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Margot López: “El arte y la cultura son parte de la biodiversidad”

  • 06/09/2026 00:00
Margot López reflexiona sobre el papel del arte y la cultura en Panamá, la educación artística, el acceso a los museos, la diversidad cultural y la protección del patrimonio. También cuestiona las alianzas público-privadas y reclama mayor fiscalización y compromiso con los bienes culturales del país

Margot López es una de las figuras más influyentes de las últimas tres décadas en el periodismo cultural, la educación artística y el trabajo con museos en Panamá. Sin embargo, es una de las menos reconocidas debido a su exquisita sobriedad, poco habitual en el entorno cultural panameño. Su trabajo en cultura, arte y educación está muy imbricado con una práctica similar a la mía y a la de otros actores culturales.

El Visitante conversó con Margot López sobre las tendencias populares en la historia del arte contemporáneo en Panamá, la formación artística, las políticas de los museos, nuestro patrimonio en peligro y las alianzas público-privadas.

¿Cómo entraste a trabajar en el arte y la cultura?

ML: Mi recorrido comenzó junto a Adrienne Samos y Alberto Gualde en Talingo [1993-2002], la reconocida revista dominical que salió en el diario La Prensa durante una década. Me dedicaba a investigar y reseñar manifestaciones en distintas áreas de las artes y la cultura, y además me encargué de todo el diseño gráfico de la revista, que cambió de formato varias veces.

También fui profesora de arquitectura en la USMA y de arte en el colegio Isaac Rabin, donde desarrollé un programa de arte tanto para la primaria como para la secundaria. Ese proyecto me llevó a analizar el currículum de arte del MEDUCA, tan deficiente que me daban ganas de llorar.

Más adelante, me encargué durante varios años de las comunicaciones, la educación y proyectos culturales en el Biomuseo. Luego, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC Panamá), formé parte del Comité Técnico, una especie de consejo curatorial que planificaba el programa expositivo de cada año.

Frank zamora, Los Indios de Pueblo Nuevo, 2015, video digital, cámara: Juan Rivera, cortesía de Documental (vista de la proyección en la exposición “Los rebeldes”).

También fuiste una de las organizadoras de “Ciudad Múltiple”, el gran proyecto internacional de arte urbano en la ciudad de Panamá, curado por la panameña Adrienne Samos y el cubano Gerardo Mosquera, que celebró el centenario de la república, en 2003.

“Ciudad Múltiple” fue un proyecto que, de diversas formas, habíamos intentado generar desde Talingo. En ese momento, la ciudad no se entendía como sujeto del arte. Desde la revista, reivindicábamos las distintas culturas urbanas y lo urbano en sí como sujeto protagónico de la mirada artística.

Lo que me encantó de “Ciudad Múltiple” era que nadie se ponía a pensar si eso era arte o no. Simplemente participaba. Es lo que el arte debe hacer. Al mejor arte no se le pone una etiqueta, ni un estilo ni nada. El evento motivó a que la gente participara sin reservas.

Cuéntanos de tu experiencia en la educación artística en Panamá.

Llegué a ocupar un cargo de profesora en el Colegio Isaac Rabin de la mano de Alberto, que ya impartía cursos de literatura, y también de Ileana Solís, una de las actrices más destacadas de Panamá, que ahí daba clases de teatro. La escuela me invitó a organizar e impartir el currículo de arte y tuve absoluta libertad para diseñarlo.

Hoy, cerca del 25% de mis antiguos alumnos trabajan profesionalmente en algo vinculado al arte. Para mí es fundamental que el arte no se vea solo como un pasatiempo, algo accesorio, sino como una forma de pensar y comprender el entorno.

¿Qué cargos ocupaste en el Biomuseo?

Tenía un gran deseo de trabajar en el Biomuseo. Mi cargo fue el de coordinadora de Comunicaciones. Mi objetivo era conectar con la gente. Me preguntaba: ¿Cómo lograrlo? ¿Qué espera el público? ¿Qué necesita realmente?

Es muy importante el intento de conectar con la gente y con otras culturas. El arte y la cultura son parte de la biodiversidad.

Vista del montaje de los óleos de Olga Sánchez (Panamá, 1921-2016) en la exposición “Los rebeldes”.

También fuiste parte del Comité Técnico del Museo de Arte Contemporáneo (MAC)

ML: Así es. Se trataba de un grupo de personas que a lo largo de cinco años organizamos el programa de exposiciones y a menudo también hacíamos la curaduría, ya que no había curador de planta en el MAC. Al igual que con el Biomuseo, para mí era fundamental entender y transmitir la verdadera razón de ser del MAC Panamá.

Un cambio importante llegó con la incorporación del actual curador jefe, Juan Canela. El comité impulsó la necesidad de contar con una figura curatorial. En ese momento también se debatía cómo el MAC, siendo un museo privado, podría colaborar con instituciones estatales, como el nuevo Ministerio de Cultura, cuyo deber es resaltar toda la diversidad de la cultura panameña.

En mi opinión, el único ámbito capaz de integrar la mayor parte de esa diversidad es el arte contemporáneo. Solo el arte contemporáneo puede ver a toda la población de Panamá como sujeto artístico. Hay otros museos de arte en el país, pero el único que, por su temática y vocación, tiene esa capacidad integradora es el MAC.

Ahora que el MAC se mudará a San Francisco, me duele reconocer que, a pesar de haber estado cerca de El Chorrillo, Santa Ana y San Felipe, en esa franja que es la avenida de los Mártires, nunca supo tender un puente para que esas comunidades sintieran que el museo también les pertenecía. La gente aún no percibe el museo como propio. En un tiempo se divulgó el lema: “Este es tu museo”, pero qué va. En realidad, no lo es.

“Los rebeldes, la tradición in(divisible), colectiva sobre el arte y la creatividad popular de ascendencia africana en Panamá, MAC Panamá, 2018. Curada por Adrienne Samos y Humberto Vélez.

Y sin embargo, el MAC presentó en 2018 una exposición colectiva sobre el arte y la creatividad popular en el arte contemporáneo de Panamá.

¡Ah, claro! En este cuestionamiento del status quo que mencionábamos encaja perfectamente la exposición “Los rebeldes, la tradición in(di)visible”, curada por Adrienne y por ti dentro del programa África en América, que organizaba Alexandra Schjelderup durante su gestión en la Alcaldía de Panamá.

Ustedes fueron los primeros en darle protagonismo a la cultura negra en la historia del arte en Panamá, resaltando el lema de la muestra: “Sin lo negro, Panamá no existe”.

Me invitaste a participar en tu performance “Las rebeldes”, una espectacular irrupción y disrupción feminista y popular en el MAC durante la apertura de la muestra. Ya la banda ha vuelto a entrar varias veces al museo, pero esa fue la primera.

Para esta performance, las mujeres de la banda eran las que lideraban y las acompañamos mujeres de la vida pública, política, intelectual y cultural panameña. Todas desfilando desde las afueras del edificio hasta la gran sala principal, arriba, al ritmo de la música que tocaban otros miembros de la banda. Y se desplegó una enorme pancarta con el mensaje “TODOS SOMOS NEGRAS”.

El programa público diseñado por Adrienne Samos fue otra gran irrupción. Incluyó mujeres que pintan uñas ¡y hasta una discoteca móvil! El ciclo de charlas fue apoteósico y atrajo a mucha gente.

Por ejemplo, los encuentros sobre música popular y el ciclo sobre la era de las discotecas móviles demostraron que existen subculturas vivas, con expertos que las han estudiado, documentado y conservado.

Si comparas la dedicación de esta gente con la labor de las instituciones establecidas, te das cuenta de que demasiado a menudo estas últimas operan casi por inercia y aquellas están llenas de vida y pasión. Una se preguntaba: ¿de dónde salió toda esta gente? Yo misma desconocía que esto existía.

Experimentamos la sumisión de nuestra cultura al poder económico e institucional. En ese sentido, ¿cómo calificas las alianzas público-privadas en el ámbito cultural de Panamá?

Lo público implica garantizar el acceso de toda la población, en toda su diversidad; no puede ser un feudo exclusivo de lo privado. El problema surge cuando las asociaciones público-privadas se convierten en árbitros únicos de lo que se debe hacer.

Debe existir fiscalización de los fondos y una justificación clara de las decisiones, porque se maneja patrimonio y recursos que son de todos. Una vez que recibes fondos públicos, te debes al público. Las donaciones no justifican que se actúe de manera arbitraria.

Estamos desvirtuando nuestro patrimonio. Un caso es el de las áreas revertidas, un legado de ingeniería, cultura e historia —agridulce, pero nuestro— al que debemos darle un significado propio. Lo estamos regalando o vendiendo a cualquiera con instituciones como la UABR, que opera más como inmobiliaria que como administradora del patrimonio.

Propongo crear una oficina como la OCA [Oficina del Casco Antiguo] para gestionar las áreas revertidas.

Mira lo que ocurre ahora en Amador. Es lamentable el caso de la estación del ferrocarril interoceánico en Balboa, una pieza histórica de relevancia mundial dentro del conjunto monumental del área canalera, que ahora van a demoler para construir una carretera. No existe justificación técnica para eliminarla.

Lo más grave es que las instituciones encargadas de protegerla, como la ACP y MiCultura, no han actuado. Esto demuestra una falta de comprensión de nuestra historia. Todavía tienen la oportunidad de salvarla.

Sugerencia cultural para esta semana

Apoyemos el buen cine panameño. Señales, de José Luis Rodríguez —una película conmovedora que aborda el trágico tema del feminicidio en Panamá—, se presenta en Cinépolis de Multiplaza, todos los días en la tanda única de las 7:30 p. m.

El autor es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).

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