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- 30/06/2026 14:02
Durante años, Bruno caminó unos pasos detrás de Ricardo Martinelli. A veces aparecía dormido sobre un sofá. Otras, sentado junto al expresidente durante una transmisión en vivo o asomado en fotografías que miles de panameños comentaban en redes sociales. No ocupaba cargos públicos ni pronunciaba discursos, pero terminó convirtiéndose en uno de los personajes más reconocibles del entorno de Martinelli.
El Yorkshire Terrier murió esta semana en Bogotá, Colombia, después de haber sido atacado por un perro de mayor tamaño, según informó el propio expresidente.
Su fallecimiento provocó una ola de mensajes de solidaridad que trascendió la política. Para muchos seguidores de Martinelli, Bruno no era simplemente una mascota. Era el compañero silencioso que estuvo presente durante uno de los periodos más complejos de la vida del exmandatario.
Bruno comenzó apareciendo ocasionalmente en fotografías familiares, pero su popularidad creció a medida que Martinelli incrementó su actividad en redes sociales.
Con el paso del tiempo dejó de ser un perro que aparecía por casualidad en las publicaciones. Se convirtió en parte del relato cotidiano del expresidente.
Era habitual verlo en reuniones, entrevistas improvisadas, recorridos dentro de la residencia diplomática y transmisiones realizadas desde la Embajada de Nicaragua en Panamá, donde Martinelli permaneció asilado durante más de un año.
En varias ocasiones, incluso, el exmandatario hacía referencia a Bruno durante sus publicaciones, respondiendo comentarios de seguidores que preguntaban por él antes que por cualquier asunto político.
Cuando Martinelli ingresó a la Embajada de Nicaragua tras recibir asilo político, Bruno también comenzó una nueva rutina.
Mientras el país seguía de cerca los acontecimientos judiciales y diplomáticos del expresidente, el pequeño Yorkshire aparecía constantemente en las fotografías compartidas desde el interior de la sede diplomática.
Dormía junto a Martinelli, lo acompañaba durante videollamadas y aparecía en celebraciones, cumpleaños y reuniones con visitantes.
En medio de una etapa marcada por la incertidumbre política y jurídica, Bruno se convirtió en una imagen de normalidad dentro de un espacio que permanecía bajo permanente atención mediática.
Su popularidad terminó trasladándose a las redes sociales.
Bruno llegó a tener su propia cuenta de Instagram, donde acumuló miles de seguidores y protagonizó publicaciones que mezclaban humor, fotografías familiares y momentos cotidianos junto a Martinelli.
No tardó en convertirse en uno de los perros más conocidos de Panamá.
Sus apariciones generaban comentarios, memes y reacciones que, muchas veces, trascendían la discusión política.
Cuando Martinelli dejó Panamá para instalarse en Colombia, Bruno también viajó con él.
Las imágenes compartidas desde Bogotá mostraban que el pequeño perro seguía ocupando el mismo lugar que había tenido durante años: al lado del expresidente.
Por eso, cuando Martinelli confirmó su muerte, las reacciones llegaron desde distintos sectores.
En su mensaje de despedida lo describió como un compañero inseparable.
Y probablemente esa sea la mejor manera de resumir quién fue Bruno. No fue un actor político. No tomó decisiones de Estado.
Pero acompañó, desde el silencio de una mascota, uno de los capítulos más intensos de la vida pública de Ricardo Martinelli.