Canal de Panamá: liderazgo, crisis y lecciones a 10 años de la ampliación

  • 06/08/2026 00:00
A diez años de la inauguración del Canal Ampliado, Ilya Espino de Marotta recordó los principales desafíos que enfrentó el megaproyecto, desde la paralización de las obras en 2014 hasta la gestión de un equipo integrado por trabajadores de 80 nacionalidades. La futura administradora también compartió lecciones de liderazgo, resiliencia y participación femenina en la ingeniería

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A 10 años de la inauguración del Canal Ampliado, se planean las reflexiones sobre lo que supuso esta obra para el progreso de uno de los activos más destacados del país: el Canal de Panamá.

Con el fin de rememorar y hacer balance no solo de los resultados que produjo esa ampliación desde entonces para el país, y brindar una perspectiva estratégica sobre como se desarrollaron esas obras, el Museo del Canal Interoceánico llevó a cabo ayer el conversatorio ‘Historia, liderazgo y futuro’ en el que la subadministradora del Canal de Panamá Ilya Espino de Marotta recordó los desafíos y vivencias de la época, en un evento moderado por la directora del Museo, Ana Elizabeth González.

El camino para empezar a construir lo que sería la ampliación del Canal comenzó en el año 2002, tal como recordó Espino de Marotta cuando el entonces administrador del Canal Alberto Alemán Zubieta le comunicó que era una de las personas seleccionadas para liderar lo que en ese entonces se conocía como el Plan Maestro del Canal de Panamá.

“En ese momento yo era jefa de remolcadores y realmente no sabía mucho sobre el proyecto. Comencé a trabajar con la firma de ingeniería Parsons Brinckerhoff y fue allí donde entendí la importancia de analizar la capacidad futura del Canal frente al crecimiento constante del tamaño de los buques. Participé en los estudios técnicos, ambientales, financieros y de capacidad. Fue una escuela extraordinaria. Luego vino uno de los retos más complejos: explicarle al país en qué consistía el proyecto de ampliación sin hacer campaña a favor o en contra del referéndum. Teníamos que presentar la información de manera objetiva y profesional”, relató.

El referéndum, celebrado el 22 de octubre de 2006, rubricó la propuesta con un 76.86% de votos a favor, 21.76% en contra, y 0.78% votos en blanco. A pesar de ello, la participación ciudadana fue baja, pues se reportó una abstención del 50% en ese momento. Diez años después, se dio el acto de inauguración ante unas 20,000 personas que se dieron cita en las entonces nuevas esclusas de Agua Clara y Cocolí, por las que transitó el buque Cosco Shipping Panamá.

Uno de los desafíos enfrentados durante el proyecto fue la paralización de las obras en el año 2014 cuando el consorcio de ingeniería civil y construcción de infraestructura, el Grupo Unidos por el Canal, y empresa contratista del tercer juego de esclusas, había enviado en ese entonces una carta a la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) en la que le daban un plazo de 21 días para cumplir su demanda de $1,600 millones en sobrecostos o de lo contrario suspenderían los trabajos en la ampliación del Canal. La ACP reaccionó de inmediato negándose a pagar la suma reclamada y rechazó cualquier medida de presión por parte del consorcio. A partir de ese momento, tanto GUPC como la ACP entrarían en un proceso de arbitraje internacional y, en marzo de 2014, ambas partes firman un acuerdo definitivo para rescatar el contrato.

“Fue el momento más difícil porque, mientras el proyecto avanzaba, uno podía manejar los problemas. Pero cuando la construcción se detuvo, todos los problemas se multiplicaron. Tuvimos que reinventarnos como equipo gerencial. Había muchísimo en juego. Recuerdo que durante una o dos semanas la discusión principal era: ¿terminamos el contrato o no lo terminamos? Teníamos un plan B, pero las consecuencias de cancelar al contratista eran enormes. Las compuertas, por ejemplo, estaban siendo fabricadas en Italia. Solo teníamos dos en Panamá. Eran piezas únicas, hechas específicamente para las nuevas esclusas, y reemplazarlas habría tomado años. Finalmente decidimos continuar trabajando con el contratista. Diez años después podemos decir que fue la decisión correcta, aunque en aquel momento fue extremadamente difícil”, relató.

Otro de los factores fundamentales para mover adelante el proyecto ha sido el factor humano, compuesto por trabajadores de 80 nacionalidades que compartían el entusiasmo de colaborar en un proyecto ‘único e histórico’.

“Paradójicamente, la parte más compleja no fue la ingeniería. La ingeniería se puede resolver. Lo más difícil fue manejar personas. Había culturas, idiomas y formas de trabajar muy distintas. Lo que permitió el éxito fue el sentido de pertenencia. Existía un orgullo compartido de demostrar que los panameños podíamos hacer algo de esa magnitud. Incluso hoy, diez años después de la inauguración, cuando organizamos una reunión para celebrar el aniversario, acudieron jubilados y antiguos colaboradores. Eso demuestra el nivel de compromiso y de identificación que generó aquel proyecto”, rememoró Espino de Marotta.

Una experiencia clave que vivió la futura administradora del Canal de Panamá dentro del proyecto que llevó a cabo - acompañada de figuras como los exadministradores de la vía interoceánica Alberto Alemán Zubieta y Jorge Luis Quijano – evidencia que lo que sucede en la vida personal también puede influir en la profesional. Cuando en el año 2010, su hijo es diagnosticado con cáncer y, tres meses después, su esposo también es diagnosticado con la misma enfermedad.

“Tuve que mudarme temporalmente a Nueva York para acompañarlos durante los tratamientos. Durante ese año solo venía a Panamá una semana al mes. En ese momento tenía bajo mi responsabilidad áreas como ambiente, seguridad, control de proyectos, presupuesto y contratos. Aquella situación me obligó a confiar plenamente en mi equipo. Aprendí que el liderazgo no consiste en saberlo todo, sino en rodearse de personas capaces y empoderarlas para tomar decisiones. Esa experiencia me enseñó a delegar, a confiar y a valorar mucho más el trabajo en equipo”, reflexionó Espino de Marotta, añadiendo que esa experiencia la volvió más empática.

Otro de los asuntos abordados en el panel es el techo de cristal que existe en torno a la fuerza de trabajo femenina tanto en las organizaciones como en las industrias, en particular, en el ámbito de la ingeniería. Si bien recuerda que siempre tuvo confianza en sí misma, gracias al espectro de oportunidades que sus padres le brindaron, la subadministradora del Canal entendió con el tiempo que no todas las mujeres tienen esa misma confianza y que muchas necesitan referentes visibles para creer que también pueden alcanzar ciertos cargos.

“Por eso comencé a convertirme en una defensora más activa de la participación femenina. No porque una mujer deba ocupar un puesto por el simple hecho de ser mujer, sino porque es importante visibilizar el talento femenino para que existan más oportunidades. El puesto siempre debe ocuparlo la persona más capacitada, pero la visibilidad ayuda a abrir puertas”, resaltó.

Ilya Espino de Marotta
Subadministradora del Canal de Panamá
Existía un orgullo compartido de demostrar que los panameños podíamos hacer algo de esa magnitud.”
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