“¿Qué es lo que le impide venirse? ¡Que se venga! ¿Cuál es problema, pues? Lo que tienen es un show para ver cómo generan una campaña de intriga”, dijo...
- 08/12/2008 01:00
S e ha sentido alguna vez con un muy bajo estado de ánimo y la dificultad o incapacidad para disfrutar de situaciones o eventos que habitualmente despiertan alegría, con disminución o pérdida de interés hacia los mismos y hacia la vida? Sepa usted, que estos sentimientos suelen presentarse en todos y cada uno de los seres humanos. Bien podría ser ante un evento desagradable, ante una frustración o estrés frecuente, una pérdida de trabajo o la de un ser querido y, a veces, ni sabemos por qué. Simplemente tenemos una sensación desagradable, abrumadora y de abatimiento, llamada "depresión". Es un sentimiento persistente de inutilidad, pérdida de interés por el mundo y falta de esperanza en el futuro. Nadie está exento de sufrir algún tipo de tristeza, ya que puede presentarse en cualquier época de la vida, incluyendo la niñez.
Antes de continuar, hago la observación de que el tema que se tratará en esta ocasión es sobre la depresión como un estado de ánimo. No voy a referirme a la depresión como la enfermedad que resulta de un desbalance químico a nivel del cerebro. Este tipo de depresión es tan grave que domina la vida del individuo hasta el punto de que le impide enfrentarse a la misma en su forma habitual y le lleva, en ocasiones, a considerar que no merece la pena vivir o que los demás estarían mejor sin ellos. Cuando la depresión alcanza este grado constituye ya una enfermedad que precisa tratamiento psiquiátrico.
Tomando en cuenta la depresión como un estado de ánimo, ésta se manifiesta de diferentes maneras en cada persona y de acuerdo con su edad. Sin embargo, debemos estar pendientes de que una actitud negativa constante en un ser humano podría significar un tipo de depresión, sobre todo, si observamos conductas inadecuadas como: bajo aprovechamiento laboral o escolar, fatiga, retardo motor, poca ganancia de peso y talla, o sobrepeso, poca comunicación verbal, llanto fácil o agresión. Entonces, hay que prestar atención a estas manifestaciones, no sólo como lo que son, sino como un reflejo de lo que le acontece a la persona que las sufre.
La depresión puede aparecer enmascarada por las crisis matrimoniales y de valores, alcoholismo o abuso de drogas, y problemas económicos; igualmente, en síntomas de angustia como el vértigo y la ansiedad; en síntomas mentales como las ideas obsesivas, ideas paranoides (de persecución), fobias (miedos irracionales), celotipias (celos y comportamientos posesivos) y molestias somáticas como dolores de cabeza, etc. Este padecimiento produce un deterioro importante en adultos, ancianos, jóvenes y niños, y también sobre las áreas laboral, familiar y social. Esto es una pena muy grande y muy grave, pues los factores psicosociales influyen de forma importante para que este síndrome se presente. Dentro de estos factores encontramos: vivencia continua de pleitos, devaluaciones de la propia persona, baja autoestima, soledad, estrés, frustración, engaño, faltas de respeto, violencia, dolor, agresión, etc.
Tradicionalmente se pensaba que el riesgo de depresión aumentaba con el tiempo de vida de un sujeto, es decir, mientras más grande en edad, más susceptible a la depresión. Sin embargo, los resultados de varios estudios han demostrado una prevalencia considerablemente alta en niños y jóvenes por encima de adultos y ancianos. Esta aflicción se presenta más en mujeres que en hombres. La mujer, por su naturaleza, posee una mayor sensibilidad hacia este malestar. Tomando en cuenta su susceptibilidad biológica (genética y endocrina) hasta los factores psicológicos y sociales.
Ante una situación es recomendable no quedarse solo, formar parte de actividades que ayuden a sentirse mejor, una dieta completa y equilibrada, evite "ahogar" las penas en el alcohol o drogas, no se obsesione con el hecho de no dormir y trate de no asumir responsabilidades excesivas.