Elecciones universitarias: sociología del voto

Se trata de extraer algunas lecciones sociológicas que surgen de esta contienda reciente, dejando a un lado lo anecdótico y fenoménico; y procurando estimular el pensamiento crítico en el análisis de las conductas implicadas en este proceso electoral

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Acusaciones de fraude, tiros al aire. Luego de las votaciones en la UP, se difundieron acusaciones de fraude del proceso electoral, ninguna con fundamento serio. Pretendían que con la denuncia de irregularidades que daban cuenta de unos cientos de votos, se anulara lo que corresponde a miles de votos. Obviamente, por más que sean ciertas las irregularidades denunciadas, el orden final de las votaciones a rectoría no alcanzaban su modificación.

En esta línea aprovechamos para extraer algunas lecciones sociológicas que surgen de esta contienda reciente, dejando a un lado lo anecdótico y fenoménico; y procurando estimular el pensamiento crítico en el análisis de las conductas implicadas en este proceso electoral.

Dos cambios rechazados por docentes

Ya vaticinábamos las incursiones para fomentar situaciones de “cambios destructivos” con las denuncias de fraude, en un artículo de opinión previo al afirmar que: “alientan vientos de provocación de un ambiente justificador de una intervención directa del gobierno” (La Estrella de Panamá, 30/06/2026). Efectivamente, la principal amenaza de la UP no es contra esta, “per se”, sino que es contra el “carácter público y popular” de esta institución. Sus agentes, están fuera y dentro de esta. Los que están dentro, conscientes algunos, inconscientemente muchos, seguirán en iniciativas que buscarán abrirles paso a los apetitos voraces de destrucción de dicho carácter. Aquí se incluyen a ciertos grupos estudiantiles, que encontrarán buenas excusas para provocar situaciones de cierre e intervención gubernamental.

Ahora bien, hubo otro tipo de propuesta de cambios que propugnaban ser “constructivos” (personalizados en el profesor García y más contundentemente por el profesor Chávez), aunque ni siquiera una eventual alianza entre estos, hubiese cambiado el resultado. Lo evidente aquí fue que no hubo conexión entre tales propuestas de cambio y la percepción sobre su necesidad y conveniencia en casi el 80% de los votantes, de los cuales, casi dos tercios del total de profesores/as son parte de este conglomerado.

En efecto, estos últimos no vieron en las propuestas de cambios, que se mantuviera su “estabilidad o mejoramiento salarial” sin apelar al aumento de su productividad. Para estos docentes, el problema no es trabajar más horas; más horas, enseñando más de lo mismo, equivaldría multiplicar la mediocridad (apuesta del gobierno reduciendo docentes). Tampoco, es estar al día con los trámites burocráticos o de evaluaciones pueriles...no señores/as, el problema es la negación por incorporarse a un proceso curricular integrador e integrado, donde los aprendizajes vayan de la mano con la investigación científica que prioriza necesidades locales, territoriales y nacionales. Más aún, incorporando sus resultados a las clases en las aulas, de manera articulada con lo que dan en clases los distintos docentes que atienden un mismo grupo o nivel; sin embargo, es producción propia de conocimientos y aprendizaje interdisciplinario, es mucho pedir para los “docentes del estatus quo” porque remueve sus campos de confort.

Para este docente conservador/a, es más fácil leerse libros, ver unas clases en YouTube y repetírselas a los estudiantes como si fuera razonamiento propio. Los que están ejerciendo en el campo laboral de la disciplina en la que imparten clase, suelen estar en mejor condición, al menos le presentan a los estudiantes los probables problemas legales, sociológicos, aprendizajes de escolares, médicos, de agrimensura u otros, a los que se enfrentarán en el mercado laboral; el problema es que pueden estar reproduciendo más de lo mismo de ese ejercicio profesional sin innovación alguna. El currículo integrado ayudaría a fomentar la innovación desde la Universidad hacia el campo de trabajo y viceversa.

Estos fueron los tipos de cambios rechazados por la colectividad docente universitaria, en defensa de la garantía de su confort inmediato, dejando de lado que a mediano plazo (y cuidado no tan a mediado plazo) todo esto conspira contra la necesidad de una Universidad realmente renovada en todas sus funciones sustantivas. La estrategia continuista (rector electo), logró alinear al conjunto de trabajadores/as administrativos y docentes en su favor, atizando la gran amenaza del cambio destructivo (candidata Migdalia) como la competidora de “peligro”, logrando vender la idea del “voto seguro” para la conservación del “confort” (Cfr. Pinnock, 9/06/2026, La Estrella de Panamá).

Votación estudiantil, reflejo de los docentes

En el caso del estudiantado, quedó también claro, que son fruto de esa camada de docentes que no saben en verdad ni qué es, ni cómo desarrolla eso de “pensamiento crítico” aunque hablen de este. El estudiantado, en una medida significativa se volcó en favor de quienes sus docentes le orientaron o coaccionaron. Por supuesto, se dieron importantes excepciones dentro de ese total, que han revelado que hay ciertos bolsones particulares de fomento de pensamiento crítico, lo que habla bien de sus entornos de aprendizaje en unidades académicas tanto del campus universitario en la capital como en algunos centros regionales, aunque muy ligado a disciplinas humanísticas. Por algo los detractores de la Universidad pública quieren anular estas últimas con prioridad.

Otra de las denuncias hechas en el período post votaciones, se refirió a la compraventa de votos. Estas en realidad resultan irrelevantes en el análisis de la selección de candidatos, fuera de la mirada legalista que le puedan dar los abogados, dado que siendo el voto absolutamente personal y secreto cada quien toma una decisión que no depende de la promesa o el bien recibido a cambio; sino de su estrategia personal de sobrevivencia para mantener o superar la condición material e inmaterial que experimenta en ese momento.

Corolario final

Las denuncias legales hechas para anular las recientes elecciones universitarias han mostrado sus pretensiones de encadenarse a las acciones de abonar en favor de una intervención total de nuestra primera casa de estudios superiores. Esta intervención apunta a desnaturalizar el carácter público y popular de dicha institución, lo que se describió como “cambio destructivo”.

A propósito de aquellas denuncias sin mayor trascendencia para el resultado electoral, no cabe afirmar que el hecho que se busque en bus a los votantes, ni que se les “mate el hambre”, ni que se les ofrezca notas a cambio de votos a los estudiantes, ni que se les prometa reclasificaciones a administrativos, etc. Como se denunció en varios medios, son razones últimas que determinan la decisión en favor de una propuesta electoral determinada, en condiciones en que el “comprador” de ese voto no sabe a ciencia cierta si la persona votó o no de manera “leal” a su “compra”.

Sociológicamente, la razón eficiente tiene que ver más con sus condiciones históricas de vida y cuál estrategia para mejorarla o mantenerla tal cual—lo que Erich Fromm describe como “Modos de vida”—emplea en cada acción. Descifrar esto último, es lo que permite a los estrategas del marketing político plantearse las campañas que buscan que un candidato haga “clik” con sus votantes.

Esto—obviamente—, no lo lograron hacer las campañas de los candidatos que propugnaron por un cambio constructivo de nuestra principal Universidad, con lo que no incidieron en modificar las preferencias hacia la gestión de los últimos lustros. Fue triunfo para el candidato del estatus quo, no necesariamente para la Universidad. La historia lo dirá, aun a pesar de su voluntad. He aquí lo sociológico.

El autor es Sociólogo. Docente e investigador de la Universidad de Panamá

Pensamiento Social (PESOC) está conformado por un grupo de profesionales de las Ciencias Sociales que, a través de sus aportes, buscan impulsar y satisfacer necesidades en el conocimiento de estas disciplinas.
Su propósito es presentar a la población temas de análisis sobre los principales problemas que la aquejan, y contribuir con las estrategias de programas de solución.
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