que una megaobra. Para cientos de miles de ciudadanos que residen en Panamá Oeste, significa horas recuperadas para la familia, menor gasto en combustible y reducción del estrés diario.
No obstante, su éxito dependerá de su integración con el sistema de transporte masivo y con la red vial existente. Las grandes infraestructuras no pueden diseñarse como piezas aisladas; deben responder a una estrategia integral de movilidad y desarrollo urbano.
Porque la movilidad es el espejo de nuestra sociedad. Al final, el debate no es técnico; es profundamente social. La movilidad revela nuestras prioridades colectivas. Nos obliga a decidir si queremos ciudades que excluyen o ciudades que integran; sistemas que solo desplazan personas o redes que generan oportunidades.
Debemos cuestionarnos con honestidad si planificamos con visión de Estado o reaccionamos a la presión del presente. Si construimos infraestructura o construimos ciudadanía. Si diseñamos ciudades para los autos o para las personas.
La movilidad masiva debe asumirse como política pública de largo plazo, como estrategia de cohesión social y como motor de la calidad de vida. Cada estación puede ser un punto de encuentro. Cada proyecto puede reducir brechas históricas. Cada viaje puede ser más seguro, más digno y más humano.
Panamá tiene la capacidad técnica, el talento profesional y las condiciones energéticas para convertirse en referente regional. Lo que se necesita es continuidad, coordinación institucional y una visión compartida que coloque al ciudadano en el centro. La movilidad no es un lujo. Es un derecho. Y el modo como decidamos movernos definirá, en gran medida, el país en el que viviremos. ¿Hacia dónde queremos ir? ¿Estamos dispuestos a transformarnos para llegar allí?
El autor es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).