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- 04/04/2014 02:00
Después de tantos años y películas realizadas sobre la Segunda Guerra Mundial, sorprende que todavía queden historias por contar. Al menos en el cine. Y la nueva película dirigida por George Clooney, Operación Monumento , parece haber encontrado una de ellas.
Después de una carrera frustrada como artista, que incluyó dos rechazos de la Academia de Bellas Artes de Viena, Adolf Hitler todavía tenía ambiciones en el mundo del arte cuando llegó al poder. Su plan era construir uno de los mayores museos del mundo en Linz, el pueblo austríaco de su infancia, que llevaría el nombre de Führermuseum.
Por eso, a medida que el Reich avanzaba y expandía su dominio por el mundo, paralelamente sus tropas se apropiaban de todas las piezas artísticas importantes de los museos y de los coleccionistas que encontraba a su paso. Como resultado, más de cinco millones de obras desaparecieron por esos años en Europa. Entre ellas, de Miguel Ángel, Rodin, Rubens, Renoir, Picasso, Matisse, Cézanne, y la lista continúa.
Muchas de esas obras, que los nazis mantenían ocultas en lugares insólitos como la vieja salina de Altaussee o los Alpes suizos, fueron quemadas por ellos mismos cuando se vieron acorralados al final de la guerra. Otras fueron destruidas por las bombas aliadas. Y muchas otras, millones de ellas, fueron rescatadas por una división del ejército creada especialmente para ese propósito.
Esta división, formada por historiadores, directores de museos y expertos en arte con prácticamente nula experiencia militar se llamó oficialmente División de Monumentos, Bellas Artes y Archivos (Monuments, Fine Arts & Archives Division), pero sus integrantes se hicieron conocidos como Monuments Men.
La nueva película de George Clooney narra –con bastante libertad, cierto grado de comedia y sin demasiado virtuosismo- la historia de este improbable batallón de amantes del arte que arriesgaron sus vidas y lograron rescatar, y devolver a sus legítimos propietarios cuando era posible, millones de esas obras.
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