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- 25/09/2009 02:00
H ay historias noveladas como “El monstruo de Dusseldorf”, en que su protagonista experimentaba orgasmos mientras estrangulaba o apuñalaba a sus víctimas. Dentro del grupo de masoquistas y sádicos, este personaje violento y criminal es, raro. Los masoquistas son aquellos sujetos cuyo modo exclusivo de sentir excitación sexual consiste en ser humillados, atados, golpeados o atormentados de cualquier manera.
En el auténtico masoquismo las fantasías se dan desde la infancia. La edad en la que empiezan las actividades masoquistas con la pareja es variable, pero con frecuencia es el principio de la edad adulta.
El trastorno tiene generalmente un curso crónico, y el individuo tiende a repetir una y otra vez el mismo acto masoquista. Algunas personas con masoquismo sexual pueden llevar a cabo actos masoquistas durante muchos años sin aumentar su potencial lesivo.
Sin embargo, en otros casos aumenta la gravedad de los actos masoquistas con el paso del tiempo o durante períodos de estrés, lo cual eventualmente puede producir lesiones o incluso la muerte del individuo.
En cambio, el sádico -con objeto de obtener excitación sexual- es el que inflige a su pareja sufrimiento psicológico o físico repetida e intencionalmente, sin su consentimiento. En el caso de que la pareja lo desee, la forma preferida de obtener excitación sexual es el de relacionar la humillación con sufrimiento corporal simulado o ligero. Sólo en casos extremos producen lesiones corporales intensas, permanentes o incluso mortales.
El sadomasoquismo es una actividad que se realiza a escondidas y es muy difícil conocer cuántas personas se hallan involucradas en esta parafilia.
En una relación sexual normal hay actos habituales y comunes tales como los rasguños y heridas por mordiscos. Sin embargo, cuando una pareja deliberadamente conjura fantasías de mal trato que son sexualmente excitantes, o cuando activamente buscan dolor físico y psicológico, como el proveniente de estar encadenado, ser golpeado, pateado, azotado e injuriado verbalmente como un medio de acrecentar el placer sexual, estamos ante una verdadera parafilia.
El término parafilia proviene de la palabra griega para (cerca de) y de philia (amor). Los parafílicos están sujetos a fantasías o realidades sexuales insólitas, extrañas y relativamente poco comunes que se convierten en el foco principal y exclusivo de su comportamiento erótico.
Los parafílicos tienen la sensación de una falta de control sobre sus fantasías, deseos y conductas. Para alimentar a los sádicos y masoquistas se ha desarrollado una industria que proporciona los artilugios más diversos: esposas, cadenas, látigos, etcétera.
Hay bares y clubes nocturnos decorados en forma de mazmorras, música estridente a todo volumen, asientos incómodos, y demás.
El “crimen por lujuria” es el extremo del sadismo. En él la víctima debe ser asesinada y mutilada con el fin de proporcionar al ejecutante graficación sexual. En este caso no se da el coito, se alcanza el orgasmo con el acto violento.
Parece que todo hombre o mujer tiene capacidad fisiológica de respuestas eróticas positivas a los grados leves de dolor, pero esta capacidad subyacente por lo regular se orienta en una dirección u otra desde la primera infancia. Es en realidad la sociedad en la que vivimos la que conforma las actitudes hacia estos estímulos.
En un medio cultural específico, se aprende a relacionar el dolor con el placer sexual o se espera que el juego sexual y el coito sean indoloros.
Sin embargo, aún en sociedades en las que la norma es el juego sexual y la cópula indolora, algunas parejas experimentarán que el dolor moderado puede producir excitación sexual.
En nuestra sociedad hay quienes practican este tipo de parafilia. Y, los hay en un porcentaje bastante considerable.
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