Comercios que aún entregan bolsas plásticas y consumidores que las exigen reflejan los desafíos pendientes para el cumplimiento de la normativa ambiental...
- 23/09/2009 02:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️La obra ‘Eros y misos’, con la que el escritor Jesús Ferrero se hizo merecedor del Premio Anagrama de Ensayo 2009, aborda el tema del deseo, aquella fuerza inexplicable que atrae y repele, al mismo tiempo, y que fusiona el amor y el odio, Eros y Misos, afecto y rechazo, atracción y repulsión, el deseo de destruir y dañar a otros, el thanatos, el deseo de autodestrucción, etc. Estamos condenados a desear lo inalcanzable.
El principio del amor comienza con la atracción. El niño coquetea con sus padres para averiguar los límites de su Eros y de los que le rodean.
Cuando recordamos antiguas caricias o carencias, entramos en un estado intermedio entre la maldad y la bondad. El deseo solo anhela lo que no tiene. El amarse a uno mismo es fundamental en la vida.
La ninfa Eco se enamora de Narciso. Al no ser correspondida, cae presa de la desesperación y, anhelando la insensibilidad de las piedras, se convierte en roca. Némesis, diosa de la memoria? lo castiga y lo conduce a una fuente cristalina donde al ver su reflejo queda cautivado de su imagen. El narcisismo odia el paso del tiempo, todo en él es bello. Abundan leyendas de espejos que absorben a los que se mira en ellos, fantasmas que surgen a través del cristal y matan y se llevan al que esta del otro lado.
El espejo puede mostrar el rostro de la vejez de quien se mira en él. Al ver el rostro de su vejez, Narciso se trastorna tanto que se quita la vida. La vejez resulta ingrata porque es la edad del narcisismo profundamente herido y nuestra belleza queda reducida al recuerdo.
El amor al sexo, la sexualidad de los amantes inicia una exploración tan significativa como el placer que obtienen. Es el periodo de ebriedad sexual, cuando el rostro idolatrado preside las ceremonias carnales. Esta obra es una “reflexión moderna sobre las pasiones más determinantes en nuestra vida diaria”.
Odiar es tan natural como amar, la atracción y la repulsión es parte de la existencia. Odiando nos sentimos independientes del objeto odiado. Más el que odia suele fantasear con la muerte del odiado. Víctimas de una magia macabra, si el otro desaparece desaparecerá su realidad, ignorando que no hay peor enemigo que el muerto. Porque el odio es una siniestra y desafortunada repetición de nuestra imagen. Se transforma en violencia dirigida hacia el interior y comienza la noche turbia del alma.
De todas las pasiones experimentadas por sel ser humano, la vergüenza y la culpa son las mas determinantes. La culpa conduce a la tristeza y, tal vez, a la locura.
La ansiedad, la angustia y la desesperación son las tres desgracias del alma. La ansiedad no deja descansar ni al ego ni al cuerpo. El ansioso se ve hundido en la angustia, la melancolía y la depresión. Hay personas adictas a la tristeza. Tanto la melancolía como la anorexia nos regresa a lugar donde no éramos ni existíamos.
La depresión aglutina todas las pasiones derivadas de la aversión al yo y a la completa destrucción: es una forma da de suicidio. El mundo de la angustia es insostenible, la mente del melancólico esboza pensamientos suicidas como única salida viable. La misantropía es el odio dirigido hacia los individuos de la misma especie. La envidia es el mecanismo del odio al prójimo. Nos fuerza a desear lo que el otro tiene. El miedo surge como una emoción oscura y profunda. En su estado más agudo el miedo se convierte en terror, y pasa de la inmovilidad a la parálisis.