Cuando el poder fabrica verdades

  • 06/09/2026 00:00
El periodista Ricardo Raphael investigó un caso que reveló las fisuras de un sector de la policía, las fiscalías, la clase política y mediática mexicana

En julio de 2005, el joven empresario Hugo Wallace Miranda fue secuestrado y asesinado en la Ciudad de México. Su madre, Isabel hizo lo imposible por encontrarlo.

Todo era mentira de acuerdo con Ricardo Raphael, quien durante cinco años entrevistó a centenares de involucrados, revisó 12,000 notas periodísticas y leyó 150,000 hojas del expediente judicial.

En su obra Fabricación, el caso Wallace dejó en evidencia los claroscuros de un sector de la policía, las fiscalías, los jueces, la clase política y mediática mexicana.

El periodista asegura que esta historia se elaboró a partir de pruebas falsas, detenciones ilegales y declaraciones bajo tortura. Asegura que hay personas que están presas desde hace 20 años por un delito que no cometieron porque nunca ocurrió.

Colabora en los medios mexicanos Milenio, Canal 11 y ADN Noticias.

¿Cómo una hipótesis se transforma en una verdad incuestionable?

Si este libro se hubiera escrito en la Edad Media, la Santa Inquisición habría determinado qué era verdadero y qué era falso. Si estás en un régimen militar, serán las voces de las fuerzas armadas. Si estás en El Salvador, lo que dice Nayib Bukele es verdadero. Uno supondría que en temas de justicia la verdad se produce a partir de las leyes. Ese es un buen termómetro para determinar si vivimos en una democracia o no. En este caso, una mujer muy influyente económicamente logra que los medios la tomen como un referente de la verdad. La política, los jueces, los fiscales daban por cierto algo que no pasaba el más mínimo examen de verosimilitud.

¿Por qué tarda la sociedad en reconocer una falsedad?

No sabes cuánto trabajo costó que los medios y el poder judicial asumieran el error cometido. Un viejo periodista decía: “No lleves a tu audiencia lejos de su propia experiencia porque te va a dejar de leer”. El periodismo incurre en una actitud condescendiente hacia su audiencia. Nos hemos dejado infectar por el populismo punitivo. Frente a los temas de inseguridad estamos dispuestos a encerrar tras las rejas, sin procedimiento judicial, a miles de jóvenes. Porque a cambio de eso recuperas supuestamente la paz y erradicas la violencia.

¿Qué responsabilidad tienen los medios cuando comparten hechos sin corroborarlos?

Si queremos permanecer en el tiempo, tenemos que aceptar la ingrata tarea de no ser queridos. Con tal de ser queridos, no investigamos. En este caso fuimos cómplices de una maquinación infame que llevó a seis personas a la cárcel. El oficio periodístico no es para ser querido, sino para ser respetado.

¿Cómo puede la justicia actuar con independencia cuando la opinión pública ya decidió quién es culpable o inocente?

La democracia no es el mejor de los sistemas, es el menos malo porque tiene mecanismos que corrigen cuando las mayorías cometen errores. Los jueces y los fiscales tendrían que estar dispuestos a jugar posiciones contra las mayorías, aunque la opinión pública ya dictó una verdad. Cuando estás en un régimen con tintes autoritarios los jueces no tienen para dónde hacerse. Porque si hubiesen dejado libres a estos supuestos secuestradores, porque no había evidencia, los habrían linchados. Este caso nos muestra dónde están paradas nuestras instituciones y nuestros derechos.

Fabricación explora cómo la realidad se puede manipular desde los polos de poder.

¿Qué responsabilidad tuvo la sociedad civil?

Está la idea de la ciudadanía impoluta que no tiene pecado político original. Algunas son respetables como las Madres de la Plaza de Mayo (Argentina) hasta las Madres Buscadoras en Tijuana. ¿Qué hizo Isabel Miranda de Wallace? Se hizo pasar por una madre buscadora y conectó con este desencanto por los partidos y las instituciones. Si la sociedad civil sabía que la señora Wallace no era trigo limpio, cuando la vieron tan poderosa, no se atrevió a señalarla.

¿El caso Wallace es una anomalía o es lo cotidiano en México?

Es extraordinario por la dimensión que ocupa, por la cantidad de instituciones y actores que participaron. Aunque en su modus operandi es tremendamente cotidiano: fabricar culpables para dejar libres a los verdaderos criminales es una actitud frecuente de las autoridades. Las cárceles en México están llenas de inocentes que purgan la pena de otra persona que sí cometió el delito, que gracias a los contactos políticos que tiene, el dinero que tiene, las redes criminales a las que pertenece están libres. Vas a encontrar sistemáticamente que el que está en la cárcel es un joven, de escasos recursos, de pobre educación, o la chica cuyo peor pecado fue enamorarse del hombre equivocado.

Cuando el poder fabrica verdades

¿Hay instituciones que fallan antes que otras?

En el caso mexicano, la institución más corrompida, más peligrosa, son las fiscalías. Claro que hay policía corrupta, pero no creo que haya ningún país que pueda realmente presumir a su policía. Normalmente cuando los fiscales construyen sus casos son los que regulan la actuación de la policía; si la policía funciona es porque las fiscalías funcionan, son exigentes con la policía para la investigación y la presentación de pruebas. Tenemos un sistema judicial que no es capaz de corregir la actuación del fiscal. Lo corrige casi en última instancia, ya en los tribunales colegiados, a veces en la Suprema Corte. En las fiscalías no están preparados, son fácilmente corrompibles, están metidos en asuntos ilegales, no son los mejores abogados; no hemos hecho la tarea de construir fiscalías con fuerza, autonomía y apego a la legalidad.

¿Cómo una confesión obtenida mediante tortura no es puesta en duda?

No debería ser válida una declaración ante el Ministerio Público que no sea ratificada ante el juez. En la Santa Inquisición era legal torturar para que alguien se declarara infiel, pero esa declaración no era válida si el individuo no la repetía ante el juez.

¿Qué alcance tiene que la Corte Suprema de México reconociera irregularidades en este caso?

La Corte fue quirúrgica en junio de 2025, cuando dijo que la confesión obtenida mediante tortura de Juana Hilda González Lomelí no era una prueba válida y tampoco las pruebas que se derivaron de esa confesión. Lo que tendría lógica es que aquellos que presentaron amparos similares, pero que no los resolvieron en la Corte, literalmente copiaran esa resolución para sus casos. Estamos en septiembre de 2026 y no se ha reunido el Tribunal Colegiado para recibir estos otros casos.

¿Qué dice de un sistema penal cuando la verdad llega tarde?

Que es tremendamente injusto. La vida de estas personas se consume en cárceles de máxima seguridad. Hablando de las cárceles de Bukele, en México fuimos unos adelantados. La famosa guerra contra el narco que arrancó con el ex presidente Felipe Calderón convirtió nuestras cárceles en corrales. Hemos metido a miles de personas a la cárcel y la criminalidad no ha bajado. Es para que las autoridades presumieran que hacían algo.

¿Qué es más peligroso para un gobierno, reconocer que no sabe quién comete delitos o reconocer que se equivocó?

Un Estado judicial que reconoce sus errores prueba su fortaleza. Si el Estado lo reconociera, tendría que pagar por sus faltas. Las fiscalías tendrían que resarcir el daño, los torturadores tendrían que ir a la cárcel, los fabricantes de pruebas deberían rendir cuentas ante los tribunales. Entonces evitan el reconocimiento del error para que eso no suceda, bien porque no quieren pagar, porque se quieren proteger entre ellos o porque lo asumen como un síntoma de debilidad.

Lo Nuevo