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- 28/04/2026 00:00
Para Carolina Freire, todo aquello que se refiere a servir al prójimo y a impulsar políticas en favor del bienestar social es una tarea que le apasiona y llena. En esta conversación de ‘MÍA: Voces Activas, la fundadora de Voluntarios de Panamá ahonda en esta entrevista de los beneficios colectivos que tiene el voluntariado para un país, la organización de esta actividad para asegurar y medir el impacto social, así como el rol determinante que juega el liderazgo femenino en la articulación de causas comunes en favor de temas sociales como la salud y el medio ambiente.
Freire – quien se desempeña como Especialista Líder de Protección Social en el Banco Interamericano de Desarrollo y cuenta con una licenciatura en Servicio Exterior de la Escuela de Servicio Exterior Edmund A. Walsh de la Universidad de Georgetown y una maestría en Asuntos Públicos de la Escuela Lyndon B. Johnson de Asuntos Públicos de la Universidad de Texas – así mismo pondera el efecto de una de sus mayores iniciativas como la plataforma Ponte En Algo, logró 9,559 voluntarios movilizados en 2025 en torno a distintas causas.
Gracias a usted por esta oportunidad para conversar sobre un tema que me apasiona mucho. Yo he sido voluntaria desde muy joven, tanto a nivel individual como en los diferentes países donde tuve la oportunidad de vivir, educarme y trabajar, realizando todo tipo de voluntariado.
Cuando estudié mi maestría en políticas públicas, me di cuenta de que existía una especialización dentro de la formación en manejo de oenegés. Dentro de esa especialización, ofrecían cursos y programas sobre gestión de voluntariado. Descubrí a través de esa esfera académica que algo que yo practicaba a nivel individual tenía el potencial de generar un impacto no solo personal, sino también sistémico en las organizaciones sociales y en la sociedad. Aprendí que había mecanismos y herramientas para organizarlo de manera que tuviera el mayor impacto posible.
Con esa formación, decidí iniciar en Panamá una organización llamada Fundación Voluntarios de Panamá, justamente para fortalecer el ecosistema del voluntariado en el país. Queríamos que algo que ya existía fuera más efectivo y que resultara más sencillo para las personas insertarse a hacer el bien.
Es lo que considero mi propósito de vida y trato de canalizarlo en muchos ámbitos. A través del voluntariado, puedo cumplir ese propósito de servir y lograr que mi conocimiento eleve la calidad de vida de los demás o mejore desafíos que persisten en la sociedad.
Lo implemento a nivel individual, pero también en mi trabajo utilizo esos conocimientos para impactar en las políticas públicas y en la mejora de los servicios sociales. Como bien dicen: lo que se hace con pasión y con gusto no es trabajo.
Lo más satisfactorio es que tienes la posibilidad de conducir ese mismo trabajo lo puedes conducir hacia un resultado que te retroalimenta.
Muchísimo. En un estudio que hicimos, llamado ‘Compromiso Cívico Hoy’, analizamos datos de voluntariado y otras formas de participación cívica. Pudimos constatar que las personas que practican el voluntariado participan más en todas las demás esferas de la vida cívica en Panamá: votan más, donan más dinero, participan más en asociaciones y manifiestan sus opiniones de manera más proactiva a través de la abogacía. Incluso orientan su consumo hacia empresas que resuenan con sus valores.
El voluntariado es un motor de la participación ciudadana, lo cual tiene beneficios en la cohesión social y el fortalecimiento de la democracia. En conclusión, el voluntariado hace mejores ciudadanos.
Así es. El voluntariado contribuye a que las personas se impliquen en los problemas de su comunidad y, en ese proceso, se fortalecen habilidades individuales: liderazgo, comunicación y proactividad. Son habilidades blandas que también busca el mercado laboral.
Ciertamente, podemos celebrar muchos avances. Tenemos al sector académico, las empresas con sus programas de responsabilidad social y las oenegés trabajando de la mano para impulsar . No obstante, aunque el 34% de la población practica el voluntariado, la mayoría aún no ha tenido la oportunidad de hacerlo.
Al indagar, identificamos que las principales barreras son la falta de tiempo y la falta de recursos económicos. El desafío para las oenegés y las y empresas es minimizar esas barreras aportando capacitación, apoyando con el transporte y visibilizando el valor del voluntariado. Necesitamos que las universidades y las empresas, al reclutar, valoren esta experiencia para que aumente su valor social.
Mi mayor satisfacción es desempeñarme profesionalmente en ámbitos del desarrollo social que realmente contribuyen a mejorar vidas. Ese siempre es mi norte.
Tanto en mi trabajo formal como en la Fundación, utilizo mucho la evidencia. Me armo de conocimiento sobre las temáticas para adaptar las mejores prácticas internacionales a la realidad local. Por ejemplo, en la Fundación, cuando empezamos, no nos quedamos solo en el deseo de “crear una sociedad solidaria”. Hicimos una Encuesta Nacional de Voluntariado en 2012 para tener una línea de base, saber de dónde partíamos y hacia dónde queríamos ir. Ese abordaje basado en evidencia es lo que permite tener intervenciones con mayor impacto.
He tenido la fortuna de trabajar en organismos como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y ahora el Banco Interamericano de Desarrollo, que son muy conscientes de la promoción de la equidad entre hombres y mujeres. He participado en iniciativas de liderazgo femenino y oportunidades de desarrollo para mantenerme vigente.
Sin embargo, no se puede desconocer que en Panamá y en la región muchas mujeres enfrentan barreras de remuneración y de inserción laboral. En el BID, trabajo en la ampliación de servicios de atención a la primera infancia y servicios de cuidado para personas mayores, los cuales son cruciales para que la mujer se pueda insertar laboralmente. Me produce mucha satisfacción contribuir a ampliar las oportunidades de otras mujeres.
El liderazgo femenino en el sector social en Panamá es fundamental. Hay mujeres líderes increíbles impulsando causas ambientales, de salud, educación e inclusión. Históricamente ha sido así y lo sigue siendo. Además, según la Encuesta Nacional de Voluntariado, las mujeres practican más el voluntariado que los hombres. Su contribución es de gran valor para avanzar las causas sociales en el país.
Este año, 2026, ha sido declarado por la Organización de las Naciones Unidas como el Año Internacional de los Voluntarios. Es un momento para mirar lo que hemos logrado aquí en Panamá: una Ley de Voluntariado, la institucionalidad a través del Consejo Nacional del Voluntariado y el fortalecimiento de las oenegés mediante la Cámara Panameña de Desarrollo Social.
Soy optimista porque el voluntariado es un sector creciente en el país. Es un punto de inflexión para mejorar la formación y asegurar que el voluntariado sea una actividad inclusiva en la que todos puedan participar sin barreras.