5 pasos de tránsito hacia una nueva vida

  • 12/09/2020 00:00
El primer logro real del ser humano es aceptar tanto sus defectos como sus virtudes en un mundo diseñado para hacernos competir unos con otros

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No soy el tipo de persona que se siente satisfecho al conquistar un objetivo, protejo mi felicidad de este tipo de pensamiento. Esperar escalar la cima de una montaña para sentirte realizado es una creencia limitante fundamentada en nuestra vana necesidad de querer impresionar a terceros.

Debes saber por qué quieres lo que quieres, la razón que te incita a elegir ese objetivo sobre cualquier otro. Debes mirar adentro, no afuera.

No necesitas una medalla de oro para ser alguien. No necesitas hacerlo todo bien para no sentirte como un fracaso. Debemos enamorarnos del proceso, no del resultado. El primer logro real del ser humano es aceptar tanto sus defectos como sus virtudes en un mundo diseñado para hacernos competir unos con otros.

Quien logra verse frente al espejo sin criticarse, menospreciarse o juzgarse por el camino que le falta por recorrer, ya venció. Agradecer el camino recorrido es la marca de un ganador.

Mover nuestra vida hacia un mejor lugar demandará lo mejor de nosotros. El problema es que la mayoría de personas ha estado viviendo distanciada de su genuino potencial durante muchos años.

Una de las lecciones que me ha costado aprender con 36 años es esta: Somos más capaces de lo que creemos ser. Debemos pensar como adultos, pero actuar como un bebé.

Este gatea hacia su objetivo con fuerza, intención y, sobre todo, con una sonrisa. El abrazo de sus padres es la meta. Sentirse amado, cuidado y respaldado por personas con las que te sientes seguro es el gran motivador en el corazón del inocente.

No importa cuantas veces caiga en la búsqueda de su meta, renunciar no es una opción. Un bebé lo intenta cuantas veces sea necesario. Estar de pie ya es una victoria a los ojos de los padres. Nunca hizo falta que se moviera hacia adelante. Con el pasar de los años perdimos de vista esta actitud.

Muchos de nosotros iniciamos con fuerza un emprendimiento, solo para rendirnos al tocar por primera vez el suelo. Algunos decidieron soltar hábitos nocivos solo para recaer en viejas costumbres al no sentirse dignos de ser diferentes. Por esto protejo mi mente de esperar tener algo, para sentirme alguien.

Solo puedo controlar mis actos, por esta razón el intentarlo con la frente en alto siempre será mi mayor victoria. Caer es parte del proceso, no mi identidad. Mi carácter se construye con cada tropiezo, levantarme es el precio a pagar por decidir avanzar.

La mayoría elegirá mantenerse sentado, distanciado de su objetivo, por temor a caer de nuevo. Esto no es algo de lo que debemos avergonzarnos, pero como seres humanos podemos resetear nuestra perspectiva limitante de la vida. Debemos regresar a modo fábrica, a los primeros días.

Estos son los cinco pasos para gatear hacia una nueva vida.

Abandona la lógica con respecto a la meta

No te muevas hacia algo por tener algo hacia lo cual moverte en un mundo donde al parecer todos tenemos que tener metas grandes para no ser catalogados como conformistas. Mantente quieto por un momento ¿Hacia el abrazo de quién te vas a mover? No tener tus motivos claros es el indicio de alguien que solo busca existir, no vivir. Debes saber porqué quieres lo que quieres, la razón que te incita a elegir ese objetivo sobre cualquier otro. Debes mirar adentro, no afuera.

Internaliza tus virtudes antes que tus defectos

Tendemos a exagerar nuestras debilidades y minimizar nuestras fortalezas. Le tenemos miedo a nuestra grandeza. Somos nosotros quienes la mantenemos protegida en un refugio antifracaso en lo más profundo de nuestro interior. Permitirnos intentar algo nos coloca en riesgo de perder, no queremos seguir lastimando la herida. Descubrir qué es aquello que tenemos para ofrecer, en qué somos buenos y cuál es nuestro lugar en el mundo nos ayudará a movernos hacia adelante, más allá de cualquier fracaso temporal.

Acepta el tiempo que te tomará

Muchas veces nos desviamos del camino por descuidar el recorrido. Iniciamos con la motivación correcta, para luego vernos frente a la realidad del tiempo que nos tomará alcanzar nuestro objetivo. A un bebé siempre le tomará más tiempo que a un adulto moverse cinco metros, la diferencia es que el bebé no pierde la felicidad mientras lo intenta, el adulto sí. Entender el tiempo prudencial que pudiera tomar nuestra meta es la forma en que escapamos de ser esclavos de una expectativa errada.

Sonríe mientras gateas

La actitud lo es todo. Mientras un niño ríe unas 400 veces al día, un adulto lo hace solo 20. Hemos perdido la capacidad de ser felices por jugar a ser grandes.

Dale una oportunidad a tu grandeza

La grandeza es difícil de explicar. Es una mezcla entre trabajar duro y trabajar inteligente. Perseguir lo que quieres sin sentirte débil. No bajar la cabeza cuando tengas razones legítimas para hacerlo. Dar más de lo que crees eres capaz, hasta que rompas el techo de tu presente potencial. Como lo quieras definir, permítete experimentarlo.

Una nueva vida es el resultado de renunciar a ser pacientes.

No podemos esperar tener algo para ser felices. Las razones son obvias, pero nada fáciles de aceptar. El mañana para nadie está prometido. No importa cuantos ceros tengas en la cuenta, en cualquier momento todo pudiera acabar. En este juego llamado vida, quien triunfa es aquel que rompe los límites de su personalidad. Gatear hacia lo que quieres te demostrará de lo que eres capaz.

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