‘Milly: La Reina del Merengue’ rescata las raíces de un emblema de la música latina

  • 14/04/2026 00:00
La cinta dirigida por Leticia Tonos fue la clausura del IFF Panamá 2026, mostrando una faceta nunca antes vista sobre la emblemática cantante de merengue cuya carrera aún influye en la música latina

Milly Quezada se ha mantenido como una constante en la música merengue presente en cualquier celebración latinoamericana, desde clubes hasta fiestas caseras, sus canciones sostienen un legado que se posiciona al mismo nivel que otros grandes nombres de la música latina como Celia Cruz o Héctor Lavoe.

Ahora, bajo la dirección de la cineasta Leticia Tonos, sus inicios en la música y en su carrera son proyectados en una biopic musical llena de momentos memorables y que invitan a levantarse del asiento y bailar.

Esta biopic es una historia de música, pasión, perseverancia y supervivencia, con una trama que nos lleva más allá de los álbumes realizados por la agrupación Milly, Jocelyn y Los Vecinos, para mostrarnos la vulnerabilidad de Milly y las historias dentro de su núcleo familiar que la impulsaron a seguir sus sueños y romper las reglas de la música que buscaban alienar a las mujeres en lás décadas de 1960 a 1990.

‘Milly: La Reina del Merengue’ nos muestra la infancia de Milly, en República Dominicana bajo la dictadura, y nos lleva paso a paso hasta conocer a la Milly rebelde y universitaria (interpretada por Sandy Hernández, presente también en el IFF Panamá 2026) que funda su primera banda llamada ‘Milly and the Neighbors’ con el propósito de hacer música rock.

Pero Milly no para ahí, sino que busca una forma para ganarse a la audiencia local de su barrio en Washington Heights, es entonces que el merengue entra en escena.

Tonos explota el género musical en una forma que pone por encima la música que la narrativa. Si bien pasamos por diversos momentos claves en la vida de Milly, su fortaleza se ve más significativamente en a partir del segundo acto, con Hernández logrando capturar la esencia de la cantante, siendo impulsada por esa aguerrida idea de no dejar que nadie le diga de lo que es capaz en la música.

La música es el vehículo y el corazón de la cinta, retratando canciones como ‘Entre tu cuerpo y el mío’, ‘Volvió Juanita’ y ‘Toma Mi Vida’, cargadas de emoción y picardía en la voz de Hernández.

Su interpretación de estas canciones en momentos decisivos de la trama logran cambiar los ambientes y llevarnos a prestar atención a las emociones que transmite con sus gesticulaciones y movimientos que estudió de la misma Milly Quezada.

No es trabajo sencillo adaptar más de 40 años de carrera en una sola película, por lo que Tonos nos lleva de paseo por los primeros 20 años y nos deja una pizca de curiosidad al final, tanto para quienes conocen la carrera de Quezada como para quienes son introducidos a ellos a través de esta cinta.

De todos modos, su genialidad reside en la química de sus actores, con Juan Carlos Pichardo Jr. como Rafael Vásquez, el fallecido esposo de Quezada y mánager de la agrupación durante sus inicios, Cindy Galán como Jocelyn, la hermana de Milly quien también toma un rol de líder en el grupo, y Raidher Díaz como Rafaelito Quezada, el hermano que es la voz de la razón y apoya a Milly a través de los años de presión constante y pérdida cerca de 1995.

La comedia es un punto fuerte en la trama, gracias a las interpretaciones y el guión que permite la naturalidad entre quienes son hermanos y quienes son amantes. Cada personaje y familia logra transmitir un abanico de emociones y pensamientos que muchos pudiéramos sentir que hemos vivido antes, lo que hace que la historia de Milly sea identificable y honesta a través de la cámara.

El romance es palpable y los momentos de tristeza o enojo se hacen sentir tan reales que podríamos ver una grabación casera que sigue a la familia Quezada en sus momentos más íntimos.

Tonos nos da una lección sobre la importancia de recordar las raíces culturales de nuestra región y la latinoamérica que permanece unida pese a dictaduras y fallos de gobiernos a través de las décadas.

La memoria colectiva e identidad nacional es uno de sus puntos principales, lo que hace que los cantos de Milly sean aún más poderosos, recordándonos ese “Latin Boom” de los 1970 y 1980 que abrió puertas a cientos de artistas latinoamericanos y del Caribe.

La cinta fue proyectada durante la gala de clausura del Festival Internacional de Cine de Panamá en el Teatro Nacional, recibiendo ovaciones de pie y aplausos de la audiencia.

Esto no es sorpresa tras vivir una experiencia de memoria colectiva, resiliencia y música que nos conecta como latinos, calando profundamente a través del lente de Tonos quien nos invita a recordar que la música se lleva en las venas y que los sueños forjan generaciones enteras.

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