Amnésicos al mejor postor

Panamá no es un país, es un gigantesco almacén donde todo es comprable y vendible, donde nada es permanente y, dependiendo de los dictad...

Panamá no es un país, es un gigantesco almacén donde todo es comprable y vendible, donde nada es permanente y, dependiendo de los dictados de la moda, se cambia el escaparate dependiendo de la temporada? Este año se llevan las grandes vías, pues muy bien, quitemos estos armatostes de aquí, tumbemos ese par de caserones inservibles y tiremos un par de kilómetros de concreto. ¿La UNESCO? ¿Quienes son ésos? ¿Por qué tienen que meter las narices en lo que hacemos con nuestro almacén? Si nos da la gana de cargarnos el entorno de un Patrimonio de la Humanidad con la rampa de acceso a una de nuestras nuevas súper vías ¿porqué debemos hacerles caso? Ahora, nos hemos quedado en la trastienda con un edificio de saldo con el que no sabemos qué hacer. Además, según los cánones del jefe del almacén, el dicho edificio es feo y según el parecer de alguno de sus amigos, trae recuerdos de mal gusto a los compradores, así que nada, derribémoslo y hagamos un enorme edificio que será un icono arquitectónico, o eso dicen, (por cierto, no sé si vamos a tener suficiente ciudad para tantos iconos arquitectónicos). ¿Un estadio construido en una maravillosa arquitectura art decó? ¡Qué mala suerte que esté justo en el sitio donde queremos plantar un montón de casas!

Si nosotros amamos la moda, y la moda ahora es hacer edificios cuanto más altos, más brillantes y más feos mejor. Como estas tiendas de grandes marcas que hacen moda para el gran público, mucha moda, muchas plantas, mucha ganancia. En fin, en este querido almacén nuestro no tenemos historia, porque la historia es aburrida, no tenemos ruinas, porque las ruinas son feas. Y en las ruinas que nos da un poco de prurito tirar, lo que hacemos es montar una exhibición de orquídeas, que eso siempre da glamour y esconde los pedruscos.

La cosa es tener buen aspecto y vendernos, vendernos a quien sea, y al mejor postor. Ahora los que compran son los turistas, o eso dicen, y cualquier cosa que desee hacerse bajo la égida del gobierno debe llevar la garantía de atraer a muchos turistas. Porque la cultura de casa, la que es para uno, para sentirse parte de algún sitio, para sentirse en comunión con el grupo e identificarse con tu propia memoria histórica, eso no vende, eso no se puede poner en la vitrina, por lo tanto, no se pagará al escaparatista para que lo exhiba.

Panamá es un país fenicio, he oído a alguien decir en alguna ocasión. No, ni siquiera eso, porque los fenicios co nstruyeron un imperio a base de comprar y vender, pero con los réditos de sus ventas mantuvieron su historia, crearon monumentos y fundaron ciudades que aún hoy existen, los fenicios existen en la historia y se les recuerda. ¿Alguien recordará a Panamá cuando todos nos hayamos ido? Igual que usted invierte dinero, tiempo y esfuerzo en conservar lo que es valioso para usted, un país necesita invertir en su memoria histórica. Ahora es cuando sale el listo (o la lista, que también las hay) diciendo que cuando hay tantas necesidades no se debe invertir dinero en pendejadas. La ignorancia es atrevida y por eso se atreve a decir cosas así. No hay pobre más pobre que el que además de pobre es inculto y no hay peor incultura que el no saber quien soy y de donde vengo. No hay peor tragedia que no poder contar las historias de aquellos que vivieron antes que tú.

Una ciudad que no conserva la memoria de cuando era otra, más joven, más tierna, un país que no recuerda qué había allí hace cinco años, unos políticos que tratan de tumbar aquello que les disguste sin ningún sentido común, entre todos logran esto: Somos modernos y nos vendemos.

A propósito ¿alguien adivina cual es el lugar con la mejor vista de Panamá? ¡Si! ¡El Palacio de las Garzas! ¿A nadie se le ha ocurrido aún vender el terreno? Así, el Sr. Presidente podría mudarse quizás a una de las casetas que el Sr. Alcalde pretende hacer en el medio de Vía Argentina?Como somos tan modernos?

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