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- 10/09/2020 00:00
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“Los animales viven en el presente. El humano no puede hacerlo, por eso inventó la esperanza”, expresa la protagonista de la cinta, una mujer joven (interpretada por Jessie Buckley) que se embarca en un viaje hacia la casa de los padres de su novio, Jake (Jesse Plemmons), pese a tener fuertes dudas sobre su corta relación con él. En una trama que parece sencilla y repetida, el cineasta Charlie Kaufman demuestra nuevamente que nada es lo que parece cuando cambias la perspectiva del observador.
En sus anteriores cintas como El eterno resplandor de una mente sin recuerdos o ¿Quieres ser John Malkovich?, el centro de las historias gira alrededor de una serie de eventos que sacan a relucir la necesidad de una conexión profunda, ¿a qué? descubrirlo es trabajo del espectador. Su método no cambia en Pienso en el final, sino que se agudiza con cada minuto que pasa en la historia, desde el principio cuando la mujer –cuyo nombre cambia varias veces a través de la cinta– entra en el auto de su novio una mañana nevada, hasta cuando la noche los absorbe y el único elemento que persiste es el frío.
Si se busca una descripción sencilla de esta cinta, se podría decir que es la narración de una pareja que viaja a una visita familiar y se encuentra con sucesos que desafían la lógica, pero esta sería solo una parte superficial de lo que realmente ocurre a través del lente de Kaufman, encapsulado de manera magistral por la cinematografía de Lukasz Zal, quien se desvive por mostrar al espectador cada detalle importante con el uso de un enganche curioso: la confusión.
Sí, Pienso en el final podría ser una de las cintas más confusas de Kaufman hasta el momento –para quienes lo siguen o no–, basada en el libro homónimo de Iain Reid, el cual cuenta con descripciones interesantes y que es una lectura recomendada por el mismo Kaufman para entender mejor la trama.
Pero si se busca únicamente adentrarse en la película, el espectador encontrará que se requiere de su total concentración para navegar por el laberinto del guion que contiene, y si lo logra descubrirá el tesoro de la esencia humana que transmite.
En sus dos horas y 15 minutos, la cinta envuelve al espectador presentando el inicio del viaje en carretera de la pareja, seguido por un monólogo interno narrado por Buckley y constantemente interrumpido por Plemmons, quien parece decidido a entrar en la mente de su novia, infructuosamente. Mientras ella hace una lista de razones aparentes por las que no debería “pensar en terminar las cosas”, él crece con ansias en el camino hacia su hogar de la infancia y permite descifrar cambios de actitud e incluso de historia en medio del viaje.
Ella, cuya profesión, nombre y trasfondo cambian intermitentemente durante la cinta, es quien trata de guiar al espectador a través de una maraña de emociones que se sienten casi obligatorias al observar cada escena: ansiedad, suspenso y un agudo sentido de sorpresa constante. Esta es la evidencia de que, pese a ser una película integrada al catálogo de Netflix, quizá sea la que más desafía la clasificación de una película de Netflix.
Recitación de poemas, saltos en el tiempo, discusiones sobre películas y definiciones de lo que es una enfermedad y el rol de la mujer moderna son algunos de los pinchos que incluye Kaufman en su guion, sin pedir permiso ni perdón, haciendo algunas escenas del trayecto más llevaderas mientras mantiene la atención del espectador, dando a entender que hay algo para todos.
Así mismo, la introspección de la vejez, el paso del tiempo, los sueños y los valores son los ejes principales de la cinta, que busca hacer que el espectador se cuestione a sí mismo.
Es de esperarse un sentido de extrañeza de parte de la pluma de Kaufman, pero la presencia de guiños hacia otras películas como Una mente brillante o Una mujer bajo la influencia e incluso hacia musicales como 'Oklahoma!' hacen ver que, más allá de tener un repertorio vasto de referencias, el director quiere que el espectador ate los cabos que él ha dejado sueltos a propósito. Dentro del género de suspense psicológico, bajo el que está categorizado Pienso en el final, el fin de la cinta debe significar algo, pero el qué es diverso para cada quien.
Buckley y Plemmons no son los únicos que están presentes en el trayecto de una noche que sigue siendo etiquetada como 'traicionera' por sus propios personajes, sino que también cuenta con la presencia de un conserje entrado en canas de una escuela secundaria en la ciudad natal de Jake. Al principio es difícil entender qué papel juega en la búsqueda de proyección emocional que plantea Kaufman, pero a medida que pasan las dos horas de película, la niebla se dispersa a su alrededor y la ilusión de su personaje se vuelve más realidad que la de la pareja que el espectador ha seguido desde el principio.
Todo está conectado. Hay una tarea bien hecha dentro de la cohesión de la cinta, ya que a pesar de requerir un cambio constante de perspectiva y un don para unir los puntos, se mantiene fiel a la idea de mostrar una noche en la que nada es lo que parece y a la vez, la extrañeza tiene sentido. La mezcla de realidad con un panorama de fantasía hace que sea difícil entrar de lleno en cada escena sin preguntarse qué es real y qué no, pero con la sutileza de la cámara y un trabajo de musicalización centrado en sonidos finos y cambiantes, la fantasía muchas veces toma el lugar de realidad frente a nuestros ojos.
Considerando los factores que rodean al cineasta y el origen del libro en el que se basa la adaptación, es seguro decir que el espectador posiblemente tendrá que revisitar Pienso en el final unas cuantas veces para entender a profundidad las escenas etéreas y el ambiente de incertidumbre que reina en la cinta, además querrá dejar su celular a un lado para disfrutar la obra de Kaufman que, de ser clasificada, obtendría la de cinema, por su contenido y lente únicos.
Para los amantes del suspenso y los giros de trama, la producción llega a la carta en el menú de Netflix –apta para mayores de 16 años–, con una interrogante que encierra el propósito de tener esperanza, buscar la sencillez de la vida e incluso la importancia de aceptar el inminente final del camino del humano, lo que en palabras de Kaufman significa: “Todos somos lo mismo”. Con la intensidad que le caracteriza al director, la cinta pone en jaque todo lo anterior que ha producido Netflix, sembrando en tierra de alta calidad cinematográfica lo que solo podemos esperar que se convierta en una cosecha de obras espectaculares.
“Pienso en el final' es una obra cinematográfica que te deja pensando en el final, o en varios finales, dependiendo del escenario de vida del espectador, pero apelando a nuestro sentido humano, obligándonos a sentir más allá de lo que sentimos como cómodo y creando un espacio de reflexión necesaria para entender el viaje de sus personajes, que no son más que espejos de una vida rota cerca de su propio final. Una adición refrescante al menú de cintas trilladas de Netflix, que promete una experiencia esclarecedora en sus revisitas”.