Crimen y violencia en la ruta transístmica durante el siglo XIX

  • 28/03/2026 00:01
Mientras aumentaba el movimiento de personas y mercancías por Panamá, así mismo se incrementó la inseguridad. En los caminos de fango antes de la construcción del ferrocarril, los asaltantes emboscaban caravanas

A mediados del siglo XIX Panamá era una ciudad estremecida por el boom de viajeros que cruzaban el Istmo hacia California, debido a la fiebre de oro y el impulso expansionista de los Estados Unidos. Los años entre 1850 y hasta la finalización de las obras del ferrocarril encontraron una ruta transístmica que funcionaba todavía en base a tecnología preindustrial, con mulas, cargadores, canoas y caminos fangosos o con poco mantenimiento, donde estos existían.

Durante el apogeo del tránsito interoceánico a mediados del siglo XIX, la ciudad de Panamá y sus rutas aledañas experimentaron una ola de criminalidad que puso en evidencia la ineficiencia de las autoridades locales y la precariedad de su sistema judicial. La prensa de la época documenta constantemente la falta de seguridad. Abundaban los asaltos en los caminos de Cruces, Gorgona y en Chagres.

El acto delictivo de mayor envergadura registrado entre 1851 y 1853, -período cubierto por las publicaciones del Panama Herald-, fue el asalto al tren de mulas de la Pacific Mail Steamship Company, el cual transportaba aproximadamente dos millones de dólares en oro.

El siniestro ocurrió la mañana del 20 de septiembre de 1851, a unas siete millas de la ciudad de Panamá, cerca de la localidad de Guayabal, en la ruta principal hacia Cruces. Una banda criminal emboscó la caravana y abrió fuego contra la guardia, hiriendo gravemente a tres custodios, uno de los cuales, tras recibir múltiples impactos de perdigones, falleció al poco tiempo.

Pero no solo las empresas sufrían asaltos en los antiguos caminos coloniales. El Panama Herald describe como, alrededor del 7 de abril de 1851, un tren de mulas de especies dirigido por Henry Tracy fue asaltado, resultando en el robo de dos cajas de polvo de oro valuadas en aproximadamente 9,000 dólares. El 4 de julio del mismo año, un grupo que viajaba hacia Cruces fue despojado de dinero en efectivo y objetos de valor tras la desaparición de su arriero, y asaltantes de caminos en las periferias de la ciudad detenían y robaban frecuentemente a los transeúntes, lo que llevó a las autoridades a emitir advertencias formales para no viajar solo o desarmado.

Dentro del casco urbano de la ciudad de Panamá, la criminalidad alcanzó niveles alarmantes, con frecuentes robos e infracciones a la propiedad privada que afectaban a comerciantes y particulares. Entre los hurtos de más alto perfil se destaca el despojo de aproximadamente 50,000 dólares en doblones y polvo de oro de la residencia de un sacerdote católico, José María Blanco, cuyo cofre albergaba alrededor de 300,000 dólares pertenecientes a un fondo de huérfanos

La ruta estaba marcada no solo por asaltos selectivos, sino también por estallidos de violencia colectiva, como el sangriento motín de Chagres. Durante un baile celebrado en el lado americano de la ciudad en 1852, una pelea entre jamaiquinos y cartageneros por la anfitriona derivó en una matanza cuando unos doscientos hombres cruzaron el río con machetes para respaldar a los cartageneros. Junto a esta violencia abierta operaba otra forma de depredación igual de devastadora: las redes de fraude y extorsión que afectaban a los transeúntes. Cientos de emigrantes rumbo a California fueron víctimas de agencias como Palmer & Co., que les vendían pasajes fraudulentos o los embarcaban en naves inoperantes.

Condicionantes de la criminalidad: caminos peligrosos, falta de autoridad e inadecuada logística

Uno de los aspectos que más resalta de las crónicas del Panamá Herald sobre los asaltos que se daban en la primera mitad de la década de 1850, eran las condiciones de los caminos de Cruces y Gorgona, sitios donde frecuentemente se daban los asaltos. Aunque los caminos de Cruces y Gorgona tenían poca diferencia en cuanto a su longitud (2 millas aproximadamente), estas si variaban en cuanto a su nivel de dificultad.

La ruta de Gorgona no se podía utilizar durante la temporada de lluvias porque la arcilla del suelo se ablandaba y producía un barro completamente impasable. En contraste, el camino de Cruces tenía una base sólida de roca. Esta característica geológica proporcionaba una base firme para las herraduras de caballos y bueyes, motivo por el cual fue la ruta seleccionada para realizar el cruce durante la estación lluviosa.

A esta situación de precariedad y dificultad en los caminos transístmicos, se le añade el problema del transporte de la carga. De acuerdo con la guía de viaje, ‘A topographical map of the Isthmus of Panama, together with a separate and enlarged map of the lines of travel, and a map of the city of Panama (1851), para lograr que la carga llegase segura a destino, era necesario que los viajeros contratasen casas de transporte reconocidas, se exigiera recibos detallados de los servicios de transporte, además de exigir el certificado de honestidad y registro, que expedían los alcaldes. Por último, pero no menos importante, utilizar un embalaje adecuado, hecho de ‘hojalata bien soldada’.

En lo que respecta a la seguridad, las reseñas del Panamá Herald dejan entrever las debilidades respecto a la capacidad de la policía y las autoridades para mantener el orden y la precariedad de instalaciones como las cárceles. Los reportes de la época denuncian que la policía era incapaz de prevenir el crimen, prefiriendo extorsionar a los ciudadanos por faltas menores en el entorno urbano, mientras que en las afueras de la ciudad se perpetraban robos y asesinatos. Era una época donde era común los linchamientos de los delincuentes.

En la mayor parte de los asaltos y actos de violencia reportados por el Panamá Herald entre 1851 y 1853, se puede identificar que los delincuentes involucrados en estos eventos eran de origen anglosajón, aunque ciertamente también participaban ciudadanos locales, e incluso algunos de los que servían para el transporte de la carga.

Otro aspecto que resalta en esta revisión, son los montos reportados en efectivo (dólares en oro, polvo de oro, plata), otros valores y mercancía. Las altas sumas que eran transportadas por los antiguos y peligrosos caminos coloniales representaban un incentivo para los delincuentes que buscaban rápidas ganancias. Tomando en cuenta los montos reportados durante los tres años analizados como valores en dólares oro, estimamos que el total de la suma de los robos reportados por el Panama Herald es de 338,130 dólares en oro, que en la actualidad representaría unos 14.35 millones de dólares.

En general la violencia y falta de autoridad que experimentaba las ciudades de Panamá, Colón y la ruta transístmica era el caldo de cultivo de situaciones como el Incidente de la Tajada de Sandía, ocurrido poco después de terminado el ferrocarril, en 1856. Esta violencia hay que enmarcarla también en el contexto del Viejo Oeste californiano, del cual Panamá hizo parte hasta la construcción del ferrocarril Transcontinental en Estados Unidos (1869). Este escenario de pistolerismo, violencia, racismo y un Estado débil que se daba en California se trasladó a Panamá con los viajeros que llegaron durante la fiebre del oro.

Carlos Gordón
Historiador
La ruta estaba marcada no solo por asaltos selectivos, sino también por estallidos de violencia colectiva, como el sangriento motín de Chagres”,
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