José Javier Rivera, vicepresidente del centro de conciliación y arbitraje de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, habló en exclusiva...
- 26/02/2023 00:00
Un estudio sobre el proceso de envejecimiento en la población panameña y su relación con el desarrollo del Alzheimer, que empezó hace una década, comienza a revelar datos interesantes: que existe una alta prevalencia de personas mayores con enfermedades crónicas, que hay un alto grado de “polifarmacia” en este segmento de la población y que la experiencia pandémica aceleró el desarrollo del deterioro cognitivo, se haya o no padecido covid-19.
La investigación se inició en el 2012, cuando la doctora en Neurociencias y Psicología, Gabrielle Britton, junto con el doctor Alcibiades Villarreal (biotecnólogo) y la doctora Lee Ann Gómez (médico geriatra), fundaron el Panama Aging Research Initiative (Pari), con el fin de fomentar la investigación en salud de las personas mayores en Panamá. El Pari, adscrito al Centro de Neurociencias del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá (Indicasat-AIP), empezó el estudio con el reclutamiento de población en el Servicio de Geriatría de la Caja de Seguro Social (CSS), dado el nivel de cobertura y alcance de los servicios de la institución. “Reclutamos a más de 400 panameños, mayores de 65 años. Una de las cosas que aprendimos en esa primera vuelta es la dificultad de retener a los participantes de un estudio, y con personas mayores el reto es aún mayor porque muchas necesitan que alguien las lleve”, detalló Britton.
De este primer grupo se extrajo información muy valiosa: la distribución de las enfermedades crónicas entre las personas mayores y su dependencia en los medicamentos para su control, por ejemplo. “Las enfermedades crónicas están estrechamente relacionadas con la edad, y eso es importante considerarlo porque no puedes estudiar el Alzheimer ni el deterioro cognitivo sin tomar en cuenta la historia clínica; el impacto que estas enfermedades tienen en el riesgo de desarrollar Alzheimer”.
También se midió el grado de independencia para las actividades de la vida diaria (bañarse, vestirse, prepararse las comidas) y para actividades más complejas como tomar el transporte público, hacer listas de supermercado o controlar la ingesta de medicinas. “Cuando vamos perdiendo las capacidades cognitivas, las primeras que se deterioran son las más complejas. Las últimas que se deterioran son las de la vida diaria: no poder bañarse solo, vestirse solo, cepillarse los dientes...”.
Sobre la polifarmacia —o número de medicamentos que se toman diariamente— esa primera investigación reveló que, “por la manera como nuestro sistema de salud está organizado”, las personas mayores en Panamá toman una cantidad desproporcionada de medicinas. “Si, por ejemplo, mi mamá se enferma y quiere ir a un cardiólogo, vamos al cardiólogo. De repente tiene síntomas psiquiátricos, entonces tenemos que ir al psiquiatra. No me siento bien del estómago, entonces vamos a ver un gastro. Todas estas personas recetan medicamentos… Si los adultos mayores toman más de nueve, se considera polifarmacia excesiva”.
Con los datos recabados, señaló Britton, se está haciendo ahora un estudio, liderado por la doctora Ivonne Torres Atencio, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá, para determinar la relación entre polifarmacia y el deterioro cognitivo, y se ha encontrado que las personas mayores en Panamá están tomando, de forma simultánea, medicamentos que no deben combinarse.
¿Además de esta combinación de medicamentos, ya de por sí peligrosa, que otros riesgos conlleva la polifarmacia? Britton asegura que la polifarmacia está relacionada con una mayor tasa de enfermedades crónicas, claro, pero "también hemos encontrado que las personas que están tomando más medicamentos reportan más caídas. Cuando tienes una persona mayor que se cae, que se desploma de repente, sabes que esa persona está en riesgo de hospitalización y muerte. Sin embargo, son asociaciones, no causalidades".
Luego del primer reclutamiento en la CSS, el Pari empezó a reclutar en la comunidad. “Montamos una clínica en 2011 y desde ahí empezamos a reclutar a través de redes sociales. El 10% de la cohorte que tuvimos en la CSS continuó en esta nueva cohorte, que era diferente: fueron más de 400 personas y el promedio de años de educación de este grupo fue de 14 años, mientras que el promedio de años de educación de la cohorte que medimos en la CSS eran 7.2 años”. Sin proponérselo, este nuevo método de reclutamiento introdujo en el estudio un nuevo elemento: el nivel de educación como factor para el acceso a la salud.
A partir de 2016, por otra parte, el rango de edad para ser parte del estudio bajó a 50.
¿Por qué se decidió bajar el rango de edad? Los estudios de envejecimiento están empezando, cada vez más, desde los 50. Es que el periodo crítico para determinar cómo vamos a envejecer está entre los 40 y los 60 años. Este es el momento crítico para hacer cambios en nuestras conductas para mitigar el riesgo de Alzheimer.
Britton explica: Todavía en el 2016 estábamos reclutando de 60 hacia arriba y reclutamos casi 500 personas, y esa vez incluimos una muestra de sangre en ayunas. ¿Para qué? Porque la muestra de sangre nos permite evaluar el perfil proteómico, es decir, las proteínas que tenemos en sangre y cómo ellas pudieran predecir el progreso o el deterioro cognitivo, y luego el Alzheimer. Esto se está haciendo en todo el mundo porque uno de los retos que tenemos todos los países es el diagnóstico oportuno del Alzheimer. Si tu vas a tener Alzheimer en 20 años, hay que intervenir ahora. Entonces estamos midiendo como 25 diferentes proteínas y, a través de unos análisis estadísticos, observando qué mejor combinación de proteínas podemos utilizar para discriminar entre las personas que van a desarrollar Alzheimer y las que no. La única manera de hacer eso es con un estudio longitudinal. La meta es desarrollar una manera de diagnosticar el Alzheimer costo/efectiva que no sea dolorosa e invasiva, como es ahora. Todo esto forma parte de un estudio más grande del que hacemos parte, en el que colaboramos con el doctor Sid O’Bryant de la University of North Texas Health Science Center en Dallas.
Detalla Britton que: Lo que pasa es que el 80% de la información que tenemos sobre Alzheimer se ha obtenido de personas blancas o not hispanic white, y si vas a estudiar una enfermedad necesitas diversidad, porque se ha demostrado que la forma como se expresa y los factores de riesgo difieren entre personas negras, blancas e hispanas, por razones socioeconómicas.
¿De qué forma? Hay factores sociales que también inciden. Eso nos indica que no solo debemos estar estudiando los factores biológicos del Alzheimer, sino también los sociales, y ese es un componente nuevo que introdujimos en nuestro trabajo desde 2020, a raíz de lo que ya sabemos todos: que la pandemia afectó a los grupos de manera diferente, y los grupos más vulnerables fueron los que apañaron el grueso del impacto.
¿Qué otras líneas de investigación están desarrollando? “Tenemos una línea de investigación con el Instituto Conmemorativo Gorgas, para estudiar personas mayores con VIH. El VIH, en algunas personas, produce un deterioro cognitivo muy diferente al deterioro cognitivo normal. Este deterioro cognitivo se llama HAND: HIV Associated Neurocognitive Disorder, y se está estudiando en los países donde hay tasas altas de personas con VIH, como Panamá. Tenemos líneas de investigación con las que estamos evaluando el impacto de varias enfermedades infecciosas en el desarrollo del Alzheimer, liderado por la doctora Giselle Rangel; un análisis completo de los genes asociados con enfermedades neurodegenerativas, liderado por el doctor Alcibiades Villarreal; y, por primera vez, estamos haciendo un ensayo clínico no farmacológico para medir el impacto que diferentes actividades —físicas y mentales— tienen sobre el perfil cognitivo, liderado por la doctora Diana Oviedo, del INDICASAT y la Universidad Santa María La Antigua. Yo estoy liderando la investigación relacionada con los factores sociales y de género que influyen en el desarrollo del Alzheimer”.
Si bien todavía no tienen los datos sobre los efectos del covid en la población mayor, ¿qué les están mostrando los avances? “Hemos visto suficientes personas como para decir que vamos a tener una tasa mayor [de deterioro cognitivo] de lo que esperábamos si no hubiera pasado la pandemia. Normalmente se espera un progreso de entre 5% y 6% de deterioro cognitivo cada año o dos, pero esta predicción se superó. Ya podemos ver, con los datos preliminares, que la tasa será mayor. La experiencia pandémica, con o sin covid, aceleró el deterioro cognitivo, y esto es algo que se conoce en otros países, pero aquí todavía lo estamos estudiando, debido al tiempo que requiere un enfoque longitudinal”, puntualiza Britton.