El difícil arte de amar

M ucha gente tiene la obstinada tendencia de creer que si todo marcha bien en la cama, el matrimonio va viento en popa. Sin embargo, viv...

M ucha gente tiene la obstinada tendencia de creer que si todo marcha bien en la cama, el matrimonio va viento en popa. Sin embargo, vivir en pareja, de manera grata y reconfortante, requiere de otros ingredientes. “Porque el sexo, por muy fabuloso que sea, es un rato”. No son pocas las mujeres que se quejan de la manera que habitualmente se proyectan sus cónyuges, aunque en las noches, arda el fuego entre los dos.

Armar hoy día en este mundo tan complejo una pareja armónica, que se encuentren y no que se desencuentren a menudo, es un difícil arte porque la vida está llena de dificultades, escaso tiempo y no pocas veces se necesita doble dosis de paciencia, tolerancia y aplomo para no dejarse tentar por los problemas. La vida cotidiana de un matrimonio se entrelaza con muchos detalles que conforman la buena armonía o su contrario. Una pareja es sabia cuando combate su estrés o sus conflictos momentáneos disfrutando de la naturaleza, paseando juntos o jugando un simple partido de cartas o ajedrez. Lo más importante es que no se pierda de vista lo esencial: la necesidad de amar y ser amado que no sólo es grato sino importante para sobrevivir en cualquier tiempo histórico y en cualquiera estructura social. “No importa cuál receta se use, la convivencia entre una mujer y un hombre que quieran cultivar el amor, no responde a ningún libreto preestablecido. Por el contrario, cada vínculo es tan único como una obra de arte y, por tanto, es una creación continua y permanente que necesita inventarse y reinventarse a diario.”

Sueños y realidades

Conozco mujeres quienes me han hablado de su niñez, cuando soñaron ser abogadas, médicas o arquitectas, y como después de casadas y con hijos -aunque muchas lograron realizar sus expectativas profesionales- la vida hogareña les roba demasiado tiempo, y eso las frustra y entristece. A los hombres le pasa otro tanto: “Para el sexo masculino sus éxitos o fracasos, en cualquier área de la vida, afectan su autoestima. Se les enseñó, o más bien se les obligó a creer que sólo pueden estar orgullosos de sí mismos si son combativos, triunfadores. Y, su desempeño como miembros de familia se mide por su productividad económica; lo demás podrá ser valioso, mas no fundamental”. Una de las cosas más hermosas para muchos seres humanos, es tener la facultad de saber cómo expresar sus más profundos sentimientos, y saber tocar las fibras más íntimas, las más sensibles del corazón de su pareja. Sin embargo, no todas las personas pueden, saben, o quieren exteriorizar lo que sienten. Para esas almas intimistas, ermitañas, solitarias, desconfiadas y de cierta forma “hurañas” e “inexpresivas”, significa un reto muy grande, muy difícil abrir los arcos fuertes de sus sentimientos para poder decir: ¡Te quiero! y, de mil maneras. Podría decirse que no hay forma mejor ni más grande de amar, que entregarse de tal manera con hechos, más que con simples palabras, aunque éstas sean muy hermosas.

¿De qué servirían las palabras si no hay congruencia con las conductas humanas?  ¡Aprendamos a reconocer la diferencia! Pero también hay seres sin escrúpulos, que para obtener algún tipo de beneficios propios, utilizan “te quiero”, y lo gastan con mentiras, engaños, chantajes y falsedades, devaluando su autenticidad y demostrándolo con ello hasta la saciedad en sus necedades.

Amigas y amigos, hay que ejercitar el amor. Las tradiciones marcan pautas y romperlas no es fácil. Pero se impone reconstruir todos los estereotipos, esas fórmulas recomendadas que asignan a los hombres y a las mujeres conductas que se supone garantizan la felicidad conyugal.

Y, recuerden: el amor no se improvisa, “se hace”.

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