Luis Gerónimo Abreu: 'El trabajo no se gana con un pasaporte, se gana con esfuerzo'

Contaremos al actor venezolano que estrenó ayer en Panamá 'Camas', su monólogo. Nos metimos en la piel del protagonista de 'Bolívar' de Netflix. Aquí lo que conversamos

Luis Gerónimo Abreu (Caracas, 1972) se salta su agenda para iniciar este encuentro. En la recién inaugurada sala 2 del Teatro Pacific se sienta plácido en el sofá de una escenografía que tomamos prestada para la entrevista. “Vinimos para hablar de la obra ¿no?”, ríe. Abreu es de esos actores capaces de plantarse solo ante el público con cierto coraje, humor y lenguaje escénico. En esta ocasión lo hace con 'Camas', un trabajo de su padre y él, que agotó las entradas de la función de ayer. Otra oportunidad: hoy y mañana, Centro Cultural Teatro Pacific, 8:00 de la noche.

Abreu es de esos actores capaces de plantarse solo ante el público con cierto coraje, humor y lenguaje escénico.

Abreu habla de la cama, ese mueble “subvalorado” que es testigo íntimo del ser humano. Habla de amor, muerte y la vida misma. Ensalza ese espacio de soledades, hastíos y deseos vivos y muertos. “¡No quiero hacer spoiler!”, ríe a carcajadas, “es un monólogo sobre todo en tono de comedia, no se asusten. Es un elemento muy cercano a nosotros. Por eso nos provocó hablar de ello”. La pieza está llena de reflexiones con guasa. No sabe uno si es reflexión o crítica, probablemente las dos cosas. Lo que sí sabemos es que Abreu, con su acostumbrado carisma, hará que la rutina desaparezca.

Un actor insatisfecho e irreverente

A Luis Gerónimo Abreu parece olvidársele que es un actor que lleva más de cuatro décadas en la industria, por la llaneza de sus palabras. Es del tipo de hombre al que los años no le quita el sueño, “un galán al estilo Chayanne”, dicen algunas fanáticas en las redes sociales.

El actor no solo ama lo que hace. La afección abarca a su público y el compromiso social. De no ser así, sería un oficio sin “esencia”. Para él, todo intérprete debe saber maniobrar tanto en el set de grabación como en las tablas. “Todos los actores somos capaces de hacer un monólogo. Con ensayo y con trabajo. No diferencio a los actores por teatro, cine y televisión. El actor es actor en cualquier género que se le represente. Para mí, actuar no tiene nada que ver con la pantalla o con el escenario”, dice.

Sin embargo, es de los pocos que se atreven a cuestionar las bondades del oficio; esas que son secretos a voces pero que pocos se atreven a gritar en voz alta. “Es una carrera malagradecida en cierta manera, es de los pocos trabajos donde la experiencia es indirectamente proporcional a lo que generas de sueldo. En las demás carreras, entre más experiencia, más cobras. Una vez me dijeron: 'no, eso solo pasa en Latinoamérica', y les dije que en Hollywood también pasa, porque estoy seguro de que Anthony Hopkins no cobra como el actor Thor (Chris Hemsworth)”, levanta la ceja.

Cuenta, además, que el ego suele servir, si se emplea con inteligencia y suspicacia. “Cuando siento que se me pueden subir un poquito los humos, pongo los pies sobre la tierra, recordando a mi padre, mi madre, mi padrastro, a mi abuelo, que me inculcaron fuertes valores. Pero no lo voy a negar, sí me toca el ego. Hay cosas que me deprimen, me amargan. Los actores usamos mal el ego. Como somos tan inseguros a la hora de pedir trabajo, escondemos el ego a la hora de sentarnos frente al jefe. Aceptamos condiciones que no queremos aceptar. Y después queremos sacar el ego con los compañeros en el set. Y es al revés. Son estrategias”, comenta. “Debemos sacar el maletín del ego sobre el escritorio a la hora de firmar el contrato con todo el peso. Cobra lo que quieras y propón las condiciones que mejor consideres”, defiende.

¿Nuevo modelo de TV?

Abreu fue de esos rostros exportados en la época dorada de la producción de las telenovelas venezolanas, pero ahora debuta en las pantallas de Netflix. Se le ve en 'Bolívar, una lucha admirable', con una de las interpretaciones que más ha disfrutado y preparado. “Las plataformas streaming no han desplazado a la televisión tradicional; lo mismo decían de la radio cuando apareció la televisión. Y ahí está la radio más vigente que nunca. La televisión se va a transformar, pero no creo que la desplacen”, analiza.

“Las plataformas de streaming te dan un alcance maravilloso, inmediato. Sin embargo las telenovelas venezolanas y mexicanas se vendían en 150 países, en su época, 70 y 80”, evoca.

“Sí hay exposición del talento, pero antes también. El venezolano estaba en todas partes del mundo y lo conocían por telenovelas, misses y petróleo. Ahora Netflix está de moda y la gente lo está viendo más. ¿Que si es un nuevo modelo de TV? Tal vez, pero no sustituirá”, insiste. “Van a venir muchas cosas más. La tecnología sigue avanzando. Hay una gran cantidad de cosas. Haremos telenovelas totalmente por streaming. Netflix es una potencia en este momento, pero ya le viene su competencia”, advierte.

Migración, amor y política

Luis Gerónimo Abreu reconoce que fue un migrante afortunado. “Salí de Venezuela a Colombia con un trabajo”, evoca. Sin embargo, confiesa que mantenerlo ha requerido un esfuerzo interminable. “El trabajo uno no lo gana con pasaporte, el trabajo uno lo gana con esfuerzo. Nadie viene de afuera a quitarte el trabajo en tu patio. Si a ti te lo quitó uno de afuera es porque tú no estás esforzándote”, apostilla.

Lamenta la xenofobia en el mundo y opina sobre su gente, con cierta tristeza: “Al venezolano que esté afuera incumpliendo la ley, que lo metan preso, que le caiga todo el peso. No debemos ser solidarios con ningún compatriota que salga a delinquir porque por eso nos están cerrado puertas. Los países deben saber que somos útiles, que somos buenos, que servimos para muchísimo”.

Admite: “Una cosa sí es verdad, el venezolano no sabe emigrar. Lo estamos aprendiendo ahorita. Estamos acostumbrados a adoptar hijos, no a despedirlos. Entonces cometemos errores a la hora de migrar. Estamos aprendiendo, así que, por favor, ténganos paciencia porque en el fondo somos maravillosos y vamos a ayudar al país al que lleguemos, se lo digo de verdad. De pana y todo”, pide el actor.

Abreu fue de esos rostros exportados en la época dorada de la producción de las telenovelas venezolanas

Luis Gerónimo Abreu llegó a Panamá a sonreír ya seguir sonriendo con su público. Quiere que sus dos últimas funciones se llenen y que la gente lance una carcajada como una moneda al viento, porque entiende que el humor es una de las fuerzas más poderosas del planeta.

“¿Qué quiero para Venezuela en el 2020? Democracia, libertad y unión. Para mi país y toda la región. Vivimos una crisis que asusta. Somos cíclicos. No puedo satanizar a toda la izquierda del mundo por lo que le pasó a Venezuela. Hay gente de izquierda que merece respeto y gente de derecha que no lo merece. Históricamente la izquierda gana como voto castigo y eso es lo que nos pasa. ¡Analicemos!”.

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