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- 25/01/2026 00:00
Durante 2025, el discurso oficial sobre la mina en Donoso se redujo a una aritmética perversa: millones en ingresos fiscales versus el “costo” de su cierre. En las calles, esta narrativa se observa como un hecho consumado, una decisión tomada en las alturas que desciende como ejecútese sobre el territorio. Pero detrás de este aparente determinismo económico, se despliega una coreografía mucho más antigua y siniestra: el clientelismo.
Extractivismo clientelar
Lo que presenciamos el año pasado no fue espontáneo. Fue una estrategia corporativa calculada de First Quantum Minerals (Minera Panamá), un “encantamiento corporativo” que recorre el mismo territorio donde, en 2023, un solo coro nacional expresó que la minería no beneficiaba la vida, sino que la comprometía violentamente.
Así, el “clientelismo minero” se instaló en ferias y fiestas, apareciendo como mecenas; en recreos escolares, convertidos en espacios de marca minera; en foros que simulan diálogo mientras silencian disenso. Sus influenciadores en redes sociales atacan la dignidad de quienes defienden derechos ambientales. La Navidad no estuvo exenta del tradicional reparto de jamones y promesas. En febrero, la transnacional minera seguramente bailará desde carros cisterna y tunas de carnaval.
Esta estrategia no es accidental. Es la adaptación corporativa de las prácticas más rancias de la partidocracia panameña. Donde antes había caciques repartiendo botellas, ahora hay gerentes de “sostenibilidad” repartiendo becas. La fórmula es idéntica: intercambiar migajas por sumisión.
El “clientelismo minero” florece porque encuentra tierra abonada por décadas de políticas excluyentes. La desigualdad en Panamá es brutal: con coeficiente Gini de 0.51 (CEPAL, 2025), somos el segundo país más desigual de América Latina. No es telón de fondo: es el escenario completo.
La existencia de pobreza estructural facilita la implementación de estrategias mineras. En este contexto, la presencia de empresas transnacionales, junto con la falta de acción gubernamental, contribuye a la construcción de legitimidad para las actividades extractivas.
Estas prácticas clientelares encarnan la primera fractura metabólica: la desintegración social (Foster y Clark, 2020). El clientelismo:
La segunda fractura es ecológica: la vida como mercancía. Se naturaliza el intercambio perverso:
Según diversas fuentes se observa:
El resultado es claro, se trata de una inversión que no compensa los graves daños ambientales que terminará pagando toda la población y, de forma directa, las comunidades alrededor de la minera.
Frente al chantaje del empleo minero, existen alternativas sostenibles que generarían más y mejor empleo:
1 Turismo regenerativo comunitario (Plan Maestro de Turismo Sostenible 2023-2028):
2. Agroforestería y cacao fino de aroma (MIDA, Censo Agropecuario 2023):
3. Economía circular y reciclaje (Plan Nacional de Economía Circular 2024 y Ley 502 de 25 de noviembre de 2025 de Economía Circular):
4. Energías renovables comunitarias (Plan Energético Nacional 2015-2050):
Estas alternativas generarían 60,000 empleos dignos y permanentes, comparados con los 7,000-8,500 empleos mineros temporales y peligrosos.
La pregunta debe ir más allá de “mina sí o mina no”. Necesitamos un “referéndum consultivo vinculante” que pregunte:
La ciudadanía posterior a 2023, ha estado sometida a una costosa campaña de partidarios de la minería a cielo abierto, no obstante, encuestas recientes muestran que 6 de cada 10 panameños/as no está de acuerdo con esta actividad económica, un referéndum nacional daría legitimidad democrática a una decisión que hoy se toma entre cabildeo corporativo y clientelismo.
La teoría de sistemas advierte: la vida existe en interconexión dinámica. El clientelismo minero hace exactamente lo contrario: fragmenta, individualiza y mercantiliza.
Frente a esta doble fractura, necesitamos:
No se trata de elegir entre “empleo” y “ambiente”. Se trata de elegir entre “empleo temporal que destruye” y “empleo permanente que construye”. Entre clientelismo que empobrece y democracia que empodera.
Mientras el “clientelismo minero” siga repartiendo jamones que saben a rendición, seguiremos perdiendo “bosques que saben a futuro”. El verdadero desarrollo no cabe en un camión cisterna, sino en la dignidad de un pueblo que decide, con información completa y alternativas reales, sobre su territorio.
La autora es Socióloga. Activista de Espacio Encuentro de Mujeres