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- 03/11/2026 17:12
La exposición ‘De Allá Pa’ Acá’ del artista Cisco Merel que se ve por estos días en la Galería Mateo Sariel nace de una geografía hecha de cruces. De esos territorios que están conectados por el mar, así como por las historias que trae consigo la migración y esas memorias que se traspasan de generación a generación. En ese ir y venir, en el que las culturas no permanecen intactas, hay una mezcla y un encuentro de estilos y saberes que deja tras de sí huellas significativas en diferentes aspectos de la vida diaria como la arquitectura, el lenguaje, la música, el color y las formas de habitar.
Tal como lo cuenta Merel en entrevista con La Estrella de Panamá, esta muestra artística es la continuación de La Chantin, la cual fue la primera exposición individual en Portugal que fue presentada entre marzo y mayo de este año en el contexto del evento de arte contemporáneo Kunsthalle Lissabon, celebrado en Lisboa.
En aquel momento, el proyecto recibió una muy buena acogida por parte de los jurados, quienes valoraron positivamente una propuesta que habilitó entonces la representación de una vivienda completa y que, al mismo tiempo, recuperó la jerga panameña para designar la casa o el hogar. El origen de la expresión ‘chantin’ revela no obstante una historia de resiliencia y movimiento: la palabra proviene del inglés ‘shanty’.
El término viajó con la diáspora afroantillana durante la construcción del Canal de Panamá, dando nombre a una arquitectura de urgencia y resistencia: casas de madera, elevadas del suelo para lidiar con la humedad de los trópicos y, sobre todo, diseñadas para ser movibles. Estas estructuras eran con frecuencia desmontadas y trasladadas a nuevos terrenos, creciendo y transformándose según las necesidades de las familias y las comunidades.
En esta exposición, Cisco Merel recupera estas formas arquitectónicas populares para reflexionar sobre cómo el hogar se construye y se reconstituye en contextos de migración y desarraigo. Y, en esta ocasión, con ‘De Allá Pa’ Acá’, Merel expande su investigación sobre la arquitectura afroantillana para observar la casa, el paisaje y la memoria como estructuras de permanente cambio. Maderas, fachadas, ventanas y sistemas constructivos son fragmentados y llevados hacia la abstracción, como rastros de algo que se transforma mientras intenta permanecer.
“Empecé hace unos 20 años como artista y, desde entonces, he desarrollado muchísimas series y recorrido distintos caminos. Para mí, cada exposición y cada proyecto representan un reto. Quiero compartir la idea de que la vida te va llevando por distintos caminos y que nada es fijo, sino que todo está en constante movimiento. A veces llegas a un lugar y, cuando te das cuenta, todo ha cambiado y avanza mucho más rápido. Creo que eso también permite entender que vivimos en un momento de inmediatez. Por eso, es importante valorar el presente. Esa es una idea que para mí tiene mucho significado”, aseguró Merel, sobre el contexto en el que se lleva a cabo esta exposición.
La exposición mira a Panamá como parte de un paisaje caribeño más amplio, atravesado por historias compartidas de desplazamiento y diáspora. Durante generaciones, estos movimientos han trasladado personas, conocimientos, músicas, lenguas, objetos y formas de construir de una orilla a otra, convirtiéndose en parte esencial del paisaje cultural y popular del Caribe. El Caribe aparece, de este modo, como una geografía delimitada más que como una red de conexiones, cruces y memorias compartidas.
“La arquitectura antillana está presente en muchas casas, pero no siempre se reconoce su importancia. Yo he explorado mucho la idea de la casa, no solamente como objeto, sino por lo que simboliza. En una ocasión presenté una serie sobre casas de barro, que también estaba relacionada con las casas antillanas. Creo que es importante mirar hacia dentro y reconocer el valor histórico de estas edificaciones, así como la necesidad de preservarlas. Ojalá hubiera mucha más conservación, respeto y protección de todas esas construcciones que hablan de la historia de Panamá. Para mí, esta exposición es una manera de abordar diferentes temáticas desde mi propio lenguaje. Entre ellas están, precisamente, la preservación, la memoria y la posibilidad de que la gente valore lo que forma parte de la historia de Panamá”, elaboró Merel.
Dentro de la galería Mateo Sariel, hay piezas que bien explican el concepto que investigó y desarrolló Merel. Por ejemplo, ‘Mondrian criollo’, que se adentra en las geometrías que revelan las paredes de las casas populares, que ponen en tensión la manera en que la historia del arte ha narrado la abstracción desde una mirada predominantemente europea. Merel decide desplazar esa perspectiva hacia otras genealogías visuales, donde la geometría ha estado presente durante siglos en formas de conocimientos, objetos, tejidos, arquitecturas y lenguajes originarios. En tal sentido, lo moderno y lo ancestral se encuentran en una misma superficie, haciendo difícil de establecer donde comienza realmente la abstracción y a quien pertenece.
En cambio, ‘Paraíso en decadencia’ confronta esa imagen idealizada del trópico con la fragilidad y el abandono de aquello que se considera nuestro. En el concepto artístico de Merel, se resalta como el paraíso permanece pero también pone el foco en sus grietas, planteando una tensión entre la belleza del paisaje y la manera de vivir y habitar en él.
Las esculturas de la serie Buena Vista también forman parte de la muestra artística de Merel. Las mismas reúnen fragmentos de casas en estructuras móviles que parecen construirse y desarmarse de forma simultánea. Sus partes encuentran nuevas configuraciones, al tiempo que la arquitectura deja de ser algo fijo para convertirse en un ente en constante transformación a imagen y semejanza de las historias que compusieron a América Latina.
En ‘La otra orilla’, se abre la puerta hacia un mar en movimiento, convirtiendo así el horizonte en un espacio entre la memoria y el destino. Es decir, una mirada hacia el lugar de donde venimos, pero también al que aspiramos estar.
“La pieza habla de la idea de mirar. Normalmente, cuando abres una ventana y estás afuera, miras hacia el interior de una casa. En este caso sucede lo contrario. La obra habla mucho del recuerdo y de ese momento eterno en el que quisieras quedarte. Puede relacionarse con el hecho de haberte ido de un lugar y con muchas otras experiencias; tiene distintas lecturas.
Para mí, el video no es solamente el video, sino que forma parte de una pieza completa. Está el fragmento de la casa, los elementos que incorpora cada obra y las referencias que te transportan a esos lugares. Hay una pieza que tiene un abridor y otra que incorpora otros elementos. Todas contienen referencias que transmiten esa sensación de no saber si estás ante algo nuevo o antiguo, si está en construcción o si se está desarmando. Para mí, lo importante es congelar ese momento, conservarlo como si fuera eterno”, describió.
El artista tiene planeado expandir este concepto artístico en el futuro cercano e incluso realizar una publicación alusiva a un concepto que explora las diferentes huellas que deja la memoria.