El edificio, cerrado hace más de una década por problemas estructurales, pasó de albergar a cientos de estudiantes a convertirse en un albergue temporal...
- 30/05/2010 02:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️En Bogotá, una ciudad situada a 2800 m. sobre el nivel del mar, el clima que antes era usualmente frío, ahora oscila entre los extremos. De un sol picante y asfixiante se puede pasar en cuestión de minutos al más torrencial de los aguaceros. Y en estos días, a pesar de los frecuentes chubascos que han empañado las actividades de la campaña electoral, el clima está que hierve.
La tensión se siente en cada rincón de la ciudad. La política es el tema obligado de cualquier conversación y de la pregunta “por quién va a votar” es prácticamente imposible escaparse. Con seis candidatos altamente calificados, que han participado en más de una docena de debates sobre los más álgidos temas del país, Colombia enfrenta hoy la contienda electoral más interesante de su historia reciente, donde ha quedado demostrada no sólo la alta calidad de sus líderes, sino la gran madurez política que ha alcanzado el país en medio de sus dificultades y vicisitudes.
Los favoritos de los electores, según las encuestas, son el candidato gobiernista por el Partido de la U, el ex ministro de defensa Juan Manuel Santos, y el ex alcalde de Bogotá y candidato del Partido Verde, Antanas Mockus. Con una amplia formación académica, profundos conocedores del país, con visión de Estado y un exitoso paso por la administración pública, cada uno representa la continuidad o el cambio frente al gobierno de Álvaro Uribe, uno de los más populares en la historia de Colombia.
“Es una elección difícil” señaló recientemente en un extenso artículo en “The Wall Street Journal” el periodista José de Córdoba. “Se trata de elegir entre un candidato estilo “macho” que promete acabar lo que Uribe comenzó, o a un filósofo que promete limpiar la política colombiana, se enfoca en otros temas como la educación y llora en público”. En su opinión, lo que Santos y Mockus representan es un referéndum sobre si Colombia “se encuentra ya lo suficientemente segura para convertirse en un lugar más gentil y amable, donde los derechos humanos y la ley pueden tener la misma prioridad que la seguridad.”
UNA CAMPAÑA INUSUAL
Hace apenas tres meses, la carrera por la presidencia de Colombia prometía ser una de las más aburridas. Con un presidente cuya popularidad después de ocho años de mandato superaba el 70% y la posibilidad de abrir la puerta para un tercer periodo de Álvaro Uribe, pocos miraban con interés el proceso. Sólo los políticos y los medios permanecían atentos a la decisión de la Corte Constitucional sobre el referéndum que permitiría a Uribe aspirar una vez más a dirigir los destinos del país.
Sin embargo, en cuestión de pocos días, todo cambió. La declaratoria de inconstitucionalidad de la ley que permitía el referéndum reeleccionista rompió el dique de contención que representaba la permanencia de Uribe en el poder y abrió la puerta para que surgiera un nuevo liderazgo político y se lanzaran a la arena pública quienes hasta ahora habían manifestado solo tímidamente sus aspiraciones.
En las distintas vertientes políticas se empezaron a barajar nombres y, después de varias consultas internas en las que por votación popular se eligió a quienes las representarían en la contienda, quedaron sobre el tapete seis candidatos que los analistas coinciden en calificar como un equipo de lujo, cuya experiencia y conocimiento del país han quedado ampliamente demostrados en los innumerables ocasiones en que los candidatos han expuesto y debatido sus ideas.
La campaña contenida se inició con una fuerza inusitada en la que se ubicaron como punteros el exministro Juan Manuel Santos, heredero del uribismo, y la ex canciller y ex embajadora del gobieno de Uribe Noemí Sanín, elegida como candidata del Partido Conservador en una consulta interna. Sin embargo, la selección de Sergio Fajardo, ex alcalde de Medellín, como fórmula vicepresidencial del ex alcalde de Bogotá Antanas Mockus, le dio un giro inusitado a la contienda y ubicó a los dos ex mandatarios locales entre los favoritos.
En un electorado que se creía ampliamente uribista –el presidente cuenta después de ocho años de mandato con una polularidad del 74%- pronto empezó a irrumpir una “ola verde” partidaria de los ex alcaldes que parecía incontenible y cuya principal motivación era buscar una alternativa de cambio frente a Uribe, cuyos dos últimos años de gobierno estuvieron salpicados de escándalos de corrupción como otorgar a personas cercanas subsidios agrícolas destinados a los campesinos pobres, o asesinar jóvenes haciéndolos pasar por guerrilleros para inflar los resultados de la política de seguridad.
En una campaña mediática, caracterizada por el uso innovador e intensivo de nuevas tecnologías y de redes sociales como facebook y twitter, los seguidores del Partido Verde empezaron a multiplicarse y la campaña a fortalecerse, al punto que anuncios que habrían diezmado la popularidad de cualquier candidato como el de que Mockus sufre de un Parkinson incipiente, en lugar de restarle respaldo se lo incrementaron.
“La gente lo percibió como una muestra de transparencia”, anota Jorge Orlando Melo, miembro del equipo programático de Mockus y uno de sus más cercanos colaboradores, quien considera que esa imagen es precisamente el mayor activo de Mockus frente a Santos. “La gente lo ve inclusive como ingenuamente transparente, que no tienen ningún vinculo con la corrupción y con un mensaje muy fuerte de que en su gobierno nadie podrá ser corrupto. “Los dineros públicos son sagrados” , ha repetido Mockus una y otra vez Biblia en mano, en uno de sus acostumbrados actos simbólicos con los cuales logró en su alcaldía modificar arraigadas costumbres de los bogotanos.
La campaña de Santos reaccionó y, con una nueva estrategia publicitaria para acercarlo más a la gente (de” Santos” pasó a ser “Juan Manuel” en los mensajes) y tácticas atribuidas a sus asesores que muchos consideraron “non sanctas” como vender la imagen de un Mockus ateo, logró repuntar en las últimas encuestas, donde se ubicaron a dos puntos de diferencia (34% de Santos vs. 32% de Mockus), es decir técnicamente empatados.
LAS PROPUESTAS
Las diferencias ideológicas entre los candidatos no son tan marcadas como se esperaría por la diversidad de sus orígenes. Todos los aspirantes, incluido Gustavo Petro, ex guerrillero del M-19, coinciden en que hay que continuar con mano dura la lucha contra la guerrilla y el narcoterrorismo y para ello es necesario prolongar –en mayor o menor grado- la política de “seguridad democrática” del presidente Uribe, con ciertos matices. Y en materia económica, todos prometen aumentar el empleo (el desempleo es más del 12%), formalizarlo (más de la mitad de los trabajadores no cotizan salud o pensión), estimular la economía, promover el desarrollo agrícola y aumentar el apoyo a la educación.
Entre los programas de los dos candidatos con mayores posibilidades, Santos y Mockus, las semejanzas son grandes. Ambos respaldan la continuación de la mano firme contra la guerrilla y se oponen al canje de secuestrador por prisioneros, pero Mockus enfatiza en que esta lucha debe hacerse con total respeto a la legalidad. “Mockus considera el bombardeo del campamento de Raúl Reyes en el Ecuador, una violación del derecho internacional”, asegura Jorge Orlando Melo, uno de los artífices del programa del ex alcalde. “Para él, sin legalidad, la prosperidad democrática que propone Santos es ilusoria”.
En la arena económica, las semejanzas también son grandes con similares matices. La diferencia más notoria está relacionada con los impuestos.” La diferencia fundamental es que Mockus cree que para pagar un gasto social ampliado deberá subir los impuestos, y lo dice, y Santos cree que podrá sumir el gasto y reducir los impuestos”, explica Melo.
“La diferencia es más de estilo”, subraya el excanciller y analista político Rodrigo Pardo. “Cada uno tiene una concepción diferente de la forma de hacer política y de cómo se concibe el ejercicio del poder”. Y es esa diferencia precisamente por la que los colombianos votarán hoy. Para los electores, Santos representa sin duda alguna, la continuidad del uribismo, con todo lo bueno y lo malo.Y Mockus, a pesar de que ofrece seguir con buena parte de las políticas del actual gobierno, encarna un liderazgo renovador que, aunque todavía despierta muchas incógnitas, atrae a quienes consideran que se necesitan vientos nuevos en el Palacio de Nariño, sede del gobierno.