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- 19/07/2026 00:00
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La Biblia tiene páginas repletas de poesía, desde las oraciones, los cantos e himnos presentes en los Salmos, pasando por las enseñanzas sobre humildad, justicia y honestidad que nos transmiten los Proverbios.
En ese tránsito también nos encontramos con el amor desbordado del Cantar de los Cantares, hasta llegar la incertidumbre y la compasión que desborda el Libro de Job.
Pasamos después a los textos sobre misericordia y perdón de los evangelios de Juan, Lucas, Mateo y Marcos, así como las parábolas de Jesús sobre el sembrador, el hijo pródigo, el buen samaritano, la oveja perdida y las bienaventuranzas.
El cristianismo surge dentro de una cultura relacionada con lo textual como forma de sentir la fe hacia Dios. Sus primeros representantes fueron lectores de las obras de tradición judía y grecorromana.
La literatura patrística es una de las grandes herencias que Occidente recibió del cristianismo antiguo. Desde bien pronto, los cristianos promovieron el libro como queda plasmado en las cartas firmadas por San Clemente de Roma, San Ignacio de Antioquía y San Justino Mártir.
Entre sus filas también hay entusiastas de las traducciones y las investigaciones del hebreo, el griego y el latín como fue el caso de San Jerónimo, San Agustín de Hipona, San Basilio de Cesárea, Santo Tomás de Aquino y San Bernardo de Claraval.
En esta galería de personajes ilustres cabe mencionar a poetas como Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y San Francisco de Asís.
Fuera del ámbito de los hombres y mujeres santos se registran autores de poesía religiosa, espiritual, metafísica o devocional como Efrén de Siria, Dante Alighieri, Hildegarda de Bingen y T. S. Eliot.
Acercándonos a nuestra geografía, hay más de un poeta latinoamericano cercano a esta tradición. Hablamos de creadores que dialogaron con la Providencia a través del cauce poético como Ernesto Cardenal (Nicaragua), Gabriela Mistral (Chile), José Lezama Lima (Cuba), Concha Urquiza (México), Blanca Varela (Perú), José Emilio Pacheco (México), Olga Orozco (Argentina) y Octavio Paz (México).
Nuestra tierra
En la literatura panameña encontramos bardos que han transitado por lo existencial, lo reflexivo, lo íntimo, lo espiritual o lo compasivo como Ricardo Miró, Rogelio Sinán, Amelia Denis de Icaza, Demetrio Herrera Sevillano, Rosa Elvira Álvarez, María Olimpia de Obaldía, José Franco, Nicole Garay, Álvaro Menéndez Franco, Héctor Collado, Javier Alvarado y Doris Sánchez de Polanco, entre otros.
Doris Sánchez de Polanco es la autora del poemario En la intimidad (Editorial La Antigua de la USMA, 2026), seleccionado entre los doce libros finalistas del III Premio Rey David de Poesía Bíblica Iberoamericana (España, 2023), en el que participaron 300 poetas procedentes de España, Portugal, Uruguay, Cuba, Venezuela, Argentina, Perú, México y Panamá.
En la intimidad dialoga con varios representantes de la poesía mística y religiosa. Doris Sánchez de Polanco tiene el don de convertir la plegaria en un hecho poético y el verso en sus manos se vuelve una oración. Su trabajo es invitarnos a dar nuevas lecturas a la Biblia desde sus versos.
En la intimidad reflexiona sobre la entrega, la piedad, la unión y la muerte vistas desde el compromiso espiritual. El amor profundo hacia el Señor le permite estar en permanente búsqueda y encuentro con el Eterno.
Comencemos con un ejemplo de su conexión con el Nuevo Testamento. Hay poemas suyos que son la versión moderna de los ancestrales Evangelios.
Por ejemplo, en el Evangelio según San Juan (4, 15) leemos: “—Señor, dame de esa agua / para que no vuelva a tener sed / ni siga viniendo aquí a sacarla”.
En la Intimidad leemos una contestación a esa agua viva que renueva el alma: “Vengo a ti, para llenar mi corazón /en la fuente inagotable de tu amor, /necesito beber de tu agua, Señor, / sacia la sed de mi alma con la bebida espiritual, / agua de vida eterna, / de la cual cuando se bebe no se tiene sed jamás”.
La panameña retoma lo narrado en esta historia sobre el ciego de nacimiento y le da continuidad al compartirnos cómo deja la oscuridad para abrazar la luz del fervor, una metáfora sobre cómo el amor al Señor nos despierta de un sueño sombrío y nos conduce a una realidad luminosa.
Observemos este otro extracto de uno de los poemas de esta obra: “Solo anhelo verte, / clavar mi mirada en tu faz / y, trémula de amor, / decirte -como novia enamorada- / que te amo solo a ti, Señor”.
Estos versos exploran los linderos que existen entre la comunión del alma con lo divino y la voluntad con el ser desde la entrega más absoluta. Doris Sánchez de Polanco está cerca de Juan de la Cruz, al transformar el lenguaje del amor en una sentida vía expresiva con el Altísimo.
Consideremos ahora este otro pasaje de En la intimidad: “derrama tu alma / en la soledad de tu recámara secreta; / derrama tus lágrimas sobre ese altar, / y deja que tu espíritu, río sin riendas, impetuoso / arrastre palabras de amor hasta tus labios”.
Esto es prueba que la istmeña recorre la misma vereda de Teresa de Jesús, ya que ambas entienden la oración como esa dimensión donde el creyente encuentra su forma sagrada de confesarse ante el Altísimo.
Leamos este fragmento de En la intimidad: “Calla el bramido del océano / cuando te acercas; / se apagan los astros en el firmamento / y mi voz te llama...”.
Así descubrimos los vasos comunicantes que se construyen con los poemas de Ernesto Cardenal. Porque ambos encuentran en el cielo y la belleza del medio ambiente, la huella de Dios en la Tierra.
Detengámonos en este otro poema de En la intimidad que nos permite apreciar la sensibilidad de nuestra artista: “Al hallarlo le susurraré al oído: / Eres hermoso, amado mío, / y tu palabra es dulce. / En mi jardín te deleitarás, / seré tu lirio y tu rosa, / hasta que huyan las sombras y apunte el día, / vuélvete, amado mío, vuélvete a mí, Señor”.
Al escuchar estas palabras, a uno le resuena un aspecto relevante dentro de la tradición mística cristiana: ese lenguaje nupcial que la enlaza con la obra de Concha Urquiza.
Leamos este pasaje de En la intimidad: “El Señor me roció / con unción que descendía del cielo; / ante tan sublime suceso / mi pulso, en suspenso; mi pluma en silencio”.
Esta comunión con la naturaleza nos recuerda a los versos de Efrén de Siria y de Gabriela Mistral, quienes convirtieron el esplendor del universo en una madre nos brinda cobijo.
Así de profundo es el poemario En la intimidad, de Doris Sánchez de Polanco. Su lectura nos recuerda que Dios sigue siendo el mejor compañero de viaje por el sendero de la vida.